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Editorial: La nación puertorriqueña derrota la estadidad

 

Mientras escribimos este editorial, se presentó en el Congreso de Estados Unidos un proyecto de ley solicitando la admisión de Puerto Rico como estado de la llamada Unión Americana. La presentación de este proyecto fue la principal promesa electoral que el Partido Nuevo Progresista (PNP) hizo a sus electores, y la motivación tras el plebiscito “Estadidad Sí o No” que el PNP aprobó unilateralmente y le empujó a los votantes puertorriqueños junto con las elecciones generales del pasado mes de noviembre.

En Estados Unidos, la susodicha acción del PNP pasó sin pena ni gloria. No fue reseñada la presentación del proyecto por los medios de prensa allá. Solo se le destacó en Puerto Rico para consumo local. De hecho, si para algo sirvió The New York Times– el periódico de récord de Estados Unidos- fue para acoger un anuncio de página completa de varios grupos boricuas de la diáspora oponiéndose a la movida del PNP, y apoyando la propuesta para la nueva iniciativa de libre determinación para Puerto Rico impulsada por las congresistas Nydia Velázquez y Alexandria Ocasio Cortez: un proyecto de estatus serio, amplio e inclusivo.

Vaticinamos que este nuevo proyecto anexionista del PNP correrá la misma suerte que los anteriores. No será aprobado en la Cámara de Representantes, y mucho menos en el Senado de Estados Unidos, y eso lo saben en el PNP, y lo sabe todo Puerto Rico. Cuando eso ocurra, dicha colectividad se apuntará otro fracaso. Otra estrategia fallida para tratar de detener la caída libre electoral que ha sufrido durante los últimos diez años, viendo reducirse su porción del pastel a solo 1/3 parte de los sufragios totales, cuando antes fue un partido de grandes mayorías.

La capacidad para cambiar y transformarse es la variable que hace avanzar la historia de los pueblos, y en los últimos tiempos nuestro pueblo ha cambiado mucho. Sobre todo, durante estos años recientes cuando se han condensado nuestros males y la respuesta desde Estados Unidos han sido el despojo y la austeridad. En lo que se ha convertido Puerto Rico, tras 122 años de dominación de Estados Unidos, ha desvelado la cara más descarnada del coloniaje, brindándole a nuestro pueblo valiosas lecciones. La más valiosa es comprender que Puerto Rico no es una colonia de Estados Unidos por azar sino por designio de los poderosos intereses que, en distintos momentos y circunstancias, han movido los hilos del Imperio: el Pentágono y el aparato militar y geoestratégico, los monopolios cañeros y latifundistas, los grandes intereses tras las industrias petrolera y farmacéutica, y otros grandes intereses industriales, y ahora más recientemente, las megatiendas extranjeras, las políticas de privatización de lo público, y la estrategia de asentamientos  de los nuevos colonos de las leyes 20 y 22.

Mientras, nuestro pueblo sigue desplazándose a través de Estados Unidos y el mundo, en  las y los cientos de miles que nos han abandonado en cada oleada migratoria, forzados porque la colonia los dejó sin oportunidades y sin futuro en su propio país.  Esa es la voz y el espíritu  de la diáspora boricua que se dejó sentir en el anuncio publicado en TheNew York Times, una diáspora educada y apoderada de sus muchos saberes, y de su identidad puertorriqueña,  que porque ha vivido y conoce “las entrañas del monstruo”, rechaza la estadidad para su nación.

Cuando las fuerzas armadas de Estados Unidos arribaron a las costas de Guánica en 1898- tres meses después del inmisericorde bombardeo de su Marina de Guerra sobre nuestra ciudad capital de San Juan- y consumada ya la derrota de España frente a Estados Unidos en la Guerra Hispanoamericana, el pueblo puertorriqueño ya hacía tiempo que se había constituido en una unidad nacional. Tanto, que había forzado a España, la anterior metrópolis, a aprobar una Carta Autonómica con amplias concesiones de gobierno propio. Ese proceso abortó con la nueva ocupación militar, dando paso al régimen colonial  de Estados Unidos, que aún nos tiene sujetos al poder de su Congreso luego de 122 años.

Pero, Puerto Rico sigue siendo una unidad nacional. Y esa realidad- que se manifiesta en Puerto Rico y en la diáspora- es el factor que cristaliza la consciencia que acabará por derrotar la estadidad y abrir una nueva ruta de libre determinación e independencia para nuestra Patria.

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