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Elecciones 2020 y el nuevo mapa político-electoral en Puerto Rico

 

Puerto Rico amaneció el miércoles con el trazado de un nuevo mapa político-electoral, en el cual se plasma el camino hacia un nuevo consenso político en el País. En CLARIDAD, el único periódico en Puerto Rico que respalda la independencia, celebramos unos resultados que nos llenan de esperanza. El 14 % de los votos obtenidos por un independentismo fortalecido y pujante, bajo el liderazgo del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) y de su candidato a la gobernación Juan Dalmau Ramírez es el logro electoral más significativo en décadas para nuestras fuerzas patrióticas. Igualmente poderoso ha sido el respaldo masivo y contundente del electorado a la candidata independentista María de Lourdes Santiago en su aspiración senatorial, para la cual obtuvo la votación más alta entre todas y todos los aspirantes al Senado. El candidato a representante a la Cámara por el PIP, Dennis Márquez, también sumó más de 100, 000 votos directos para lograr su reelección.  Además, la colectividad independentista registró importantes avances a nivel municipal,  con varias de sus candidaturas municipales obteniendo resultados de doble dígito, según las más recientes cifras de la Comisión Estatal de Elecciones (CEE).

Por otro lado, son muy significativos también los logros obtenidos por el Movimiento Victoria Ciudadana (MVC), una agrupación política de reciente creación con una agenda de progreso y justicia social para nuestro pueblo. El empuje de la campaña de su candidato Manuel Natal en la contienda por la alcaldía de San Juan, la elección de sus cuatro candidatos por acumulación al Senado y la Cámara- algunos de ellos y ellas con largas trayectorias en las luchas sociales y de derechos humanos- y el posible triunfo de la licenciada Eva Prados en su aspiración a representar el distrito 3 de San Juan en la Cámara de Representantes son, sin duda, un importante paso de avance en la configuración de un nuevo mapa político-electoral en Puerto Rico, de mayor representatividad, diversidad e inclusión.

Los grandes perdedores de esta contienda fueron las agrupaciones del bipartidismo tradicional, el Partido Popular Democrático (PPD) y el Partido Nuevo Progresista (PNP). Estos demostraron que el decrecimiento en sus bases que comenzó a manifestarse en las elecciones del 2012  es un declive permanente que los ha convertido en partidos de minoría. Entre ambos acumularon apenas dos terceras partes de los votos emitidos, dejando atrás las súper mayorías con que uno y otro barrían electoralmente en sus mejores momentos.

Pedro Pierluisi, del PNP, a quien la CEE certificó preliminarmente como gobernador electo, llega a dicha posición con pocas garras. Sólo con el favor del 32% del electorado, y una delegación legislativa disminuida y cuestionada por la nube de corrupción y chanchullo que les arropa. El PNP también perdió en municipios poderosos, reduciéndose severamente su impacto municipal.  El gobernador Pierluisi habrá de caminar por una cuerda bien floja durante este próximo cuatrienio, tambaleándose entre dos polos hasta ahora irreconciliables: los intereses de la Junta de Control Fiscal y del gobierno de Estados Unidos, y los intereses del pueblo de Puerto Rico que padece unas necesidades reales y apremiantes, y se ha tornado intolerante ante el abuso y la corrupción.

El candidato del PPD, Charlie Delgado, acumuló solo el 31% de los votos, quedándose corto en su aspiración a la gobernación. Aunque su partido obtuvo la mayoría de los escaños legislativos y creció el número de alcaldías del PPD, su estructura de liderazgo central está muy debilitada, y no parece haber un cambio de estilo ni de liderazgo que apunte a una renovación. El hecho de que un 16% de los votantes del PPD manifestaran intenciones de votar Sí a la estadidad en el referéndum de Estadidad, Sí o No, demuestra cuán lejos se coloca una buena porción de su base,  de la originaria definición autonomista del PPD. Sin una posición clara sobre el estatus político de Puerto Rico ni un liderazgo vigoroso como partido de oposición, será difícil para el PPD sostener un rol  protagónico en el escenario político actual en Puerto Rico.

Los votos recibidos por el PNP y el PPD son apenas fracciones de lo que hasta hace poco recibían como las dos grandes y poderosas fuerzas políticas que controlaron el espacio electoral, y se  turnaron el gobierno y la administración del presupuesto de Puerto Rico por más de cinco décadas. Hoy, su herencia es la decadencia, y el peso que nos dejan su arrogancia,  incompetencia y corrupción, sumadas a la deuda pública impagable que nos lanzaron sobre nuestras espaldas. Por eso, es auspicioso y muy esperanzador lo ocurrido en estas elecciones de 2020,  en las cuales el pueblo puertorriqueño le ha dicho ¡Basta! a los dos colosos caídos, y ha reafirmado la tradición de lucha y resistencia que le permitirá reagruparse para vencer.

 

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