El moderno preludio a la Navidad:  Thanksgiving Day o Acción de Gracias

Por Marcelino Canino/Especial para en Rojo

Las clases dominantes y, parte de la clase media en Puerto Rico, han prohijado varias de la tradiciones norteamericanas, añadiéndole a éstas cierta pátina de puertorriqueñidad. Una de las que hemos adaptado al gusto boricua es la celebración del “Día de acción de gracias” o “Thanksgiving”, festividad que tiene lugar el último jueves de noviembre. Aunque los puertorriqueños damos gracias a Dios a cada instante, por ser éste día oficial de fiesta, la costumbre se arraigó con ahínco a partir de los años ‘50 del siglo próximo pasado.

Los puertorriqueños han redenominado el día de acción de gracias como “el día del pavo”. En otras palabras, es una festividad donde nos ha llegado la forma pero no el sentido, porque éste ya lo teníamos. Y es así, porque no hace sentido dar gracias a Dios un día del año en específico, sino a cada instante de nuestra vida.

Por otro lado desde el mismo siglo XVI ya existía en Puerto Rico una ecología gastronómica del pavo. Aunque esta ave de corral es oriunda de Centro América se adaptó extraordinariamente a los campos de la Isla desde los tempranos años de la colonización española. El pavo no nos llegó con los norteamericanos como nos quieren hacer creer algunos educadores y demagogos pitiyanquis.

Ya para el 1852 el cronista social del periódico El Ponceño se lamentaba de que en Puerto Rico en cualquier ocasión se servía pavo:

“Esta noche probablemente todos ustedes habrán estado en la misa del gallo, allí se habrán juntado a las trullas XXX; luego se habrán juntado en las casas y se habrán sentado alrededor de una opípara mesa, en cuyo centro habrá aparecido la consabida víctima; es decir, el inolvidable y consabido pavo.

¿Hay bautizo? ¡Pavo! ¿Hay casamiento? ¡Pavo! ¿Hay convite? ¡Pavo! ¿Hay baile? ¡Pavo! ¿Hay fiesta? ¡Pavo! ¿Llegan forasteros? ¡Pavo! ¿Cualquier ribota? ¡Pavo! ¡Pavo! y !siempre pavo!”

Así, pues, sigamos comiendo pavo … sobre todo relleno o estofado que son las formas que más nos gustan. Ya en 1859 “El cocinero puertorriqueño” ( primer libro de cocina publicado en Puerto Rico) ofrecía la receta para hacer un exquisito pavo relleno que junto al lechoncito asado compite por el sitio de honor en la mesa puertorriqueña de la Noche Buena.