El ombligo de la plena: Una interpretación renovada de un viejo tema

 

Especial para En Rojo

El reconocido compositor guayamés Rafael Aponte Ledée nos ofrece su nuevo libro: El ombligo de la plena: Nacimiento y desarrollo. Este libro fue publicado por la editorial Publicaciones Puertorriqueñas, de Hato Rey y fue producido e impreso en Puerto Rico. La carátula es de la autoría del pintor coquicense Néstor Sambolín.

El ombligo de la plena ofrece en sus páginas una versión renovada del viejo tema de esa creación boricua y sus raíces. Aponte Ledée plantea que, contrario a lo que se cree, los primeros pasos del más universal de los géneros musicales puertorriqueños se dieron en Guayama y no en Ponce. Es una tesis que, por supuesto, encontrará resistencia entre un grupo de lectores y lectoras. Ponce es Ponce, ¿no? El autor, sin embargo, distingue entre los iniciales respiros de esta música popularísima y el carácter intrínsecamente regional de su surgimiento y desarrollo. La plena es hija del saqueo de la costa sureña por los grandes intereses azucareros. En un sentido, los componentes de su iniciación estaban presentes allí donde este proceso había tocado la vida de miles de trabajadores asalariados y sus comunidades. Ponce y Guayama eran, pues, los dos polos de un fenómeno único en nuestra historia y quizás en el Caribe. Toda la costa sur sintió de manera súbita el peso de la explotación de la caña, de los ferrocarriles y el riego y de la concentración de miles trabajadores. Una nueva forma de pobreza surgió en el país, hija del moderno capital. Entre 1900 y 1910, el Sureste devino en la región de la regularidad y monotonía capitalista. Esto, en una isla marcada por la diversidad geográfica y social. La pobreza de Salinas no era distinta a la de Ponce ni a la de Guayama ni a la de Santa Isabel. Pero tampoco lo era la cultura de esa gigantesca masa proletaria: afrocaribeña y mulata. Daba lo mismo dónde repicara la primera pandereta, la plena no tardaría en universalizarse.

Al igual que otras investigaciones sobre la plena, el libro de Ledée se nutre de una diversidad de fuentes: entrevistas a viejos pleneros, reportajes de periódicos locales y nacionales del primer tercio del siglo XX, así como de fuentes primarias. No podía ser de otro modo. La plena surge como un género musical de la clase obrera y las comunidades mulatas marginadas del Sureste. Se impuso a contrapelo, luchando contra una cultura racista que la persiguió y buscó suprimirla. Por su naturaleza, el tema de la plena no se presta a meras investigaciones de archivos de biblioteca, sino que requiere del contacto imaginativo y vital con la historia de las comunidades en que nació.

El libro consta de catorce capítulos, que bien se podrían dividir en cuatro partes. La primera consta de los capítulos I al III. En la primera, el autor nos ofrece su visión del nacimiento, infancia y adolescencia de la plena. En la segunda, de los capítulos IV al VI, la plena se nos muestra en su forma adulta, adquiriendo una presencia mayor en ciudades grandes de Puerto Rico, como Ponce, Mayagüez y Arecibo; también en Nueva York y otros lugares del Caribe. La tercera parte consta de los capítulos VII y VIII, en que la plena atraviesa una crisis interior, marcada, entre otras cosas, por la muerte de su máximo exponente, José Lino Oppenheimer, Bumbún. La última parte, que consta de los capítulos IX al XIV, es una exposición exquisita de la universalidad temática de la plena. «La plena todo lo ve», nos dice el autor. No hay temática que escape a su ojo inquisitivo a favor de las clases oprimidas: las huelgas, los conflictos humanos, la violencia de género, los monopolios, la política local y el coloniaje.

En El ombligo de la plena, Aponte Ledée nos brinda una mirada multidimensional al género que le interesa. Erudito en temas de composición musical, el autor nos describe los elementos musicales técnicos de este género. Los pleneros, advierte él, eran músicos sin formación académica, «pero tenían un sentido musical infalible». La plena, no obstante, era algo más que una composición musical espontánea de las comunidades pobres del Sureste. También era una coreografía y un modo de organizar el disfrute social de la música entre la gente pobre. Ante la pregunta de qué es una plena, Ledée nos da una definición de fuerte contenido social: es unidad del placer del baile con la temática de la más fuerte conflictividad social. Los temas de drama social son su esencia, pero su forma está musicalmente llena de vida.

Quizás esto último explica por qué la plena adquirió rápida popularidad entre las comunidades de emigrantes boricuas en Estados Unidos. Allí también se trataba de masas de trabajadores y trabajadoras sometidas a la explotación en la otrora vibrante industria de ciudades como Nueva York. En el sureste de Puerto Rico eran golpeadas colectivamente por los grandes monopolios azucareros; en Manhattan, Brooklyn y el Bronx, por las compañías manufactureras al interior del imperio. Al final del asunto, era lo mismo. La plena recogía la esencia de la naturaleza explotadora del régimen colonial, interna y externamente. Masas de huestes proletarias boricuas, desprovistas de medios de vida y sujetas al capricho del patrono explotador. La plena era su himno más explícito.

En resumen, según el autor, los momentos de desarrollo de la plena durante el primer tercio del siglo XX fueron tres. Primero, su surgimiento espontáneo a principios del siglo en los cañaverales del sureste de la isla. Segundo, su difusión en las grandes ciudades de la isla, como Mayagüez, Ponce y Arecibo. Parte de este momento es su establecimiento firme en toda la isla entre 1925 y 1926, gracias, entre otras cosas, a la radio y las innovaciones en la reproducción de sonidos. Tercero, su llegada a Nueva York y la diáspora boricua.

Más allá de la controversia acerca del nacimiento u origen de la plena, este es un libro ameno. Contiene una cantidad grande de anécdotas sobre la historia boricua que deleitarán al lector o lectora, independientemente del lado de la controversia en que se ubique, Guayama o Ponce. Quizás es que la plena, por su naturaleza intrínsecamente social, es fuente constante de controversia.

 

 

 

 

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