En picada la producción del café boricua

 

Por Cándida Cotto/CLARIDAD

ccotto@claridadpuertoricvo.com

“Con el café están siguiendo el mismo patrón que siguieron con el tabaco. En el 1956 pasó un huracán, Santa Clara, que no fue un huracán, fue una pequeña tormenta, pero esa fue la excusa para comenzar a darle la estocada al tabaco. Con el café están haciendo lo mismo”.

Así nos lo advierte Luis R. Méndez, ante la incursión de grandes empresas y de otros intereses del exterior, tanto antes como luego del paso del huracán María. Más aun, debido a la falta de atención por parte del gobierno al sector agrícola cafetalero. 

Méndez, quien es miembro de la Junta de Directores de la Cooperativa Agro Comercial (CAC), productora del Café Cibales, se remontó a recuerdos de su niñez y narró que tras el paso de la tormenta Santa Clara, su abuelo, luego de ver que tumbó todas las matas de tabaco le dijo: “Lo mejor está por venir”. Pero esa frase que han acuñado algunos políticos, en el campo lo que quiere decir es lo contrario: “Lo peor es lo que viene”. De ahí en adelante, la industria tabacalera fue en decadencia porque el Gobierno no le prestó atención y no le dio los incentivos y protecciones que el tabaco necesitaba. Lo mismo está ocurriendo ahora con el café, afirmó.

El enamorado de este grano de oro explicó que el café de Puerto Rico tiene todas las características necesarias para ser el mejor café del mundo, debido a nuestra localización en el paralelo 18, que divide al globo terráqueo. Casi todos los países que tienen una mejor producción de café están en esta latitud; entre estos: Vietnam, Jamaica, una parte de México y Hawái. “De ahí hacia abajo, se da café; pero no tiene las mismas características, que es el terreno, los vientos alisios, la localización del globo terrestre, y cómo el sol le da a esta latitud en particular, que hace que el café sea uno mucho mejor”.

En la isla hay dos tipos de café: El café arábigo y el café robusta. El café arábigo se da bajo sombra en la montaña. Esta semilla es más lenta y se produce menos; pero su gusto, su sabor es mejor. Este es café de monte, que es el que se siembra en los pueblos de la montaña como Ciales, Jayuya, Utuado, Las Marías, Maricao, Yauco y Lares. Requiere más atención y más manos para recogerlo.

En cambio, el café robusta es un cafeto de sol, es mucho más fuerte en cafeína y es más acido. Este café no necesita mucha mano de obra, es accesible y se siembra en llano, por lo que no es un café de primera. Dado a que su producción conlleva menos trabajo y dinero que la del café arábigo, Méndez le atribuyó a estas características la incursión de la firma Coca Cola, a través de Puerto Rico Coffee Roaster, en la industria del café, a tal punto de que ya ha comprado casi todas las marcas que se producen en la isla. “Tiene casi un monopolio, y el Gobierno les está facilitando terrenos para sembrar café robusta”, denunció.

En tono enfático criticó que el Gobierno le esté dando incentivos grandísimos a la Coca Cola para que desarrolle la industria del café robusta. Esto augura que se quiere matar la industria cafetalera de la montaña. Mientras, a los agricultores que producen café en la montaña, el Gobierno no les está dando la atención necesaria. No hay caminos apropiados, falta la electricidad, el agua, la mano de obra y no hay incentivos para poder tener más mano de obra y que se pague mejor. “En una finca de 100 cuerdas, en el pico de la cosecha para la recogida, se requiere mucha gente”.

Aunque reconoció que desde antes de María ya la industria del café estaba mal, indicó que la competencia en Puerto Rico es una totalmente desleal. Expuso que hace unos meses, varios representantes de 18 cooperativas agrícolas se reunieron con el secretario del Departamento de Agricultura (DA) Carlos Flores y este les reveló que el Gobierno le había asignado un presupuesto de $17 millones para la agricultura y que él “solo aceptó siete para ayudar al país”. En cambio, denunció Méndez, a la empresa Monsanto le han dado $500 millones en incentivos. En la reunión, los agricultores le solicitaron al Secretario que les dieran los mismos incentivos que se les están dando a los grandes empresas agrícolas, y Flores les contestó que eso no podía ser, que había que hablar con el Departamento de Hacienda. “Ante el porqué de a ellos sí y a nosotros no, no nos dio explicación ninguna”, comentó. También le pidieron la celebración de una feria en el Centro de Convenciones, como se les hizo hace unos meses a los agroempresarios, y el secretario se negó. Incluso llegó a decirles que él no creía en el cooperativismo.

Por su parte, el subtesorero de la Junta de Directores de la Cooperativa Agro Comercial desmintió que los llamados agroempresarios sean agricultores. Por el contrario, dijo que son compañías que están importando productos agrícolas para vender en la isla bajo la marca “Productos hecho en Puerto Rico”. 

Añadió que en esa línea de competencia desleal, en efecto, las marcas extranjeras están comprando terrenos y les están comprando el café a los agricultores, pero que no hay controles de pagos que digan que el producto se deba comprar a determinado precio. El agricultor se encuentra en la situación de que no puede regatear el precio y, ante la necesidad de salir del producto para que no se pierda o se dañe, tiene que ceder al precio que le ofrecen. Méndez expresó que nadie respalda al agricultor, no hay legislación que le favorezca y tampoco hay inspectores de agricultura.

Una vez más, Méndez comparó el derrotero que le espera al café con el que tuvo la industria del tabaco. “Mira el camino que se está viendo. Al sembrarlo en la costa van a inundar el mercado con café robusta y el Gobierno va abandonar el café de primera, que es el de la montaña. Al abandonarlo, nos vamos a tomar ese café; pero mañana, ¿quién nos asegura que este también abandone y se comience a traer café de afuera y maten la industria, como lo hicieron con el tabaco? Aquí se empezó a destruir la industria del tabaco cuando dejaron de comparar a los agricultores locales y comenzaron a traer tabaco de Luisiana, de Nueva Orleans. Esa es la historia”.