Editorial: Panamericanos con sello boricua

 

Tal parece que el ánimo combativo de nuestro pueblo contagió a nuestra delegación a los Juegos Panamericanos 2019 en Lima. Nuestros atletas regresan victoriosos y gozosos. El saldo de 24 medallas, entre éstas cinco de oro, es un resultado excelente en una jornada de gran calidad y competitividad, donde nos medimos a los mejores atletas de todo el hemisferio. Sin embargo, no puede ser el número de medallas el único factor que mida este esfuerzo. Hubo muchos factores que aportaron al éxito obtenido, entre otros la notable mejoría en el desempeño deportivo en las distintas disciplinas, y el orgullo desbordante de todos y todas por representar con dignidad a Puerto Rico, orgullo que se manifestó en cada momento y oportunidad. Nuestros atletas panamericanos echaron el resto, y así quedó de manifiesto en las actuaciones de tantos de ellos y ellas que mejoraron sus marcas individuales, motivados por el deseo de dar lo mejor de sí. Igualmente, es necesario reconocer el esfuerzo concertado de las distintas federaciones deportivas junto al Comité Olímpico de Puerto Rico en este despliegue de lo mejor del espíritu deportivo y competitivo del pueblo puertorriqueño.

Los equipos de conjunto rebasaron todos los pronósticos para obtener medallas en baloncesto 3X3, baloncesto masculino y femenino, softball femenino y béisbol. En béisbol, el más emblemático entre todos los deportes que se practican en la Isla, obtuvimos una histórica primera medalla de oro Panamericana, con un conjunto de jugadores motivados y orgullosos que se fajaron a jugar el mejor béisbol de todo el torneo.

Los héroes de la pista, Wesley Vázquez y Brian Sánchez, nos pusieron a gozar con dobles medallas de plata y bronce en la carrera de 800 metros, un evento que se perfila ganador para Puerto Rico en futuras competencias internacionales. En los deportes de combate, Puerto Rico también se lució, con una muy sólida actuación de excelentes atletas en todas las disciplinas, con medallas de bronce obtenidas en judo, boxeo, lucha y tae kwon do, coronadas por la medalla de oro del boxeador Oscar Collazo y las de plata de la veterana judoca, Melissa Mójica y de nuestro abanderado, el campeón de lucha Franklin Gómez. Dos medallas de bronce adicionales sumaron para Puerto Rico los deportes de bolos y surf en la creativa y variada jornada panamericana.

Reconocimiento aparte merece el conjunto de tenis de mesa. Esta fue la mejor actuación de toda la delegación boricua, aportando seis medallas- tres de oro y tres de bronce- a nuestra cosecha de Lima 2019. La acción panamericana de este grupo, capitaneado por el clan Díaz de Utuado, fue sencillamente espectacular y demostrativa del inmenso caudal de talento deportivo que tiene nuestra tierra. Hijas, hermanas, padres, primos y compueblanos marchan al unísono en una disciplina deportiva que requiere precisión y entrenamiento férreo, amén de una enorme dosis de energía y aplomo. Creemos intuir que en el entronque familiar del clan Díaz hay un orgullo patrio que alimenta las actuaciones de nuestras campeonas. Adriana Díaz es un tesoro nacional. Y su hermana Melanie dio cátedra de la madera de ausubo de que están hechas, liderando al trío femenino de tenis de mesa de Puerto Rico- compuesto también por Danielis Ríos- a nuestra primera medalla de oro por equipo, derrotando a las campeonas de Brasil. Este fue, a nuestro juicio, el momento más memorable de toda la jornada deportiva.

Las tenimesistas boricuas hicieron historia con sus tres medallas de oro. Adriana revalidó como la mejor tenimesista individual del torneo. Y junto a Melanie, también se impuso en dobles femeninos. En la premiación por equipos femeninos fue inevitable, a la vez que emocionante, advertir la puertorriqueñidad triunfante de nuestras campeonas en lo más alto del podio, frente a sus competidoras de Estados Unidos y Brasil.

Sin duda, la actuación de los y las boricuas en los Juegos Panamericanos de Lima 2019 se registrará con distinción en la historia de nuestro País. No sólo porque se trató de una gran demostración de la calidad de nuestros deportistas y de la importancia de nuestra soberanía deportiva, sino también porque sirvió como un grandioso epílogo a la intensa jornada de verano en la cual los puertorriqueños y puertorriqueñas de este siglo 21 comenzaron a despertar del letargo colonial y a levantarse sobre sus propios pies.