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El trabajo y las personas en tiempos de pandemia

 

Especial para En Rojo

La tragedia de la pandemia muestra que la división de clases es cada vez más fuerte. En casi todo el continente latinoamericano y el Caribe, la pandemia provoca quiebra de empresas y disminución del trabajo. Sin embargo, organizaciones internacionales demuestran que los más ricos han multiplicado hasta tres veces sus beneficios.

En la sociedad actual, quienes pierden su empleo saben que no es una situación temporal. El desempleo es estructural. Las empresas se consideran sanas y rentables cuanto menos empleados contraten. Y lo más grave de todo es que esta situación es vista por muchos como normal o al menos inevitable. Los patrones se protegen de la pandemia, pero las empleadas domésticas y las personas que trabajan tienen que asumir los riesgos de viajar en autobuses atestados y garantizar el comercio y los beneficios de los patrones. El capitalismo sigue en su afán de mantener los organismos estatales a su servicio, de considerar la naturaleza como mercancía a explotar y de encontrar siempre nuevas formas de explotar el trabajo.

En estos días, la educación y muchas actividades se reducen casi siempre al trabajo virtual. Los educadores/as son explotados/as hasta la última gota  de sangre y no siempre reciben horas extras. Hay quien percibe que, en diversos campos y modalidades, el trabajo virtual toma casi la configuración de un servicio opresivo mal remunerado, más exigente y pesado que las formas clásicas de la enseñanza.

Por desgracia, la ideología neoliberal ha penetrado incluso en los ambientes de Iglesias y religiones. En su encíclica sobre la fraternidad universal, el Papa Francisco propone que se pase del mundo de los socios al mundo de los hermanos (FT 101). En este contexto, el 1 de mayo no puede ser sólo un día de trabajo, como si fuera una fecha para resaltar el valor del trabajo. Es la persona de los trabajadores que merece atención y cuidado, no sólo como individuos sino como categorías y colectivos.

El 1 de mayo sigue siendo una fecha simbólica que nos llama a cuidar la vida, la seguridad y la salud de las personas. Los que son cristianos recuerdan que el Evangelio llama a Jesús carpintero o artesano, término que se utilizaba en aquella época para designar a cualquier trabajador manual. Así, los hombres y mujeres que hoy asumen la misión de participar del mundo del trabajo saben que al luchar pacíficamente por transformar este mundo si hacen testigos de que realizan el proyecto divino  en la lucha de los pueblos por la justicia y la paz.

El autor es monje benedictino ha escrito más de 40 libros.

 

 

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