El aventurero estadounidense William Walker invade Nicaragua y reinstala la esclavitud

1 de junio de 1855

El American Way of Life tiene a veces versiones que van más allá de una forma de ganarse la vida mediante la característica iniciativa individual estadounidense. Para Nuestra América tiende a significar infamias y crímenes que reflejan una ambición desmedida a costa de las vidas de nuestros países. Un buen ejemplo de ello es la historia de William Walker.

Walker había intentado robar plata en México, pero fue arrestado. Luego se enteró de que Nicaragua estaba escindida en dos facciones políticas irreconciliables, conservadora y liberal, apoyada la primera por la Iglesia y Reino Unido mientras que la segunda tenía la simpatía de EEUU. En 1849 el gobierno nicaragüense había concedido a la empresa estadounidense Accesory Transit Company el monopolio del transporte nacional de pasajeros, y su propietario, el multimillonario Cornelius Vanderbilt, aspiraba a construir un canal que comunicase el Atlántico y el Pacífico enlazando varios lagos.

¿Por que allí precisamente? Porque Nicaragua había desplazado a Panamá en la ruta para llegar a California, a donde la gente emigraba masivamente en busca de fortuna desde que en 1848 se descubrió oro. Por tanto, campo abierto para aventureros que tendrían un evidente apoyo estadounidense, aunque fuera de manera extraoficial. Walker y su editor, Byron Cole, llegaron a un acuerdo con el líder de la oposición, Francisco Castellón Sanabria, para que un cuerpo expedicionario derrocara al ejecutivo establecido.

Con una tropa de ladrones, mercenarios y algunos soldados, llegó a la costa nicaragüense en junio de 1855, contactando con Castellón, quien los rebautizó como la Falange Democrática y nombró coronel a Walker tras concederle la ciudadanía y facilitarle un centenar de efectivos más. La primera batalla con tropas gubernamentales se libró antes de acabar el mes y aunque se impusieron, gracias a que usaban armas de repetición, los soldados nativos de su bando desertaron dejándoles en inferioridad manifiesta. Tuvieron que reembarcar para ponerse a salvo, no sin que antes Walker mandara fusilar a dos de los suyos que habían provocado un incendio en un pueblo; entendía que había que ganarse a la población, no atemorizarla. Al mes siguiente Castellón les envió otros trescientos hombres.

Con la mitad de ellos conquistaron Bahía de la Virgen sin sufrir bajas. Pero lo que no hicieron las balas lo hizo el cólera, que acabó con la vida de Castellón. Eso le vino muy bien a Walker porque, en realidad, sólo le consideraba una tapadera para su verdadero objetivo: apoderarse del país e instaurar un sistema al estilo anglosajón, con un modo de producción esclavista que facilitara su anexión a EEUU, algo que se incentivó desde allí con nuevos refuerzos gracias a que la noticia de la victoria había despertado el entusiasmo popular. 

Se refrendó ese otoño con la captura de la ciudad de Granada, donde se estableció procurando con mano férrea que no hubiera desmanes. Eso le granjeó cierta simpatía local que él aumentó al entablar una buena relación con la Iglesia Católica. Tan buena fue su imagen que, aprovechando que el presidente José María Estrada había huido, le ofrecieron el cargo en su lugar provisionalmente. Walker fue hábil y rechazó la presidencia en favor de Patricio Rivas, prefiriendo ser jefe del ejército; desde ese puesto gobernaba de facto.

Walker entonces sacó su verdadero proyecto: organizar una América Central integrada a los EUA, en particular al sur, con esclavismo y todo. Ahí empezó una ola de ejecuciones de hasta miembros de la oligarquía criolla que lo había apoyado ocasionando tanto oposición nacional, como de Inglaterra y otra regional en su contra y ya el 1 de mayo de 1857 abandonó el puesto y lo repatriaron a Nueva Orleans, donde fue recibido como un héroe y lanzó duras diatribas contra su gobierno por la falta de apoyo.

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