Dos años después: Antonia ¡Presente!

=Hace dos años murió Antonia Martínez. Era una jovencita “más bien tímida”, según sus amigos, que no había tenido participación en la lucha estudiantil hasta aquella noche del 4 de marzo, cuando junto a un grupo de compañeros que condenaban a gritos el abuso de la Policía, Antonia observó por última vez la cara de los asesinos.

Había estado recostada del hombro  de un amigo presenciando el salvaje atropello que  la  Fuerza de Choque cometía contra estudiantes y ciudadanos. La avenida Ponce de León era escenario de un abuso sin nombre. Los muchachos serán golpeados con safia, sus cuerpos ensangrentados arrastrados por el pavimento ante el horror y la rabia de sus compañeros.  Horror y rabia que las mas de las veces se traducían en impotencia, pues, para aquel entonces el estudiantado todavía no alcanzaba el grado de combatividad que  haría del 11 de marzo de un año después una fecha victoriosa.

La violencia como siempre fue provocada por los esbirros.  Una marcha pacífica por el campus de la UPR organizada por el ala femenina de la FUPl y el Comité de Acción Femenina Universitaria contra el ROTC y el Servicio Militar Obligatorio fue empujada a la violencia por las provocaciones intolerables de los cadetes apertrechados en su fortín. El estudiantado respondió valientemente al reto prendiendo fuego a los cuarteles del AFROTC y a la caseta donde guardaba sus instrumentos y uniformes la banda de los cadetes. No tardó en hacer su aparición la Fuerza de Choque respondiendo al llamado histórico del entonces presidente de la UPR, Jaime Benítez. Los asesinos de cascos azules entraron golpeando y disparando sin miramientos, auxiliados por la ahora envalentonada guardia universitaria que a su vez era seguida por la horda de cadetes, ya debidamente protegidos. Así se desalojó el campus. Heridos y en abismal desventaja los estudiantes se fueron replegando hasta alcanzar el territorio de Santa Rita, zona de hospedajes donde fue posible levanter barricadas y contener el avance de la Policía. Esa noche a las diez uno de los policías que golpeaba y perseguía , un grupo, de estudiantes en la avenida Ponce de León fue-detenido en seco por los gritos: “¡Asesinos! ¡Asesinos! “ L a s voces venían del balcón del hospedaje situado en los altos del University Guest House. El policía era “muy joven, perfilado, pómulos alzados, trigueño”; “Mira, y que tu defendiendo a Estados Unidos cuando allá no quieren a los morenos! gritó alguien. 

El policía airado levantó su revólver. Nadie en el balcón le creyó el gesto. La inocencia se resiste a aceptar ciertos niveles de maldad. No fue hasta que Antonia cayó con la  cabeza destrozada, no fue hasta que su amigo Celestino Santiago, sobre cuyo hombro se apoyaba sintió el cuello atravesado por el balazo, no fue hasta entonces que los jóvenes comprendieron  las dimensiones de aquel odio que se desataba sin frenoporlas calles bajo el cínico nombre de  la ley. No les dieron ayuda. Ni la más mínima ayuda. Celestino fue recluído  en estado de gravedad gracias a las gestiones de sus amigos. Fue él, Celestino, veterano de Vietnam, quien dijo poder identificar al asesino. Así lo hizo, y el policía Marcos A. Ramps fue señalado como tal. Se le juzgó. Pero el testimonio de Celestino fue invalidado por la intervención de unos señores siquiatras  que muy -oportunamente declararon- inepto al testigo.

Por ahí anda el asesino suelto. Un rumor reciente lo sitúa entre los destructores de casas que asolaron la barriada Patagonia de Humacao. Ojos que él no imagina le seguirán siempre lospasos. Entre tanto, la muerte de Antonia no ha quedado impune, Dos marinos yanquis pagaron con sus vidas el asesinato de la inocente. Así lo declararon los Comandos  Armados de Liberación, los CAL, poco después del 4 de marzo .

Reproducido de CLARIDAD del 5 de marzo de 1972, escrito por Héctor E. Ramos.