Editorial: Vieques sin Marina, 20 años después

La semana pasada se cumplieron 20 años de la muerte de David Sanes, un viequense que trabajaba como guardia de seguridad civil en un puesto de observación de la Marina de Guerra de Estados Unidos en Vieques. Un piloto que equivocó su blanco desde un avión de la Marina, lanzó la bomba que segó la vida joven del puertorriqueño, incidente que impulsó el tramo final de la heroica jornada que puso fin a la presencia del cuerpo militar en Vieques. La Marina llevaba 40 años allí, y había convertido las mejores tierras, las playas, el suelo marino y las aguas circundantes de Vieques en un vertedero de desechos bélicos y sustancias tóxicas, así como de bombas sin detonar que aún hoy – 20 años después de su salida- amenazan la vida y seguridad de viequenses y visitantes. 

La muerte de David Sanes sirvió para advertir a una población vulnerable el alcance de los riesgos que confrontaba. Además, rompió el muro de contención a la indignación colectiva que se había ido acumulando por décadas contra la injusticia y los abusos del cuerpo militar. Así cuajó desde todos los rincones de Puerto Rico, y desde Estados Unidos y otros lugares, un masivo e impresionante apoyo popular a la lucha de Vieques por sacar la Marina, que se convirtió en el más importante momento de unidad nacional que ha experimentado el pueblo puertorriqueño en su historia reciente. Una detallada cronología, elaborada por la compañera Cándida Cotto, sobre la trayectoria nefasta de la Marina de Estados Unidos en Vieques, y la respuesta militante del pueblo, se incluye en esta edición. 

El origen de esa historia está atado al coloniaje de Estados Unidos en Puerto Rico y a los conflictos que tan desigual relación acarrea entre colonizadores y colonizados. La Marina fue clave para la victoria de Estados Unidos en su guerra contra España, la cual culminó con la invasión de Puerto Rico y su conversión en colonia estadounidense el 25 de julio de 1898. Ya el 11 de mayo de ese mismo año, San Juan había sido bombardeado por las fuerzas navales estadounidenses al mando del Almirante Sampson, cuyos buques sitiaron la ciudad amurallada, destruyeron plazas militares y civiles de gran importancia, y ocasionaron centenares de bajas entre la población militar y civil. También durante esa jornada sometieron a Vieques a un bloqueo naval que duró 4 meses, con consecuencias devastadoras para una población asediada y sumida en la miseria. 

Durante las primeras décadas del gobierno colonial de Estados Unidos, Vieques (y también Culebra) fueron escenarios de maniobras militares intermitentes hasta que en 1926 se anunció la intención de establecer una base permanente en suelo viequense. A partir de ese momento, creció también la lucha de la población de Vieques contra la presencia de un cuerpo militar que no solo desalojó inmisericordemente de sus hogares a cientos de familia, sino que tomó por asalto ¾ partes del territorio viequense. La Marina de Guerra de Estados Unidos convirtió a la población de Vieques en parias en su propia tierra. Su presencia implicó el súbito fin de la convivencia pacífica en la Isla. Los viequenses se vieron obligados a vivir bajo el constante estruendo de los bombardeos; el daño permanente al aire, los suelos y el agua por sustancias tóxicas, y el terror a la creciente incidencia de serias enfermedades asociadas a dicha toxicidad. Tuvieron que aprender a vivir también con la degradación paulatina de su calidad de vida, así como la amenaza constante de un accidente fatal que les costara la vida. 

A la par con la presencia apabullante del cuerpo militar, se dio la lucha militante de los viequenses para lograr su salida. Fueron décadas de sacrificio y de represión brutal contra la población y los militantes que desde otros lugares la apoyaban, jornada simbolizada ejemplarmente por las acciones de desobediencia civil pacífica realizadas por centenares de manifestantes desde Vieques, Puerto Rico y el propio Estados Unidos. Estas acciones recibieron una respuesta punitiva excesiva por parte de las autoridades de Estados Unidos en Puerto Rico, lo cual, en lugar de disuadir, arreció la militancia, y selló la suerte de la Marina. 

La lucha de Vieques convocó una gran solidaridad desde todos los sectores de la sociedad puertorriqueña; solidaridad que se amplió internacionalmente, convirtiendo a la pequeña isla del archipiélago borincano en foco de la atención mundial. Vieques se convirtió en una piedra en la bota poderosa de Estados Unidos en el mundo, y que fue avalada contundentemente en la consulta electoral, donde 2 de cada 3 votantes de Vieques votaron a favor de la salida inmediata de la Marina. 

La Marina se fue pero dejó bombas enterradas, suelos y lecho marino contaminados, y en su típica actitud arrogante e irresponsable, no ha cumplido con su obligación de limpiar. Veinte años después del sacrificio de David Sanes las circunstancias en Vieques son el reflejo magnificado de la crisis en todos los órdenes que vive Puerto Rico. Estas son el producto del fracaso del sistema colonial impuesto por Estados Unidos y de los gobiernos ineptos y corruptos que se han turnado la administración del país. Pero Vieques demostró que no hay enemigo pequeño, ni obstáculo tan grande que no pueda superarse. En su heroica y exitosa lucha contra la Marina, Puerto Rico tiene ante sí un gran ejemplo y una probada hoja de ruta.