EDITORIAL : Primarias, pandemia y el cierre del ciclo electoral

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Mientras la pandemia del COVID- 19 sigue arreciando en Puerto Rico en una espiral de contagios y fallecimientos que elude a los salubristas y científicos que luchan por detenerla, el país inicia el cierre de otro ciclo electoral con las primarias más caóticas y bochornosas de su historia. Dicha elección, pautada inicialmente para celebrarse el 9 de agosto, tuvo que celebrarse durante dos domingos consecutivos por el manejo negligente e inepto de la Comisión Estatal de Elecciones (CEE), y bajo la inevitable sospecha de que ciertos políticos y funcionarios inescrupulosos, con acceso irrestricto a la CEE, hayan logrado mover sus fichas para aplazar el proceso por una semana, para beneficiar a su candidato favorito.

Llegar al fondo de este vergonzoso episodio, y hacer públicas las circunstancias, causas y personas responsables por el mismo, es una tarea impostergable de la CEE en el camino hacia las elecciones generales del próximo mes de noviembre. Le toca al máximo organismo electoral tomar las decisiones internas y fijar las responsabilidades que sean pertinentes para garantizarle al pueblo de Puerto Rico que tendrá unas elecciones generales limpias y libres de sospecha de manipulación o fraude. La presión pública y de los medios de prensa sobre este asunto debe redoblarse hasta lograr que se contesten todas las preguntas y se satisfagan todas las dudas sobre lo ocurrido.

Los resultados de las primarias fueron los esperados, aunque la participación del electorado de ambos partidos fue notablemente reducida. En parte, quizá fue temor al coronavirus, pero ciertamente la reducción es cónsona a la tendencia que ha venido manifestándose paulatinamente en los  intentos de movilización política del PNP y el PPD. En el PNP la reducción fue notabilísima. Pedro Pierluisi obtuvo una escuálida victoria para su candidatura a la gobernación, en una primaria donde su partido perdió la mitad de sus votantes en comparación a la primaria del 2016, cuando el propio Pierluisi resultó derrotado por Ricardo Rosselló.  En la primaria PNP del 2016 votaron 467,700 electores, según datos oficiales de la CEE, de los cuales Pierluisi obtuvo 228,498 votos. En la primaria de los pasados domingos, Pierluisi ganó con apenas 134,330 votos, o 94,168 votos menos que los obtenidos en su fallido intento anterior. En el PPD- que celebró este año la primera primaria para gobernador de su historia- también hubo poca participación. Acudieron alrededor de 200,000 electores, resultando electo el alcalde de Isabela, Carlos Delgado Altieri, quien recibió el respaldo claro, contundente y abarcador de la base de dicho partido. A juzgar por la participación en ambas primarias, es evidente que el bipartidismo en Puerto Rico ya no convoca como antes.

En este momento, la pandemia del COVID- 19 sigue teniendo un efecto devastador. Durante las próximas semanas conoceremos el impacto que el carnaval primarista- con caravanas, mítines, celebraciones y derrotas que propiciaron la aglomeración de personas- habrá de tener en las cifras de contagios y fallecimientos en Puerto Rico. Con cada vez menos éxito en la respuesta, las autoridades sanitarias han seguido machacando sobre el aumentado riesgo de contagio comunitario en el país, y cómo la huella de la pandemia ha ido creciendo insidiosamente en todo Puerto Rico, más allá de los centros urbanos de San Juan, Guaynabo y Bayamón.

Los partidos y candidatos en contienda en esta primaria ofrecieron un pésimo ejemplo de conciencia cívica, al promover actividades que inevitablemente aglomerarían personas en sus recorridos por pueblos y barrios de nuestro país. A menos que la forma de hacer política en Puerto Rico se transforme de la noche a la mañana, este virus feroz- que no entiende de razones- seguirá cobrando nuevas víctimas en su paso implacable por nuestro país.

Próximamente la gobernadora Wanda Vázquez, quien ya no es candidata, anunciará las medidas que su gobierno adoptará para intentar contener el avance de la pandemia. De alguna manera, tendrá que hacerle entender a nuestra gente que evitar la propagación del COVID-19 es tarea de todos y todas- individuos, familias, comunidades, negocios y gobierno-  y que el relajamiento de las medidas de aislamiento y  protección, a nivel individual y colectivo, solo alargará nuestro sufrimiento e incertidumbre, y precipitará aún más la caída económica del país.

Esta es la gran encrucijada que tiene ante sí la Gobernadora y que enfrenta nuestro pueblo, mientras se avanza hacia las elecciones generales de noviembre y el cierre de un cuatrienio espantoso para el pueblo puertorriqueño.

 

 

 

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