El genio y la locura de los poetas

 

Por Marcelino Canino Salgado

Pride is the beginning to the fall”

De las lecturas que Platón hiciera a los poemas épicos de Homero, derivó el excelso filósofo griego del año 427 a.C., sus teorías sobre la poesía, los poetas y la inspiración. Fue este distinguido discípulo de Sócrates quien llamó a los poetas “encubridores de la verdad mediante los juegos artificiosos del lenguaje”. Precisamente por ser falseadores de la verdad, los poetas no tendrían lugar en la República ideal , a menos que sus creaciones estuvieran encaminadas al bien social, al sumo bien, consecuente con la Verdad, la Beldad y la Justicia. Con esta postura tardía de Platón, ya no tendría sentido la invocación a las musas como aquello de “ Canta o diosa, la cólera del pélida Aquileo” pues no será ya una invocación a Calíope, Musa de la poesía, si no una tradición estilística común, conservada aún sin sentido por los poetas hasta más allá de los tiempos de Píndaro y Virgilio.

Pero, indistintamente de sus críticos, los poetas siguieron cantando y tejiendo sus tapices de palabras sin importarle un comino lo que podrían decir los filósofos. Para los poetas el arte era un cosa y la filosofía otra. Si bien para unos y otros quedó claro la sentencia de que el arte en general no nos lleva directamente a la intelección y explicación de la verdad, como puede hacer la filosofía, no puede negarse por otro lado, que la poesía nos prepara anímicamente para recibir la verdad, aunque la recubramos de las galas de la fantasía del lenguaje. Aunque los poetas doren la píldora, para el arte importará más el dorado que la píldora misma, más la forma que la substancia.

Recordemos que, aunque Platón erradica a los poetas de su Estado Ideal, lo hace no por el artificio de éstos, no porque no se deleite con fruición de sus juegos estéticos, sino porque los poetas imitadores adulteran la verdad. Reconoce la importancia de los poetas individualmente como artistas y por eso esta erradicación no estará exenta de los honores y respeto que los poetas merecen. Por eso concluye el filósofo:

Por tanto, si uno de esos hombres expertos en el arte de imitarlo todo y de adoptar mil formas diferentes viniese a nuestro Estado para hacer admirar su arte y sus obras, le rendiríamos homenaje como a hombre divino, enhechizador y maravillo; pero le diríamos que nuestro Estado no está hecho para poseer hombres como él, y que no nos está permitido tenerlos por ese estilo. Le despediríamos después de haber derramado perfumes sobre su cabeza y de haberle engalanado con bandas, y nos contentaríamos con el poeta y el narrador más austero y menos agradable, pero también más útil, que imitase el tono del discurso que conviene al hombre de bien, y que se ajustase escrupulosamente a las fórmulas que acabamos de prescribir al trazar el plan de la educación de nuestros guerreros. ”

Aristóteles tuvo una percepción distinta a Platón. Para él, como para Platón, los poetas eran imitadores de la naturaleza, pero con intenciones y procedimientos distintos. Para Aristóteles el arte no imita el fenómeno contingente y múltiple, si no a la Naturaleza en su deber ser. En este sentido el arte es creación, creación ideal de la realidad que en la Naturaleza siempre es imperfecto. Para Aristóteles el arte debe posee: orden, proporción y armonía ya que el objeto del arte es lo bello. Para Aristóteles el arte no solo es deleite y placer, sino que tiene un alto valor educativo y moral. Más que fomentar las pasiones en la concepción de Aristóteles, el arte libera al alma del hombre de ellas. De aquí la función de la catarsis en el drama trágico griego. El arte para él es catarsis y da al alma armonía y serenidad. El arte sería concebido como mímesis mediante el lenguaje. Imitación de la naturaleza y de las acciones del hombre a través de “un lenguaje que deleita por su musicalidad y dulzura” .

¡Qué mucho habría que aguardar hasta que los renacentistas revaluaran la poesía y la colocaran en la categoría de su valor correspondiente! Me viene a la memoria aquellos versos donde Fray Luis de León se refiere a los poetas como “Gloria del apolíneo sacro coro ”. En otras palabras, los poetas forman parte del coro que alaba a la creación divina toda. Fray Luis entre ellos…¡ claro está!

A través de los siglos una y otra teoría, una y otra concepción sobre los poetas se barajaban en los medios académicos y palaciegos. Teorías vacilantes, pero indistintamente de sus valores y grados de certeza, siempre omnipresentes, porque siempre han existido esos seres extraños en su penetrar óptico, esos seres a los que denominamos poetas. Rubén Darío los llamó “ Pararrayos celestes” y ese siempre elogiado maestro, don Ramón Menéndez Pidal con tino de sensibilidad insuperable les denominó “ antenas de la colectividad”.

Y a sotto voce se dice que los poetas son medio locos, que viven enajenados de la realidad. En 1621, Robert Burton afirmó con toda claridad en su obra Anatomía de la melancolía que todos los poetas estaban locos . No pierdo energías convirtiéndome en defensor de los poetas, porque pueden hacerme quedar mal. Pero para consuelo de todos recuerdo a aquella cita del cardenal renacentista Nicolás de Cusa:

“Non datur magnun ingenium sine aliquid moriaoe”

Que en cristiano significa: No se da un gran talento (o ingenio) sin algo de locura. Frase que el prelado parece haber tomado de un adagio latino creado por Séneca . Y no hay duda de que para nuestros humildes ciudadanos de todos los tiempos la frase que sentencia: “De músico, poeta y loco, todos tenemos un poco”, eleva la locura como justificación al mismo nivel excelso del arte…

Pero hay más: Parece ser que la Némesis ha perseguido por siempre a los cultivadores de la poesía, a los poetas y a sus germanos los músicos y artistas en general. Una revisión de las biografías de los poetas desde la antigüedad grecolatina hasta los del siglo próximo pasado, y aun de los contemporáneos, corrobora esta aseveración . Veamos por ejemplo, a vuelo de pájaros, una exigua nómina:

Poetas y escritores enloquecidos, suicidas , encarcelados, y víctimas de crímenes violentos:

Marco Anneo Lucano, poeta romano, fue condenado por Nerón a abrirse las venas.

Caius Petronius, perseguido por Nerón, decidió suicidarse en el año 66 d.C.

Tito Lucrecio Caro(97-55 aC.) poeta de la antigüedad romana, se enloqueció y terminó suicidándose.

El poeta italiano Francesco Berni, ( 1497-1535) murió envenenado.

Giordano Bruno, (1548-1600), fue quemado en la hoguera como brujo.

Fray Luis de León( 1527-1591) encarcelado por la Inquisición, víctima de envidias y calumnias…

El poeta alemán Federico Holderlin se volvió loco de remate, padecía de esquizofrenia.

José Mariano de Larra se suicida en 1837 a los 28 años de edad.

Manuel Acuña, poeta mexicano (1849-1873) se suicida pegándose un tiro.

Ángel Ganivet,(1865-1898) se arroja a las aguas del Dwina, para suicidarse,

Delmira Agustini, (1886-1914) asesinada por su esposo que se suicidó de inmediato.

Arthur Adamoov , dramaturgo francés(1908-1970), se suicida.

José Asunción Silva(1865-1896), poeta y novelista colombiano, se pega un tiro frente al espejo de la consola de su casa, después que su médico, el Dr. Juan Evangelista Manrique le dibuja el lugar exacto de su corazón en el pecho. Se recuesta en su lecho a morir, donde le encontraron.

Charles Baudelaire, ( 1821-1867) francés, una vida agitada, tenebrosa, preso varias veces.

Benjamin Walter,( 1892-1940) escritor alemán, perseguido por los nazis, se suicidó.

Ambrose Bierce, (1842-1914) poeta norteamericano desaparecido durante la guerra civil mexicana en 1914.

René Crevel, poeta y novelista francés (1900- 1935) se suicidó a los 35 años.

Tadeuz Borowski, polaco, se suicidó en 1951

Albert Camus, ( 1913-1960) muere trágicamente en accidente de auto.

Paul Celan, (1920-1970) austriaco, se suicida,

Ernest Hemingway, se suicidó en 1961,

Franz Kafka, (1883-1924) le asedió la locura .

Alfonsina Storni ( 1892-1938), argentina, al convalecer de cáncer en las mamas se suicida lanzándose al mar.

Vladimir Maiakovski, se suicidó en Moscú en 1930, muy joven a los 37 años.

Guy de Maupassant novelista y poeta francés (1850-1893) enloqueció…

Virginia Woolf (1882-1941) se suicidó lanzándose al río Ouse en Inglaterra.

Stefan Zweig,( 1881-1942) escritor austriaco, se suicida .

¿Y por qué nos sorprende e impacta la demencia, los infortunios y los suicidios de los artistas y poetas? A diario, en todos los países del mundo se suicidan personas y sus actos pasan desapercibidos por el común de los ciudadanos y los medios informativos… Pero los artistas por fulgurar y figurar en el firmamento de la admiración del pueblo, vistos generalmente como ejemplos a emular, llaman la atención con sus actos sobre todo si son desafortunados y violentos. Cuando la polifacética Sylvia Plath se suicidó a los 31 años de edad en Primrose Hill, Londres, el 11 de febrero de 1963, esa misma semana otras 90 personas se quitaron la vida en Inglaterra. Pero los diarios de entonces solo destacaron la muerte de la notable escritora. Por eso Aristóteles señalaba en su Poética que los personajes de los poemas trágicos debían revestir la más alta dignidad civil o social . Solo así podía darse la identificación del espectador con el personaje trágico y producirse la catarsis.

A algunos escritores les sucede como le sucedió a Ernest Hemingway, por ejemplo, quien se suicidó por no poder soportar su propia hipersensibilidad y afinada capacidad creativa y aceptar que la vejez lo invadía. Muchos escritores como él habrán caído en la más cruenta y desesperada de las impotencias. Pero también puede sucederle y sucede a personas comunes y corrientes. Mas en el artista estos males de la psiquis se hacen más evidente. Sobre todo la falta de creatividad, esa sensación de impotencia que muchas veces les lleva a considerarse una nulidad total. Cuando el escritor llega e ese punto de creer que si no escribe un libro magnífico, o si no le sale ni una página original, si sencillamente ha agotado sus ideas, él ya no existe, ya no es nada ni nadie sin la escritura. El ser humano que se esconde detrás de esta fachada de la creación o de su título de poeta, deja de ser él, sencillamente no está. Desaparece, se muere, se suicida cómo si fuera un personaje más de sus libros. Llegados a este punto, el hombre o la mujer ya no existe. Es pura literatura.

En la mayor parte de los escritores dementes y suicidas, se da un deseo absoluto de ser el mejor o la mejor de todos, de figurar siempre en el candelero de la admiración. No hay lugar para medias tintas, o “todo o nada”. Viven pendientes de un goce trascendente, misterioso, numinoso, absoluto. Ese absoluto inalcanzable no permite que el ser tenga alguna fisura y si la hubiese la vida para él o ella ya no tendría ningún sentido .

Y respecto de los artistas suicidas se ha expresado con juicio más o menos certero que:

“el artista, al tener menos barreras que el común de las personas, es más proclive al suicidio, son más transgresores, están menos sujetos al condicionamiento social, hacen lo que otros no se animan a hacer ”.

Y nos preguntamos, ¿por qué los poetas, los creadores de arte, generalmente están condenados a sufrir esas penurias? Por qué la Némesis les persigue con la enajenación, con la devastadora locura, destructora de caracteres?

Platón negaba que la capacidad de posesión del poeta fuera un mal y que desequilibrara la psiquis del “médium poeta”. Lejos de tener un sentido patológico el furor/delirio de los poetas aparece con un carácter ambivalente. Por eso en el Fedro, dice Sócrates:

“Si el furor fuera simplemente un mal, Lisias tendría razón, pero de hecho recibimos del furor los mayores beneficios, esto es, en tanto en cuanto es enviado como un don divino” ( Platón, Fedro, 244).

Y añade en defensa de la inspiración divina:

“El que sin la locura de las Musas llegue a las puertas de la poesía, persuadido de que llegará a ser un poeta eminente por medio de la técnica, será imperfecto, y la poesía del hombre cuerdo es oscurecida por la de los enloquecidos ”.

Pero esa capacidad mediumnímica del poeta comienza a verse como un elemento patológico en las apreciaciones de Aristóteles. Ya en la Poética dice el filósofo sobre éstos:

“En efecto, por ser los poetas de nuestra misma naturaleza, son ellos los que metidos en el mundo de las pasiones, resultan más convincentes, y parece verdaderamente ser víctima de la depresión o el pesimismo el que sabe sentirse en ella, y parece verdaderamente ser presa de la ira el que sabe enojarse. Por eso el arte de la poesía corresponde a hombres naturalmente bien dotados o a hombres exaltados: en el primer caso son capaces de convertirse a su voluntad en personajes: en el segundo caso, son aptos para abandonarse al delirio poético” .

Los aristotélicos denominaron esta extraña cualidad de los poetas y artistas en general como “la bilis negra”. De hecho, atribuyen a Aristóteles un breve texto que ha sido denominado el Problema XXX- escolio 1, donde se plantea que no sólo los héroes trágicos, sino todos los hombres que sobresalen en el campo de las artes, la filosofía, la política o la poesía son manifiestamente melancólicos. El texto termina afirmando el carácter natural de esta condición:

“…eso hace que todas las personas melancólicas sean personas fuera de lo común, no debido a enfermedad, sino por su constitución natural ”.

Y lo sorprendente del texto es que, implica el carácter dionisíaco del problema: “ el predominio de bilis negra, cuando no es por causa patológica, es similar a los efectos del vino, solo que en este caso la transformación espiritual no es transitoria, sino para toda la vida” .

Y, además, según Aristóteles en el Problema XXX- escolio 1:

“…el vino tomado en abundancia parece que predispone a los hombres a caer en un estado semejante al de aquellos que hemos definido como melancólicos, y su consumo crea una gran diversidad de caracteres, como por ejemplo los coléricos, los filantrópicos, los compasivos, los audaces”…

Así pues los males de los poetas como de los artistas en general parecen provenir de fuentes fuera de su control como son los démones que provienen de los dioses, o de causas inmanentes a su propia naturaleza humana como supuso Aristóteles, teoría que posteriormente en los siglos XVII y XVIII sería revalidada por el inglés Thomas Young, Shaftesbury y Denis Diderot. Este último, toma el concepto del “entusiasmo” poético , como clave de la inspiración, del tratadista Shaftesbury. Respecto de las ideas sobre el genio, Diderot subraya el concepto de la pasión “un elemento del que enseguida salta a la vista su cercanía con el desequilibrio, con el exceso” Atinadamente Diderot creía que “es la pasión la que mueve al genio, que su arte nace y muere con las fuentes pasionales” Según estos principios diderotianos: “El poeta , el orador, pierden el control de sí mismo, la consciencia de lo que hacen, en el momento de la inspiración. El poeta es un ser entusiasmado, su fuerza le viene de la naturaleza, una naturaleza salvaje, una potencia irracional que le lleva a expresar las emociones que surgen en su interior sin poder contenerse.”

El tema sobre la relación entre genio y demencia no se ha agotado aún. Es materia viva, ardiente, apasionada… Sobre todo cuando se trata de la proclividad de los poetas al suicidio. Dicho sea de paso, casi todos o se envenenan, o se pegan un tiro, o se lanzan al río o a la mar. Como una especie de ritual atávico, como el rito final de iniciación para entrar a las oscuras profundidades de otras dimensiones… Es la búsqueda de una luz que no les alumbra, un Eneas ciego en las profundidades del averno buscando a su desventurada Dido…

Por otro lado la relación entre genialidad y demencia no es aceptada unánimemente por los que entienden sobre estos asuntos… Alivio refrescante para muchos artistas que ni ellos mismos se explican por qué les suceden ciertas cosas insospechadas, por qué sufren acerbos dolores del espíritu, por qué en los atardeceres les invade la nostalgia y la melancolía baña de tristeza todo cuanto toca. Todavía recuerdo a un profesor amigo que una tarde me advirtió: “Joven, deje de estar leyendo versos y váyase a su casa a estudiar o trabajar, que el Diablo ataca en el atardecer”. Esperemos todos que esta sea una noche luminosa y solo nos ataque el espíritu de la solidaridad entre los pueblos iberoamericanos, el amor y la concordia… Porque podréis hablar la lengua de los ángeles, pero si os falta amor seréis como campana cascada o címbalo que retiñe.

 

Apéndice

 

El Suicida

No quedará en la noche una estrella.

No quedará la noche.

Moriré y conmigo la suma

Del intolerable universo.

Borraré las pirámides, las medallas,

Los continentes y las caras.

Borraré la acumulación del pasado.

Haré polvo la historia, polvo el polvo.

Estoy mirando el último poniente.

Oigo el último pájaro.

Lego la nada a nadie.

 

de La rosa profunda. Jorge Luis Borges.

 

Ode on Melancholy

NO, no! go not to Lethe, neither twist

Wolf’s-bane, tight-rooted, for its poisonous wine;

Nor suffer thy pale forehead to be kist

By nightshade, ruby grape of Proserpine;

Make not your rosary of yew-berries, 5

Nor let the beetle, nor the death-moth be

Your mournful Psyche, nor the downy owl

A partner in your sorrow’s mysteries;

For shade to shade will come too drowsily,

And drown the wakeful anguish of the soul. 10

But when the melancholy fit shall fall

Sudden from heaven like a weeping cloud,

That fosters the droop-headed flowers all,

And hides the green hill in an April shroud;

Then glut thy sorrow on a morning rose, 15

Or on the rainbow of the salt sand-wave,

Or on the wealth of globèd peonies;

Or if thy mistress some rich anger shows,

Emprison her soft hand, and let her rave,

And feed deep, deep upon her peerless eyes. 20

She dwells with Beauty—Beauty that must die;

And Joy, whose hand is ever at his lips

Bidding adieu; and aching Pleasure nigh,

Turning to poison while the bee-mouth sips:

Ay, in the very temple of Delight 25

Veil’d Melancholy has her sovran shrine,

Though seen of none save him whose strenuous tongue

Can burst Joy’s grape against his palate fine;

His soul shall taste the sadness of her might,

And be among her cloudy trophies hung.

 

John Keats. 1795–1821

 

INTERROGACIONES

¿Cómo quedan, Señor, durmiendo los suicidas?

¿Un cuajo entre la boca, las dos sienes vaciadas,

las lunas de los ojos albas y engrandecidas,

hacia un ancla invisible las manos orientadas?

¿O Tú llegas después que los hombres se han ido,

y les bajas el párpado sobre el ojo cegado,

acomodas las vísceras sin dolor y sin ruido

y entrecruzas las manos sobre el pecho callado?

El rosal que los vivos riegan sobre su huesa

¿no le pinta a sus rosas unas formas de heridas?

¿No tiene acre el olor, sombría la belleza

y las frondas menguadas de serpientes tejidas?

Y responde, Señor: Cuando se fuga el alma

por la mojada puerta de las largas heridas,

¿entra en la zona tuya hendiendo el aire en calma

o se oye un crepitar de alas enloquecidas?

¿Angosto cerco lívido se aprieta en torno suyo?

¿El éter es un campo de monstruos florecido?

¿En el pavor no aciertan ni con el nombre tuyo?

¿O van gritando sobre tu corazón dormido?

¿No hay un rayo de sol que los alcance un día?

¿No hay agua que los lave de sus estigmas rojos?

¿Para ellos solamente queda tu entraña fría,

sordo tu oído fino y apretados tus ojos?

Tal el hombre asegura, por error o malicia;

mas yo, que te he gustado, como un vino, Señor,

mientras los otros siguen llamándote Justicia,

¡no te llamaré nunca otra cosa que Amor!

Yo sé que como el hombre fue siempre zarpa dura;

la catarata, vértigo; aspereza, la sierra.

¡Tú eres el vaso donde se esponjan de dulzura

los nectarios de todos los huertos de la Tierra!

Gabriela Mistral