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EDITORIAL: Un gobierno viejo ante una realidad nueva

 

El pasado 2 de enero comenzó el gobierno de Pedro Pierluisi y el Partido Nuevo Progresista (PNP), apenas unas horas después de la llegada del nuevo año e inicio de la tercera década del siglo 21. Un evento así debería ser motivo de alborozo y expectación porque significaría que Puerto Rico está estrenando algo nuevo, y lo nuevo ilusiona. Sin embargo, ese no es el ánimo generalizado que se percibe entre la mayoría de nuestra población. Y es que por más “nuevo” que quieran proyectarlo, el de Pierluisi es un gobierno viejo y cansado. Una copia varias veces repetida del discurso y las prácticas que han devenido en la crisis actual en que se encuentra Puerto Rico.

Comencemos con una pregunta simple: ¿qué es lo nuevo que le ofrece a Puerto Rico el gobierno de Pedro Pierluisi? Con certeza podemos afirmar que muy poco o nada. Pedro Pierluisi ha sido una figura tan presente en el liderato político y de gobierno en Puerto Rico por tantas décadas que nada de lo que diga sonará nuevo. Resulta difícil creer que ahora hará lo que nunca hizo o promovió anteriormente, como por ejemplo, la auditoría de la deuda, asignada ahora a la Oficina del Contralor.

¿Quién puede pensar que es posible realizarla durante este cuatrienio cuando aún no hay un Contralor o Contralora nombrado ni confirmado, y dicha Oficina tiene a su cargo todas las auditorías en las dependencias de las tres ramas de Gobierno y los 78 municipios?  Salvo que se nombre un comité de auditoría independiente  del Gobierno, con recursos amplios y facultad en ley para investigar sin cortapisas- como reclama y merece el pueblo puertorriqueño-la auditoría que promete el Gobernador será otra engañifa más como las muchas que hemos sufrido durante tantos años.

En el mensaje inaugural del Gobernador  tampoco hubo nada nuevo. Fue una repetición casi textual de los sucesivos mensajes anteriores que hemos escuchado a los sucesivos gobernadores anteriores. Repletos de promesas incumplidas. De proyectos fantasiosos. De prosperidad fallida. De honestidad falsificada. De democracia recortada. De estándares de vida, salud, educación y seguridad decrecientes. Pierluisi no dijo nada en su primer mensaje como gobernador que le permita a nuestro pueblo imaginarse un futuro diferente a lo que es nuestro presente y a lo que ha sido nuestro pasado, especialmente durante los últimos años.

De este gobierno no puede esperarse mucho más que una vuelta a la noria de los cuatrienios de Luis Fortuño, Ricardo Rosselló /Wanda Vázquez, reducidos ahora a una gobernanza escuálida  que apenas roza el 32% de apoyo entre la población, un signo inequívoco de decadencia que no parece tener impacto en el tono triunfalista con que se proyecta el nuevo/viejo gobernador.

Otro ejemplo del desgaste institucional es el gabinete ejecutivo, integrado, con contadas excepciones, por funcionarios y funcionarias reciclados de las administraciones de Fortuño, Rosselló/Vázquez. Estos, o fueron dejados en los mismos puestos que antes ocuparon, o colocados en puestos nuevos, como en el “juego de las sillas musicales”. Hasta las noticias de estos primeros días del año nos recuerdan las primicias noticiosas de cuatrienios anteriores, con idénticos titulares sobre la lluvia de miles de millones de dólares del gobierno de Estados Unidos que está próxima a caer sobre Puerto Rico, para bonanza del pueblo puertorriqueño.

Lo peor de este nuevo/viejo gobierno es que tiene que enfrentar la nueva realidad de un Puerto Rico que atraviesa por una tercera ola de repunte de la pandemia del COVID-19. El hecho de que Pedro Pierluisi haya emitido su primera Orden Ejecutiva sobre la pandemia liberalizando ampliamente las restricciones personales y comerciales es un gran riesgo que puede rebotarle en contra en cualquier momento, si siguen aumentando los contagios y fallecimientos asociados al virus. Además, hay un proceso de vacunación en curso, de cuyo éxito se depende para detener el avance de la pandemia, y cuya implantación rápida y eficiente requiere el liderazgo personal y enérgico del Gobernador y el entrante secretario de Salud.

Al nuevo/viejo gobierno de Pedro Pierluisi y el PNP le tocará también timonear las primeras etapas del Puerto Rico post-pandémico y contribuir a sanear, con soluciones creativas y eficaces, las secuelas personales y colectivas que la sucesión de eventos del último cuatrienio, y especialmente del último año, han dejado sobre la salud física y emocional de la población. Igualmente, les tocará timonear la reconstrucción económica y garantizar que no habrá corrupción en el manejo de dichos fondos. Este nuevo/viejo gobierno también tendrá que intervenir en la multiplicidad de pleitos de la Ley PROMESA  y con una renovada Junta de Control Fiscal con instrucciones de acelerar el proceso de reestructuración de la deuda en beneficio de los acreedores.

Este nuevo/viejo gobierno tiene las manos más llenas que nunca con esta crisis en todos los órdenes que necesita soluciones urgentes y permanentes. Confrontará también la realidad de un Puerto Rico distinto, un pueblo puertorriqueño que demanda cambios fundamentales en la gobernanza y  prioridades del gobierno, y reclama planes y estrategias para salir de la crisis que no empobrezcan más a nuestra gente. Están ante un país que le ha dicho “basta ya” a la decadencia,  y así se expresa categóricamente en la nueva y diversa composición de las Cámaras Legislativas.

Estos serán los retos principales del 2021 en adelante, y el nuevo/viejo gobierno de Pedro Pierluisi y el PNP no podrá evadirlos. Tampoco podrá contar con que nuestro pueblo se deje engatusar y convencer por cuentos de camino.

 

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