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Por María Cristina/En Rojo

Desde el asesinato de George Floyd somos testigos de la ceguera oficial y voluntaria que existe en ese país que siempre ha proclamado acoger a todxs sin importar su procedencia, etnia, raza, género, preferencia sexual, diversidades corporales y mentales. Hemos participado a través de las redes de manifestaciones de todo tipo a través de ciudades y pueblos de los Estados Unidos, multitudes solidarias a través de las grandes capitales europeas (ver foto de Amsterdam) y discursos y posiciones de políticos (el sentir de Bernie Sanders sobresale), líderes religiosos y comunitarios, diversidad de representantes de #blacklivesmatter, expresiones de jóvenes, adultos y viejos en su carácter individual. PBS rápidamente montó un programa especial el viernes 5, seguido de su documental de 2016, Policing the Police (dirigido por James Jacoby; narrado y documentado por William Jelani Cobb) y Democracy Now! ha estado cubriendo todas las manifestaciones con trasfondos detallados y entrevistas a los participantes. TODOS los presentadores/anfitriones de los programas televisivos nocturnos (no solo Stephen Colbert, Seth Myers y Samantha Bee quienes siempre priorizan la cobertura de las posiciones y actos absurdos del innombrable) han puesto sus espacios a la disposición de todos los que quieran expresar su rabia, angustia y confusión. Trevor Noah, en estas semanas de encierro y ahora con este nuevo asesinato, es un ejemplo de cómo utilizar los medios—en su caso la comedia y la sátira inteligente—para concientizar al público. Como en mis otras columnas de cine, hago un escogido temático del cine que anuncia y denuncia la relación antagónica entre los representantes de la ley y el orden (todas las agencias con el poder de detener, interrogar, arrestar) y la población afroamericana. El factor que ha cambiado la visión general de estas injusticias y asesinatos es el acceso que la población—no importa lugar de donde provienen—tiene de un celular que puede captar lo inmediato de todos los ángulos posibles y poder diseminarlo en segundos de haber ocurrido. Esta es el arma más democrática de nuestros tiempos.

 

Clockers (Spike Lee, 1995)

 

Spike Lee, desde su primer gran éxito, Do the Right Thing (1989), ha puesto en primer plano el racismo endémico de la sociedad estadounidense. Y lo ha hecho, a sabiendas de que eso significa tener que pelear por presupuestos reales para sus proyectos, establecer su propia casa productora (40 Acres & a Mule), tardarse mucho tiempo entre cada proyecto, pelear para tener igual cobertura y distribución y ser incluido en festivales y premiaciones (sus peleas con la organización de los Oscares es requete conocida). Así que escoger Clockers no significa que sus otros filmes no hagan la misma denuncia a través de historias del pasado (Malcolm X, Blackkklansman) como del presente. Clockers es una historia centralizada en un joven de 20 años en Brooklyn que tiene un punto de drogas en uno de los proyectos de vivienda donde la población es predominantemente negra. Esta vez, debido a la seriedad del tema, Lee comienza su filme con tomas de cerca de cuerpos de jóvenes negros abaleados en las calles, parques y callejones de la ciudad. No permite que el público pueda posar su mirada en algún otro lugar ya que llena toda la pantalla de cuerpos mutilados por las armas que proliferan en estos lugares y que manejan las gangas y los traficantes. El antagonista principal lo será un detective de homicidio, Rocco, que no le perderá la pista a quien él considera el manejador del «punto»: Strike.

 

Crash (Paul Haggis, 2004)

Este filme no solamente presenta un retrato mordaz de la sociedad estadounidense, también desmitifica el sueño americano. Aquí nos encontramos con policías que abusan de su autoridad, otros que desinteresadamente ayudan a los que lo necesitan, los que están «on call» 24 horas en un empleo poco recompensado para poder asegurar un hogar a su familia, las mujeres invisibles pero indispensables en las casas de los riquitos blancos que nunca reconocen su trabajo, los que creen que una pistola les da el poder que necesitan para darse a respetar. Lo que hace de Crash un filme tan desafiante es que expone el aparente sistema de odios que se desarrolla en los Estados Unidos para poder sobrevivir y progresar, aunque ese progreso casi no se pueda medir. El lugar es Los Angeles y en 24 horas se presenta un microcosmo de la población de una ciudad grande. Los policías provienen de los sectores más excluidos: los blancos pobres, negros y latinos. Ser policía no es solamente tener un sueldo que le permite vivir «bien» en una ciudad con un desempleo y subempleo muy alto, es también la oportunidad de ostentar el poder amenazando a los riquitos, aceptando o requiriendo sobornos, llegando a acuerdos debajo de la mesa que le pueden resultar beneficiosos, aunque solamente sea a corto plazo. Todos han internalizado el odio como instrumento de supervivencia.

 

Detroit (Kathryn Bigelow, 2017)

 

Este excelente filme recrea lo sucedido en una noche en el Motel Algiers durante los motines en la calle 12 de esta ciudad, el 25 de julio de 1967. A través de múltiples miradas se recrea lo que cada uno de estos personajes reales estaban haciendo antes que la noche desembocara en el asesinato de dos jóvenes negros, y las golpizas de siete otros hombres negros y dos jóvenes mujeres blancas a manos de la policía. La recreación de los hechos—que fueron publicados en múltiples periódicos, noticieros y testimonios judiciales—se presenta como algo sucedido en el presente pero escondido y distorsionado por el aparato judicial.

 

“When They See Us” (Ava DuVernay, 2019)

En esta serie de cuatro episodios de Netflix, la directora utiliza la realidad de un caso policíaco y judicial para exponer de manera clara, directa y dramática el discrimen y prejuicio que arropa a la población afroamericana en los Estados Unidos desde sus inicios. El caso de 1989 de los cinco adolescentes acusados de golpear, violar y dejar casi por muerta a una mujer blanca que corría/trotaba en el Parque Central de Nueva York es revivido en todos sus detalles para enlazarlo, en las mentes de los espectadores, con todos los asesinatos a manos de la policía que han ocurrido a través de los años y su intensificación durante la presidencia de Barack Obama y ahora con Trump. A pesar de todas las violaciones de los derechos de estos menores de 18 años, la fiscal logra conseguir veredictos de culpable para los cinco adolescentes: cuatro de ellos en reformatorios juveniles (Kevin Richardson, Antron McCray, Yusef Salaam y Raymond Santana) y a Korey Wise de 16 años juzgado como adulto y encarcelado con la población general por casi 12 años.

 

The Hate You Give (George Tillman, Jr, 2019); Queen & Slim (Melina Matsoukas, 2019)

Richard Brody en The New Yorker llama a The Hate You Give uno políticamente explícito en vez de uno de tema político que se resuelve según el cuadro ideológico del director/escritor. Aunque me parece que su definición de cine político no se parece en nada a la mía, coincido en que el cuadro social que presenta es el factor principal de los incidentes que ocurren y cómo o si se resuelven. La protagonista es Starr, una chica de 16 años, que proviene de un grupo familiar estable y vive en un vecindario clase media/trabajadora en Georgia, precisamente donde asesinaron a  Ahmaud Arbrey. Starr parece vivir una doble vida—según ella misma narra—ya que vive en Garden Heights, pero su escuela secundaria privada se ubica en el sector blanco de la ciudad. Por mantener amistades en ambos grupos, Starr no se siente desubicada, aunque tiene sus preferencias. En el caso de Queen & Slim, donde los personajes principales no están muy bien delineados ya que apenas sabemos quiénes son y de dónde provienen, conocemos a Slim (Daniel Kaluuya) y a Queen (Jodie Turner-Smith) en su primera cita donde intentan conocerse, aunque ninguno parece muy interesado en impresionar al otro.

Lo que ambos filmes tienen en común es que se insertan en el clima racista que impera en la sociedad estadounidense, especialmente en su relación entre ciudadanía y agentes policíacos. Ambos tienen incidentes similares lo que parece ya ser la normalidad: una patrulla detiene a un chofer negro (en estos dos casos, parejas jóvenes) por cualquier supuesta infracción leve pero la intensidad de ese encuentro escala de manera que resulta en arresto, golpes o asesinato. Starr será la testigo del crimen que tanto la policía como otros miembros de la comunidad quieren disuadirla de no atestiguar, mientras ella no quiere que lo sucedido a su amigo se vuelva otra estadística y pase al olvido hasta que vuelva a suceder algo similar. A Queen y Slim no les queda otro remedio que irse a la fuga e imaginar que lograrán escapar de un sistema que solamente ve un policía muerto y no la provocación que causó la violencia.

 

Just Mercy/Buscando justicia (Destin Daniel Cretton, 2019)

El título en español resume tanto la historia como el propósito del filme. Nos situamos en Monroe, Alabama en 1989 con un aparato defensor de la ley y el orden completamente blanco y racista sin excusas. Si eres negro tienes que ser culpable de lo que sea que cualquier blanco te acuse. Si eres negro eres pobre y dependiente de los otros sectores de la sociedad. Si eres negro no conoces las complejidades de la ley y por la tanto no puedes montar una defensa justa. Si eres negro no puedes ser un profesional a menos que esos estados del Norte te lo hayan permitido y, como quiera, no es válido en los estados del Sur. Este es el cuadro al que se enfrenta Bryan Stevenson (Michael B. Jordan), joven abogado negro, graduado de la Escuela de Leyes de Harvard, que trabaja para el Equal Justice Initiative, y que decide que ser abogado significa defender a los que no tienen ninguna oportunidad de tener un juicio justo y, especialmente, los que han sido condenados a esperar que se les aplique la pena capital que en este caso es ser electrocutado en la silla eléctrica. La historia está basada en las experiencias de Stevenson enfrentando estos casos donde la vida de un hombre queda a la merced de un grupo que cree que la verdad es absoluta y que matar a otro ser humano es justo y necesario.

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