El agua nuestra de cada día danos hoy

Marcelo Barros/Especial para En Rojo

Esta semana es marcada por el 22 de marzo, Día mundial del Agua. En este año, tenemos más motivos para valorar esa fecha propuesta por la ONU. Es la misma ONU la que afirma: en los últimos 50 años, hubo una reducción de más de 60 % del agua dulce disponible en el planeta. El stress hídrico es ya una realidad para más de mil millones de seres humanos que viven con menos de dos litros de agua potable por día. Actualmente, las sequías y destrucción de los ríos son desastres provocados por la forma en como la sociedad organiza el mundo y transforma todo en mercancía. 

La América de Sur y Caribe tiene una buena parte del agua del mundo, pero, como en todos los continentes, esa distribución no es igualitaria. Mientras en la cuenca de la Amazonia que baña Brasil, Perú, Colombia y Venezuela, se concentra casi 12% de toda el agua dulce del mundo, en el interior del continente y en los altiplanos el agua es escasa. Casi todas las grandes ciudades sufren una deterioro de la calidad del agua que es consumida y, al mismo tiempo, períodos en que ni esa agua menos potable es garantizada. 

En su carta sobre el cuidado de la casa común, el Papa Francisco alerta: “El agua potable y limpia es una cuestión de primordial importancia, porque es indispensable para la vida humana y para sostener los ecosistemas terrestres y acuáticos” (Laudatum sii, 28).

Entonces, es urgente que movimientos sociales, organizaciones de base e Iglesias insistan: el agua es un bien común, derecho de todo ser vivo y no puede ser privatizada y mercantilizada. Sin agua ningún ser vivo puede vivir. 

Religiones y tradiciones espirituales deberían dar a la humanidad una cultura amorosa de relación con la tierra y las aguas. Muchas tradiciones creen que la vida nació desde las aguas. Tanto en las tradiciones indígenas de América, como en la Biblia, el agua es siempre símbolo e instrumento del Espíritu de Dios. Inspirados por esa cosmovisión y alimentados por la necesidad de defender las fuentes de agua amenazadas por el Capitalismo, en diversos países, grupos étnicos originarios y organizaciones sociales llevan importantes luchas legales en contra la privatización del agua y han participado de comisiones de defensa de ríos, lagos y fuentes. Así como los cristianos reconocen en el compartir el pan de la presencia de Jesús, ahora somos invitados a testimoniar el Espíritu presente en cada poco de agua que compartimos, como sacramento de la presencia y acción del Espíritu, Madre de la Vida.