Episteme líquida o crítica de la razón colonial en Memorias de Bernardo Vega

Especial para En Rojo

Desde los espacios revolucionarios de los talleres de tabaqueros en New York, Bernardo Vega despliega saberes y encamina prácticas sociales y políticas deslegitimando el engranaje homogeneizador del capitalismo y abogando por justicia social. Al enfocar el empobrecimiento y la precariedad signados sobre los cuerpos de incontables inmigrantes, el líder tabaquero descalifica idearios de poder que estructuran la normalidad estadounidense y que justifican la depredación política global. implícitamente, problematiza la naturaleza líquida, transitoria y contingente de discursos dominantes, justificaciones doctrinarias de las múltiples modalidades de violencia institucional que operan al servicio del capital.

De su rememorar surge que las comunidades de inmigrantes de New York desarrollaron epistemes con el fin de sobrevivir en un medio social inhóspito y mejorar sus condiciones de vida. El cayeyano expone las contradicciones que supura la llamada economía de mercado y propone saberes descentrados que territorializan y conjugan las experiencias y las esperanzas de la clase trabajadora. En esta ponencia, epistemes significa saberes nutridos por experiencias intelectivas y vivenciales. Vega deconstruye los sistemas de creencia hegemónica y propone prácticas políticas y una filosofía de vida inclusiva que catalizarían una profunda transformación posibilitando una vida digna para todos los seres humanos.

Zygmunt Bauman conceptualiza la fluidez, lo inestable, lo efímero precarizando la existencia de los seres humanos como modernidad líquida. Términos estables como ética, poder y religión, entre otros, afirma Bauman, han perdido sus implicaciones redentoras ante el irrestricto avance de prácticas políticas y sociales neoliberales. Como pregunta Bauman retóricamente: “¿acaso la modernidad no ha sido ‘fluida’ desde el principio?” (9). Recordando a Max Weber, el filósofo responsabiliza a la modernidad líquida por haber obliterado compromisos éticos, desarticulado la solidaridad social y centrado el lucro como fin social. Esa es la realidad que encaró Bernardo Vega al llegar a New York en 1916.

Como sabemos, Vega cuestiona la situación colonial puertorriqueña y el capitalismo liberal. Devela la metafísica inherente a la episteme colonial, conjunto de saberes imaginarios anclados sobre la despersonalización de los sujetos colonizados y el presunto papel civilizador de la potencia interventora. Expone la insipidez semántica de vocablos como patria, justicia e igualdad contrapuesta a la irrefutable evidencia ofrecida por la experiencia vivida. Las angustias, las injusticias, el discrimen y la explotación laboral sufridos por muchos inmigrantes en ese tiempo contradicen los imaginarios hegemónicos y descubren la realidad empírica. Descubre el cariz ideológico y las contradicciones en conceptos presuntamente asépticos como democracia.

Como dicen Ricardo Campos y Juan Flores, la migración surge de “…los dictados de una planificada política imperialista que impulsaba a contingentes de sus compatriotas proletarios a desplazarse en sucesivas oleadas migratorias” (323). En 1914, el gobernador colonial en Puerto Rico, Arthur F. Yager, propuso la emigración de los puertorriqueños como solución, no a las serias desigualdades provocadas por el doble eje de opresión colonial y capitalista, aun más agudas para las mujeres y los afropuertorriqueños empobrecidos, sino como solución a la raíz imaginaria del problema: la sobrepoblación. Es decir, Yager responsabiliza a los sujetos coloniales de haber creado sus propios males socioeconómicos mediante su presunta hipersexualidad. Este el núcleo de la episteme colonial: los puertorriqueños son incultos, incivilizados, ahistóricos. Su incapacidad y sus deficiencias mentales y genéticas generan su propia miseria.

Al llegar a New York por vez primera, su mirada percibe una urbe estrambótica y amorfa contrapuesta a la nitidez coherente manufacturada por el mercadeo turístico. Descubre una flagrante contradicción entre la riqueza material de la nación y la pobreza estructural de sus espacios públicos (24). Al tomar el tren en el bajo Manhattan hacia su destino, el recién llegado trata de absorber las particularidades de esos entornos novedosos. Desengaño encarna su primera impresión. La metrópolis preconcebida colapsa ante la crudeza de lo que observa: “Los rascacielos se me figuraban altos panteones. Y yo me preguntaba: ‘Si Estados Unidos es tan rico, ¿por qué su más grande ciudad parece tan grotesca?’” (24). Vega desdibuja la New York imaginada y recrea una ciudad armonizada con la interpretación crítica de lo que observa. Advierte el carácter mítico de la urbe vinculándolo a un super imaginario o The American Dream, idealización fundada sobre estrategias metonímicas de mercadeo que no logran engañar al cayeyano. Su reflexión sobre el ambiente urbano evidencia las incongruencias entre la ciudad idealizada y la ciudad trenzada por diversos conflictos sociales agudizados por la atomización social que le caracteriza.

En este sentido, el líder tabaquero sintetiza sus saberes para interactuar con los individuos que componen su red social solidaria y políticamente comprometida. Desnaturaliza las formas de conocimiento totalizantes y acciona su propia dialéctica. Se construye como actor social mediante prácticas políticas, sindicales y culturales. Trabajando desde el interior de diferencias epistémicas, confía en su razonar teórico y ejemplifica un ethos igualitario contrapuesto al tren arrollador de la modernidad contradictoria, aleación de procesos históricos y sociales que comprenden desde la centralidad del ser humano en la historia y de la razón ilustrada hasta el brutal imperialismo europeo. Kurtz, personaje en la notable novela Heart of Darkness de Joseph Conrad, reflexiona sobre su vida y sobre la brutalidad británica que presenció en África, susurrando: “El horror…el horror”. A raíz de ese saqueo inmisericorde de vidas y de recursos, Charles Darwin consideraba a los neandertales éticamente superiores a sus contemporáneos británicos. A modo de virtud suprema, Bernardo despliega saberes operando al servicio de la humanidad trascendiendo barreras políticas y geográficas.

Bernardo Vega encarna saberes populares, resignifica prácticas culturales dominantes desde una perspectiva subalterna, desestabiliza dualidades insidiosas como estadounidense/puertorriqueño, participa en las controversias de su tiempo espacio y reflexiona sobre sí mismo y sobre su lugar en la sociedad y en el mundo. Su conocimiento rebasa los límites disciplinarios que imponen voces autorizadas desautorizando las voces de la gente común. Rechaza la autorización del saber de augustas instituciones académicas o profesionales validando lo que se aprende en la calle, en el barrio, interactuando con los demás, lidiando y aprendiendo con contingencias que requieren respuesta rápida. En síntesis, estos saberes significativos son practicados y enunciados por “Gente con minúscula”, como ironiza Juan Flores (148).

Bernardo se autoriza a sí mismo. Contrapone el conocimiento regulador al conocimiento emancipador, lo monocultural a lo plenamente diverso, su presunta inexistencia a su presencia esclarecedora. Después de todo, los saberes autorizados y los desautorizados parten de un lugar común: la ignorancia. Ambos tratan de subsanar la brecha entre desconocer y conocer. En el capitalismo, la episteme hegemónica es sólida, representa imaginarios ahistóricos que eterniza las relaciones desiguales de clase que fomenta. Sin embargo, al desmantelar las condiciones de vida de la clase trabajadora, se torna líquida, se accede a la nada propia de la inseguridad social. Empleo seguro, un salario digno, la educación, el retiro, la salud y el sagrado derecho al techo se tornan insustanciales, fluyen indetenibles entre las grietas de existencias desvencijadas para reconvertirse en sólidos al amparo de hedge funds y otras travesuras del capital. Lauren Lauder, una maestra de Detroit de 33 años, informa el New York Times en su edición del 21 de mayo del 2021, perdió a su padre por el Covid y enfrenta facturas médicas totalizando un millón de dólares. Como evidenció el cineasta estadounidense Michael Moore en su documental Sicko, Estados Unidos tiene el peor sistema de salud de los llamados países desarrolladores. Inscribe en el cuerpo y en la mente de esta educadora la modernidad líquida su pavoroso poder corrosivo.

Volvamos por un momento a la modernidad porque creo que debe considerarse una relación dialógica que, implícitamente, entabla Bernardo con figuras relevantes del siglo XIX. La conversación con Marx y con Engels es evidente. Pero no así con otros pensadores de ese siglo. “Experience”, dice Immanuel Kant en Critique of Pure Reason, “is an empirical cognition that determines an object through perceptions” (295). Por separado, Kant y Vega proponen un sujeto capaz de pensar su lugar en el mundo, de racionalizar su situación existencial. Instalados en una modernidad oposicional, estos dos pensadores, un puertorriqueño y un alemán, cristalizan una ruptura que discurre por senderos diferentes.

Kant evidencia los límites de la razón pura desmitificando argumentos metafísicos que intentan prescindir de la experiencia humana. Más aun, el genial filósofo evidencia que, en gran medida, la mente estructura la realidad procesando y codificando el insumo de los sentidos. Por lo tanto, no podemos conocer a Dios; solo podemos experimentar lo que catalogamos como manifestación divina. En su ensayo, “¿Qué es la Ilustración?” Kant habla sin ambages:

La ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad

significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía de otro. Esta incapacidad es culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia sino de decisión y valor para servirse por sí mismo de ella sin la tutela de otro… ¡Ten el valor de servirte de tu propia razón!: he aquí el lema de la Ilustración.

En ese sentido, Kant y Bernardo confían en lo inevitable del progreso moral, obliterador de todas las formas de opresión. Desde la perspectiva posmoderna, Kant podría descartarse como un conservador, enemigo de las revoluciones. Sin embargo, Kant calificó la instauración de la república francesa como “…día memorable”. Le expresó a un colaborador “that all the horrors that took place in France were nothing compared to those that people had suffered under a despotic regime, and that the Jacobins were probably right in all their actions” (Ypi 265). O como expone Ypi: “Kant then identifies a sign of moral progress in enthusiasm, the attitude of those who take side in favour of the cause of the whole humanity, and who raise themselves above particular interests even at the cost of sacrificing their lives” (270).

Sus memorias cierran con una detallada descripción de una episteme particular, un saber técnico: examinador forense de documentos. En 1942, Bernardo consigue trabajo en la Oficina de Censura Postal. Vega contextualiza ese momento recordando la presencia conspicua de submarinos nazi en el Caribe. Analizando una valija diplomática que llegó a su mesa de trabajo, este examinador forense puertorriqueño descubrió certificados de nacimiento falsos emitidos en pueblos de España y de Portugal remitidos a oficinas de abogados en México, Buenos Aires y Rio de Janeiro. Bernardo explica la importancia del hallazgo y rememora que América Latina figuraba prominentemente en los planes nazi hasta el punto de concebir una República Austral Suramericana: “…me satisface haber contribuido en algo a la victoria de los pueblos contra las potencias nazifascistas” (258).

De modo que Vega concebía también su trabajo como parte de un esfuerzo global para detener las fuerzas fascistas. En este sentido, su acumen resultó ser históricamente certero. Documentos desclasificados por la administración del expresidente Barack Obama confirman que Augusto Pinochet recibió asistencia de antiguos oficiales nazi en la implementación de la brutal operación Condor. La Operación Condor proponía destruir a los opositores políticos de los regímenes de derecha en América Latina. Esta operación política sanguinaria contaba con el aval del gobierno estadounidense.

Su aventura más extraordinaria, como diría Vega, consistió en identificar numerosas cartas falsas que daban cuenta de conspiraciones inexistentes para derrocar a Francisco Franco. Las cartas aparecían firmadas por líderes españoles antifranquistas. El plan, deduce Vega, consistía en accionar el poder represor del régimen contra esos desafectos políticos. Escuchemos a un orgulloso Bernardo Vega: “Conseguí firmas auténticas de los lideres españoles, obligué a los jefes superiores a traer un calígrafo, y se comprobó que las cartas eran apócrifas. Pude así lograr que no llegaran esas cartas criminales a su destino” (259). Esta episteme técnica, en efecto, salvó la vida de activistas antifranquistas.

En sus notables memorias, Bernardo Vega nos permite apreciar el espíritu inquebrantable de un hijo ilustre de Cayey y de al menos dos generaciones de inmigrantes hispanohablantes, quienes convirtieron las desventajas en acicate de lucha. El tabaquero testimonia las complejidades de diversas luchas, en lenguaje coloquial, irónico, inquisitivo, humorístico. Como se pregunta Juan Flores, traductor de las Memorias al inglés, en su prefacio: “What would Puerto Rican working-class experience be without the humor and picaresque irony, the humility and determination, the singular tribulations and triumphs of everyday life?” (10). Su generación, para tomar un término suyo, desbrozó el camino. Prefirió la ruta menos transitada y entregó todos sus haberes materiales en aras de un mundo receptivo a todos. Muestra la contradicción suprema que le humaniza: amante del buen ron y de mujeres interesantes, adopta un estilo de vida asceta. Se reconcilia con el mundo, a su manera, sin deponer sus idearios. Opta por una especie de viaje a la semilla, el regreso freudiano a la paz que propicia el seno materno. Se sacude la hojarasca saturada de egos insatisfechos, de envidias vulnerables, de agendas maliciosas. Remueve la arena de sus sandalias, y, resuelto, decide regresar a su verdadero hogar, satisfecho de haber cumplido con su deber: “¡Vuelvo a mi chinchal!”, nos dice en este extraordinario testimonio que rezuma integridad, solidaridad y patriotismo. El momento histórico que vivimos requiere que vayamos a buscarle al chinchal. No se hará de rogar.

Este es un fragmento de una ponencia leída en el Primer simposio de historia y literatura de las diásporas puertorriqueñas el 25 de mayo de 2021 auspiciada por la facultad de Estudios Generales y la Biblioteca y Centro de Investigación Social Jesús T. Piñero de la Universidad Ana G. Méndez, recinto de Carolina. 

 

 

 

REFERENCIAS

Bauman, Zygmunt. Modernidad líquida. México, Fondo de Cultura Económica, 2003. 

Campos, Eduardo, et al. “Migración y cultura nacional puertorriqueñas: perspectivas proletarias.” Antología del pensamiento crítico puertorriqueño contemporáneo, editado por Anayra Santory Jorge and Mareia Quintero Rivera, CLACSO, 1979, pp. 303-354.

Darwin, Charles. The Origin of Species. En Darwin. Ed. Phillip Appleman. New York: Norton, 1979. 

De Sousa, Santos. “Las ecologías de saberes.” Construyendo las Epistemologías del Sur Para un pensamiento alternativo de alternativas, Volumen I. Madrid: Morata, 2017, pp.237-263.

Foucault, Michael. The Archaeology of Knowledge. Trad. By A.M. Sheridan. New York, Pantheon Books, 1972.

Kant, Immanuel. Critique of Pure Reason. Trans. And Ed. By Paul Guyer and Allen W. Wood. Cambridge, Cambridge University Press, 1998. 

Memorias de Bernardo Vega. Editadas por César Andreu Iglesias. San Juan, Ediciones Huracán, 1997. 
Moffat, Ken. Postmodern Social Work. New York, Columbia University Press, 2019.

Steinbeck, John. The Grapes of Wrath. New York, Penguin, 2002.

Ypi, Lea. “On Revolution in Kant and Marx”. Political Theory, Vol. 42 (3), 2014, pp. 262-287.

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