El Renacimiento Neorrican aún vive: En torno a Papolítico de Jesús Papoleto Meléndez

Por Efraín Barradas/Especial para En Rojo

El caso de las literaturas latinoestadounidenses se destaca por la inmediata voluntad de verse y examinarse como un fenómeno cultural, como una historia. Contrario a lo que pasa con muchas literaturas nacionales, la aparición de críticos e historiadores se da desde sus orígenes mismo de la misma. En muchos otros casos de las letras nacionales, ha tomado años, lustros, décadas, siglos antes de que se estudiara una manifestación literaria y que se colocaran las piezas que la componen en un orden específico para crear con ellas un gran cuadro. Así es, aunque hoy seguimos investigando el pasado en busca de raras piezas que aparecieron en el siglo XIX y en la primera mitad del XX para con ellas construir un cuadro más amplio del desarrollo de esa literatura. Pero, en verdad, el comienzo efectivo, no los orígenes remotos, de esa historia hay que buscarlo en las décadas de 1960 y 1970 con la aparición de obras que verdaderamente responden a una definición de neorrican. 

Veamos algunos hitos que pueden servir para crear esa historia. En 1967 apareció Down These Mean Street de Piri Thomas; en 1971, Puerto Rican Obituary de Pedro Pietri; en 1975 la obra de teatro de Miguel Piñeiro titulada Short Eyes, obra que llamó mucho la atención y obtuvo el reconocimiento de la crítica neoyorquina; en 1978 Miguel Algarín publica su poemario titulado Mongo Affair, pero ya tres antes los mismos Algarín y Piñeiro habían publicado Nuyorican Poetry: An Anthology of Puerto Rican Words and Feelings, la primera recopilación que recoge la obra de diversos escritores que quedan asociados al llamado Renacimiento Neorrican: Algarín, Piñeiro, Sandra María Esteves, Pedro Pietri, José Ángel Figueroa y Jesús Papoleto Meléndez, entre otros que no continuaron produciendo y hoy son meros nombres olvidados componen el cuerpo de esa importante antología. Hay que apuntar que un año antes de la aparición de esta, había aparecido un disco de larga duración titulado escuetamente “Canciones y Poesía”, producido por un grupo de cantantes y poetas que tenían un nombre también escueto, “El Grupo”. Las canciones que se incluían en este disco eran todas en español y quedaban encuadradas en una corriente muy popular entonces, la Nueva Trova. Un argentino residente en la ciudad de Nueva York, Bernardo Palombo, y un puertorriqueño que se destacaba por su activismo político y cultural, Rafael Rodríguez Abeillez, fueron los motores detrás del disco y de las actividades del grupo que reunía, eso sí, a poetas que comenzaban a escribir en inglés o en una mezcla de inglés y español. Ente ellos se destacaban Pietri, Esteves y Meléndez. Pero, a pesar de la aparición del disco en el 1974, un año antes que la antología de Piñeiro y Algarín, hay que tomar la misma como el verdadero hito que le da un certificado de nacimiento al movimiento neorrican.

Pocos críticos han estudiado este fenómeno literario y cultural con detenimiento y como una unidad. Tenemos, por suerte, el excelente estudio de Urayoán Noel, Invisible Movement: Neorican Poetry from the Sixties to Slam (Iowa City, University of Iowa Press, 2014). A pesar de las serias críticas que se le pueden hacer a este trabajo y que ya le he hecho (Centro, XXVII, 1, 2015), no cabe duda de la excelencia del mismo. Noel parte de una problemática premisa; establece desde el principio de su libro que esta poesía “should be considered as part of the postwar U.S. poetry (counter)tradition and in a complex diasporic context that cannot be reduced to national frameworks” (xvii). El problema mayor de esta premisa es que lleva al crítico a ignorar por completo la poesía escrita en español por puertorriqueños que vivían entonces en los Estados Unidos, rasgo innegable en el desarrollo literario de ese grupo y elemento que la separa de una historia literaria monolingüe, la de la cultura dominante, la escrita en inglés. A pesar de ello, las agudas observaciones de Noel sobre esta poesía son imprescindibles para cualquier futuro estudio.

Papoleto

Noel destaca o privilegia dos elementos de la poesía neorrican. Primero establece que “…Nuyorican poetry is inseparable from the city, from the distinctly Cosmopolitan space and diasporic histories of New York” (165). Segundo y quizás más importante aún es la oralidad que domina en esta poesía, oralidad que tiene sus ramificaciones y que puede ser problemática. “While there is doubtlessly a loss of lyric transcendence in most slam poetry (and, arguably in much contemporary print poetry as well), “tongue tactics” compensates for this lost by embracing the plenitude of performance.” (140). La oralidad en esta poesía es un performance y en muchos casos desemboca en plena teatralidad. Recordemos que mucha de la poesía neorrican ha servido de texto para dramatizaciones – piénsese, por ejemplo, en el poema de Pietri, “Puerto Rican Obituary” – y muchos de estos poetas han producido un número considerable de textos teatrales. Por el momento, y siguiendo las líneas de argumentación de Noel, quiero recalcar la oralidad y el performance de esta poesía.

La pregunta que obviamente surge, especialmente al llegar a nuestras manos un nuevo libro de Papoleto Meléndez, Papolítico: Poems of a Political Persuasion (New York, 2 Leaf Press, 2018), es cómo cabe en este amplio contexto literario este poeta y la respuesta es sin duda alguna que perfectamente bien. Pero antes de llegar a la conclusión hay que hacer un examen de la cuestión.

El poeta está íntimamente asociado a la ciudad de Nueva York donde nació, aunque por un tiempo vivió en California y el la frontera mexicana. Este se define sin duda alguna como puertorriqueño y en su poesía denuncia el sistema colonial que impera en la Isla. Sus posiciones políticas son de un nacionalismo de izquierda. Ha trabajado como facilitador en talleres de poesía para jóvenes y desde el 1970 hasta el momento había escrito cinco poemarios; ahora nos brinda el sexto. También ha escrito varias obras de teatro. La más significativa de estas, Hey Yo! Yo Soy (2014), es la dramatización de poemas suyos de un libro con el mismo título, lo que sirve como otra prueba más de la íntima relación entre poesía y teatro, relación que refuerza el carácter oral y dramático de esta. Nos encontramos, pues, con un poeta que cabe perfectamente bien los parámetros que Noel ha establecido para definir la poesía neorrican.

Por ello mismo surge otra pregunta importante: ¿Cómo cabe en ese contexto ya establecido por la crítica este nuevo libro de poesía? ¿Es la obra de Meléndez monolíticamente homogénea o hallamos en ella cambios? El examen de Papolítico viene, pues, al caso o, mejor, se impone para ampliar el cuadro crítico de esta poesía.

Como lo más típico de su obra, los textos incluidos en este nuevo libro se centran en lo urbano. La ciudad es para el poeta la “polis” y, por ello, toda su producción desemboca en lo político. No hay duda de ello; desde el título del libro el poeta así lo declara. Lo más importante es que este funde al poeta con la actividad social: Papo/político/Papolítico. La relación lleva a una profunda identificación. Pero lo interesante es que Meléndez ve la política como emoción y no como un hecho racional: “…my political perspective, though somewhat obscure, was a visceral rather tan intellectual experience for me.” (vii) Pero la política es el lente a través del cual el poeta lo mira todo, inclusive la epidemia del sida. Este rasgo no desencuadra con la amplia caracterización de la poesía neorrican. En el caso de la nueva poesía de Meléndez notamos que esta necesidad de describir las desastrosas circunstancias en que viven los latinoestadounidenses lo lleva al empleo de técnicas narrativas. Muchos de sus poemas tienen secciones que parecen cuentos escrito en renglones. 

Otro elemento que los estudiosos han declarado esenciales a la poesía neorrican es la oralidad, el performance o lo que Noel llama “tongue tactics”. Recordemos que este rasgo, según el mismo crítico, a veces funciona en contra de la creación poética, al limitar la expresión lírica. Lo mismo se puede decir de la identificación con un compromiso político. 

Pero, por el momento, enfoquemos la atención en la oralidad, en el performance. La neorrican, en general, es una poesía para ser oída, para ser declamada en voz alta, no para leerse en silencio y en privado. Esta característica la altera profundamente hasta imponerle estructuras rítmicas muy marcadas que la asocian con la música popular urbana, especialmente con formas populares afroamericanas. Este rasgo también obliga al poeta a dividir sus versos con pausas muy marcadas que responden, en última instancia, a patrones impuestos por la respiración que determina la declamación:

These UnNumBereD

OutNumBereD

OutLaWeD

Hard Workers

Become DoCuMenTed

Dead People

in the morgue

of a strage world,

 truly forgotten.

(“Tourism Up + Dow/Jones, 6 Pnts.”, p. 40)

La distribución de los versos en la página en renglones no seguidos, en entradas que varían y que forman escalas, no es algo nuevo; es un rasgo que vemos en la poesía al menos desde las vanguardias y que, más que con la oralidad, queda asociado con lo visual, con la presentación del poema en la página como objeto concreto.

Pero para entender plenamente mi argumento el lector tiene que leer –no oír– el poema ya que este, como la gran mayoría de los textos incluidos en Papolítico se acercan mucho a los caligramas de la vanguardia. Recordemos que estos se asocian a la pintura. Apollinaire, por ejemplo, cuando escribe los suyos intenta dibujar con la composición de las palabras la lluvia o la fuente o un caballo o la Torre de Eifel. Esto sólo ocurre en un poema del libro de Meléndez, “A Conversation with My Son”, donde el poeta le quiere enseñar a su hijo que la sociedad está estructurada en pirámides de opresión. Por ello el poema forma dos que se unen en sus puntas. En verdad en este poema no hay versos sino frases cortadas para poder formar las figuras geométricas que representan el tema del poema. Pero el lector, no el oyente, de estos poemas ve en casi cada páginas renglones que no siguen una estructura tradicional y, sobre todo, palabras que se escriben con letras mayúsculas en medio de ellas. Aquí, para mí, está el meollo del problema: el intento de crear una poesía visual contradice la característica dominante en las letras neorrican: la oralidad y el performance.

¿Qué finalidad tienen esas rupturas de las reglas léxicas? ¿Qué sentido tienen los versos presentados en un aparente desorden u orden nuevo en la página? ¿Por qué el poeta presenta de esa forma sus textos?

Una de las posibles explicaciones de este fenómeno caligráfico – recuerden que en el libro hay un solo poema que se puede ver como un dibujo con palabras – representa el deseo del poeta de captar gráficamente su dicción al declamar los poemas. Creo que sólo unos pocos de los muchos casos que se dan en Papolítico se puedan interpretar desde esa perspectiva y, en esos casos, la distribución separada en la página podría apuntar a pausas y silencios en la declamación del poema o a repeticiones de palabras o gritos. 

Pero no todos los casos se pueden entender desde esa perspectiva. Se hace particularmente difícil entender la escritura de palabras con letras mayúsculas internas. Si las mayúsculas aparecen para marcar un énfasis en la dicción, el frecuente empleo de esta técnica parecería llevar a una especie de tartamudeo al poeta imponer cortes internos en la palabra, cortes que muchas veces no son silábicos. El oyente de los poemas no tiene idea de la disposición de las palabras en la página, algo que es muy dramático para el lector a quien lo confronta constantemente palabras cuya grafía no responde a la pronunciación y versos distribuidos en la página que no llegan a formar imágenes, como ocurre en los caligramas, pero que no siguen el patrón tradicional de la presentación gráfica de los versos. A pesar de ello y para darle el beneficio de la duda al poeta, se podría insistir que esa presentación no tradicional de la página intenta marcar pausas y sentar normas para la declamación del versos. Sería como una forma de establecer el performance que el declamador debe seguir. Joel Kovel y DeeDee Halleck quienes escriben el prólogo a Papolítico parecen apuntar a esta idea al referirse al “… “cascading” style that dictates the beat and rhythm of his poems” (5). Pero los prologuistas se refieren al estilo y no a la presentación de los poemas en la página. Creo, por ello, que hay que buscar otra explicación.

La mía es sencilla. Jesús Papoleto Meléndez, como todo poeta, intenta hacer que su poesía cambie, sea nueva, crezca. Quiere que esta se desarrolle porque para él “[t[he Nature of Poetry is the Universal Empathetic Expression of the Spirit’ suffering of Human Experience” (s.n.), como establece en su dedicatoria a Papolítico. Recordemos que para este poeta lo político es afectivo y no racional. Por ello, creo que no nos ofrecerá explicaciones razonables sobre sus cambios poéticos. Su primera poesía, la que lo colocó de manera central en el contexto de la poesía neorrican, no era como la de su más reciente libro. Los tiempos cambian y los poetas y sus obras también, especialmente cuando estos quieren mantenerse al día. Creo, por ello, que estos juegos gráficos, estas violaciones de las reglar ortográficas, especialmente el incluir mayúsculas en el interior de las palabras, y estas experimentaciones con la manera de captar en la escritura el performance es la manera, quizás ingenua y poco efectiva, que el poeta emplea para que su poesía cambie, para que se vea nueva y de vanguardia. 

Pero, en el fondo, los cambios en Papolítico son superficiales. Lo que verdaderamente ocurre en este nuevo poemario de Meléndez es una representación más de la vieja y sabia filosofía de Guiseppe Tomasi de Lampedusa, el autor de El Gatopardo (1958). Este nos dice que todo debe cambiar para que todo permanezca igual. No todo cambia en la poesía de Meléndez; sólo cambia la superficie del texto: la escritura de algunas palabras, la distribución de los versos en la página, la tímida creación de un caligrama. Estos cambios apuntan a la confrontación entre la poesía oral y la escrita. Pero, en el fondo y a pesar de eso cambios que veo como superficiales, la poesía de Meléndez siguen fiel a los ideales de la neorrican. 

Papolítico es un poemario profundamente neorrican a pesar de esos cambios y aunque en algunos aspectos no lo parezca. Es por eso y no por sus cambios en la escritura y en la presentación de los poemas que hay que darle la bienvenida ya que viene a confirmar que el Renacimiento Neorrican aún está vivo.