Editorial: Sin excusas para la incompetencia

La visita de varios congresistas de Estados Unidos en estos días arroja nueva luz sobre la tragedia que azota al suroeste de Puerto Rico desde que hace dos meses comenzó a temblar la tierra allí. La situación se complicó tras el terremoto de magnitud 6.4 del día después de Reyes y los muchos otros temblores fuertes que ocurrieron antes y han ocurrido después. Casi dos meses más tarde, la situación de emergencia prevalece. Miles de damnificados aún están en campamentos oficiales o improvisados; los niños del suroeste siguen sin escuela; el miedo y la incertidumbre siguen vivos como el primer día, y las autoridades estatales responsables por las decisiones sobre la emergencia siguen pasándose las culpas y las responsabilidades unas a otras, como si se tratara de una papa caliente, y no de la rehabilitación de seres de carne y hueso. En resumidas cuentas, el problema fundamental de reubicar los refugiados que no pueden regresar a sus casas, la logística para que los estudiantes puedan retomar sus clases con normalidad, el regreso a la cotidianidad en los pueblos del suroeste, aún en medio de las dificultades, debía ser la prioridad número, porque para eso existe el gobierno: para garantizar una administración mínimamente eficiente de servicios esenciales a la población. 

Sin embargo, en este caso la incompetencia y la indiferencia, rayan en la negligencia, son las señales inequívocas que envía el gobierno central, no solo sobre la situación apremiante de los pueblos del suroeste, sino también sobre asuntos que debieran ser muy sencillos, como remitir correctamente y con todas las garantías de seguridad las remesas de nuestros pensionados a la Administración de Sistemas de Retiro. Los congresistas visitantes no son ajenos el caos que impera en el gobierno de Puerto Rico, y por eso querían  reunirse con la gobernadora. Querían conocer cuál es el plan en curso para atender las necesidades de quienes lo han perdido todo a raíz de los sismos, y para los cuales se solicitaron y otorgaron fondos de emergencia aprobados por el Congreso de Estados Unidos. La gobernadora delegó en un subalterno la atención de la reunión pautada con los visitantes, como si con ello se pudiera sacudir del enorme estigma de incompetencia que rodea al gobierno de Puerto Rico ante los oficiales del gobierno federal, sean estos Republicanos o Demócratas.  Mientras, los olvidados del suroeste de Puerto Rico seguirán un tiempo más en el olvido en espera de la ayuda que desesperadamente necesitan para recomponer sus vidas.