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“Nunca habíamos sufrido tanto en cuatro años. Huracanes destructivos, muertos no contabilizados, un gobernante inmaduro y truquero, terremotos múltiples, tres cuarentenas por un virus, una gobernadora sustituta truquera, una legislatura revanchista y una junta de usureros.

Mensaje de en la red Twitter de @Reimillan.

De Briseida Torres, la recién renunciada Secretaria del Trabajo y Recursos Humanos (DTRH), los puertorriqueños se olvidarán pronto, a pesar de la particularidad de un nombre que nos recuerda la guerra de Troya. Volverá al bufete de Hato Rey de donde la sacaron hace dos años, añadiendo a su resumé que es una “former Secretary of Labor”, para justificar una tarifa por hora más alta.

La pasada semana ese nombre que pronto olvidaremos, se unió al de tantos miembros del actual gobierno que sale del cargo en medio de alguna controversia. Ahora se encuentra en el mismo bote en que naufragaron Rafael Rodríguez Mercado, Julia Keleher, Tania Vázquez, Ricardo Ramos, Héctor Pesquera y tantos más, junto a la caterva de machitos prepotentes que controlaron los hilos desde Fortaleza durante casi tres años. Los controladores se fueron antes, en medio del fuego del verano de 2019, pero dejaron colocados a los que tuvieron que irse después.

Estos nombres, a pesar de que pronto pasarán al olvido, de alguna manera resultan emblemáticos de un cuatrienio que parece que ha durado cien años, y aún no se acaba. Todos aparecieron destacados en los medios de prensa en algún momento durante este cuatrienio porque, en alguna de las emergencias, el país necesitó que asumieran su responsabilidad y acudieran en su ayuda. Todos fallaron.

Los eventos sobrevenidos durante este cuatrienio han demostrado que el gobierno puertorriqueño, aun cuando es una criatura colonial supeditada al poder de Estados Unidos, cumple funciones que pueden ser vitales en determinado momento. En esas ocasiones, se hace evidente la importancia de contar con funcionarios medianamente competentes, que no lleguen tan solo atraídos por el pequeño poder que tendrán y las prebendas asociadas al cargo. El huracán y su larga secuela, los terremotos, la pandemia y, ahora la sequía, son eventos que se encadenaron contra los puertorriqueños, volviéndonos dependientes del accionar gubernamental. Durante estos tres años y medio, desde el más pobre al más rico en determinado momento ha necesitado de algún servicio del Gobierno y, en lugar de recibirlo, ha sufrido las consecuencias de la desidia y la incompetencia por parte de la agencia responsable de darlo. Para colmo, se trata de funcionarios a los que se les ha estado pagando grandes sumas de dinero, muy superiores a las que devengaban sus antecesores. ¿Acaso se ha olvidado que a Julia Keleher le pagamos $250 mil anuales y otros tantos a Héctor Pesquera, para a que dirigieran los departamentos de Educación y Seguridad?

El 2 de enero de 2017 Ricardo Rosselló asumió el mando como gobernador bisoño, sin ningún tipo de experiencia, aupado solamente en el nombre de su padre. La juventud y la falta de experiencia no son, de por sí, garantías de fracaso. Ahora mismo hay en Canadá un gobernante muy joven, hijo también de un exgobernante, que no ha resultado ser peor que los anteriores. El nuestro, sin embargo, sí lo fue. La larga cadena de actos que lo llevó a ser el primer gobernador electo obligado a renunciar, además de inexperiencia y prepotencia, reflejan la más pasmosa incompetencia. Esas mismas limitaciones lo llevaron a rodearse de personas que se le parecen en forma y contenido, incluyendo a quien lo sustituyó.

            Del equipo que armó Ricardo Rosselló prácticamente no queda nadie, salvo la gobernadora Wanda Vázquez, que también fue obra de él. Todos se han visto forzados a abandonar sus cargos en medio de alguna controversia, dejando una estela de daños de los que cuesta recuperarse. Algunos robaron o facilitaron que en su entorno se robara, pero lo que los hace terriblemente similares es la incompetencia y la desidia en el descargo de sus funciones. Como en la anécdota del emperador romano, todos se han pasado tocando el arpa mientras el país es víctima de huracanes, terremotos y pandemia.

La ex Secretaria del DTRH fue cortada con la misma tijera de varios de sus colegas de gabinete. Abogada joven, con algunos años trabajando para patronos desde un bufete corporativo, fue colocada a cargo de una agencia que se supone defienda a los trabajadores. Mientras todo allí fue rutina, atendiendo pequeñas disputas obreras y reclamos de discrimen, nadie se fijó en ella. Pero tan pronto llegó la crisis en el empleo provocada por el parón económico de la pandemia, afloró su nivel de incompetencia.

Desde el primer día era evidente que la licenciada Torres era incapaz de dirigir con eficiencia un departamento que, en medio de los efectos de la pandemia, resultaba crucial. Pero, como ocurrió con el Secretario de Salud, la gobernadora Wanda Vázquez dejó a Briseida Torres en el cargo hasta que la crisis se convirtió en debacle. Cuando vino a actuar, cientos de miles de trabajadores llevaban tres meses sin cobrar un solo centavo y la mayoría sigue en la misma situación porque la precipitada salida de Torres no resolvió el problema. Como regalo de despedida nos enteramos, que muchos de los que tuvieron la suerte de que su solicitud fuera procesada, no recibieron el cheque por desempleo porque la dirección postal decía “La Misma”, frase que habían escrito en la solicitud para decir que era igual a la física. Esa barbaridad provocó muchos chistes, pero los que nunca recibieron el cheque no se rieron.

En la mitología griega Briseida es nombre de víctima. Primero quedó viuda, tras su marido morir peleando por Troya, y luego fue raptada por Aquiles. En Puerto Rico el nombre tiene un contenido distinto porque aquí los raptados fueron otros.

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