El violinista de aquella mañana de Revolución (2)

(segunda y última parte)

Testimonio de Eladio Lausell*

Los nacionalistas no fueron llevado directamente al cuartel, sino que fueron llevados por la calle Betances hasta la esquina de Washington, y allí fueron linchados.

Según me dijo Carlos Jordán, al que luego acusaron de haber disparado, había tres guardias nacionales con ametralladoras, apostados en esa esquina, uno en la esquina de Carlos, uno en la de Máximo y otro en la de la colecturía.

El profesor Rafael Vidarte fue quien avisó a la policía y dijo: “Ahí los traen”. Entonces, al ir a doblar la esquina, los tres guardias avanzaron y los fusilaron.

Según me dijo José Ángel, uno de los supervivientes que aún vive en Utuado, alguien dijo, “Tírense al suelo, que van a disparar.” Y entonces ocurrió la balacera.

Según lo que me dijo Pedro Matos, que vivía al lado de la clínica, había una ametralladora junto a su casa, que también disparó en dirección a la esquina de Máximo.

Otras personas dicen que el cabo Pardo estaba tendido detrás de un poste junto al Flamingo y también disparó con una carabina.

En el fuego cruzado entre ellos mismos, resultaron muertos un guardia nacional y un policía.

El profesor Rafael Vidarte resultó con heridas de perdigones un pie.

Según varias personas, la policía pasó un jeep sobre los caídos, y un sobreviviente debe la vida a haberse fingido muerto.

Provisionalmente, los arrestados eran llevado a los salones traseros de la Alcaldía.

Según me dijo Millo Cortes, allí los tenían esposados de dos en dos, y cuando alguno de ellos que ir a satisfacer sus necesidades corporales, el compañero tenía que ir con él. La primera noche que pasaron en la Alcaldía, estuvieron muy asustados, pues un jefe le dijo al centinela apostado en la puerta, “Como suene un disparo en la calle, me les limpia el pico a todos.”

Contaba Carlos Jordán, que el día que él, su esposa e hijo, fuero apresados, en el cuartel había un nacional que se jactaba diciendo que le había “limpiado el pico a tres.”

A Carlos querían fabricarle un caso, como él inició el tiroteo de la esquina de Máximo, todo porque Albizu había pernoctado una vez en su casa, que fue la noche en que don Pedro me contrató a mi y a Amor, un técnico de Bayamón, para que le grabásemos el discurso que él pronunció en la plaza, recién llegado de la prisión de Atlanta. Delante de Chu Goitía, don Pedro me pagó $80 por mi trabajo. El se llevó sus discos, pero yo tenía otras grabaciones de otros discursos que él había dicho por la radio, y eso luego me trajo varios problemas.

Carlos Jordán fue exonerado, porque las balas encontradas en los cadáveres, resultaron ser todas del ejército. Yo estaba al lado de Carlos, cuando su amigo, el Lcdo. Torres Gómez, le trajo el dictamen del médico forense.

El día que don Pedro se hospedó en la casa de Carlos Jordán, Pedro Matos lo fue a saludar. Pedro Matos era el presidente del PIP, y tan pronto como don Pedro lo vio, le dijo, “¿Cómo están las cosas, tocayo?”. Pedro le explicó que venía de los campos, de hacer la campaña del PIP, y don Pedro se río y le dijo, “¡Hay tocayo, si el campesino es puro no hay que trabajarlos!. Los que se vendan como cerdos son estos profesionales y pseudo intelectuales de los pueblos, que son los que tenían confundida a la ruralía.”

Pedro Matos sabía que habría de ser arrastrado, y se vistió pulcramente de blanco, desde los zapatos hasta la cabeza. Así, vestido como quien va para un baile, fue llevado a San Juan, al refugio de ancianos, donde ya había como 2,000 arrestados por sospecha. En esos días había llovido copiosamente, y el guardia nacional quería que Pedro se metiera por el fango, pero Pedro le dijo, “Métase usted si quiere; yo voy por la acera.”

Allí, estaba el fiscal José Aponte, hecho un energúmeno, y le preguntó a Pedro ¿si él era nacionalista?. Pedro le contestó que sí, que él era nacionalista cuando el propio fiscal Aponte también lo era, y cuando además lo era doña Inés Mendoza, la esposa del gobernador.

También preguntó Aponte a Pedro, si en Utuado había muchos comunistas, y Pedro le contestó, “Yo no sé como son los comunistas. Enséñeme un comunista, y yo le diré si en Utuado los hay.”

Bien, es el caso que Pedro Matos estuvo unos días preso en el refugio, y mientras permaneció allí, mantuvo allí en alto la moral de los demás presos, que ya estaban a punto de quebrarse.

Sobre los discos que yo grabé para don Pedro Albizu, me visitaron a mi escuela dos americanos del FBI. Querían saber el paradero de ellos. Yo les dije que como don Pedro los pagó, eran de él, y se los llevó. Eso fue todo.

Pero como al mes de los sucesos, fui de nuevo citado a la fiscalía de Arecibo por el entonces Lcdo. Porrata Doria, hoy fenecido. Fue el mismo interrogatorio de nuevo.

Genaro Negrón, que ahora vive en Río Piedras, tenía en Utuado un semanario llamadoArco Iris.Como independentista que era, el FBI allanó la imprenta que tenía en los Pinos, y se llevaron muchas colecciones de muchos años, dejándole firmados unos recibos. Como al mes fueron devueltos.

Genaro y yo resultábamos sospechosos, y la policía se valió de la siguiente estratagema para obtener nuestras huellas digitales. Y fue que el cabo Nieves nos invitó a formar parte de la Defensa Civil, nos llevó al cuartel, y allí nos tomaron las huellas, cosa que o se requería para el caso. Pero como Genaro y yo no habías tenido nunca arma alguna, nos las dejamos tomar, que si las hubiéramos tomado, tendrían que tomarles las huellas a los cadáveres, pues entiendo yo que nadie se decide a tomar un arma para jugar con ella.

Yo, realmente tuve una pistola una vez, en el campo Marín de Patillas. Eso era cuando yo tenía 24 años. La quería para defenderme, pues me gustaba tocar serenatas. Pero, cuando vi que no la necesitaba, porque todo el mundo me quería, la boté y nunca más volví a usar armas.

Esto es lo que vi y lo que me contaron, sobre la Revolución del año 1950, y donde pienso que Muñoz Marín dejó chiquito a Winship.

Astrid Raquel Cruz, maestra utuadeña, nos compartió este testimonio. Su madre, Raquel Negrón, custodió el documento por años. Al entregárselo, Astrid lo cuidó y pensó que ahora, a los 70 años de aquellos sucesos, era buen momento para hacerlo público. Agradecemos que haya confiad en nosotros ara ello.

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