Ernesto Cardenal: Profeta e la liberación de su pueblo

El dinamismo pastoral y teológico de liberación que se vivió durante las décadas de los `60 y `70 se enfrentó a una nueva realidad con la llegada del papa Juan Pablo II.1  De forma que la década de 1980 significó un freno aún más fuerte para las aspiraciones de la Iglesia católica rebelde y popular en América Latina y el Caribe, en medio de un panorama incierto para una región que continuaba al margen del desarrollo social y económico.  

Los `80 fueron descritos por el estudioso Demetrio Boersner como un período en el que América Latina y el Caribe, y todas las regiones en desarrollo, vivieron un estancamiento y retroceso profundos.2  Según este, durante esta época se endureció la actitud de los centros hegemónicos, lo que aumentó la dependencia entre estos y las periferias.  Algo parecido esbozó el profesor panameño Nils Castro, quien asegura que las dictaduras de seguridad nacional fueron sustituidas por las democracias neoliberales.  A título de servir al pago de la deuda externa, combatir la inflación y obtener financiamiento para salir de la depresión económica, estas supuestas democracias impusieron reformas económicas dispuestas por los organismos internacionales.3

Maurice Bishop, para aquel entonces primer ministro del Gobierno de Granada y posteriormente ejecutado durante un golpe de estado apoyado por la CIA, trazó un perfil distinto sobre el nuevo escenario que se avizoraba para el 1980.  En La Habana, el 1 de mayo de 1980, pronunció un discurso en el cual dijo que los gobiernos latinoamericanos y caribeños debían prepararse ante la nueva amenaza y campaña de terror e intimidación por parte del gobierno estadounidense.  Bishop manifestó: “… ya no es a través de la intervención directa, a veces descansan más en el control y la manipulación, en la utilización de la amenaza de la fuerza, en las técnicas de desestabilización y en la utilización de la presión diplomática…”4

No hay duda de que el papa Juan Pablo II le dio una buena promoción a la Iglesia católica.  Por cierto, fue uno de los más grandes comunicadores del siglo XX.  A través de sus veintiséis años y cuatro meses de pontificado, cientos de viajes, millones de palabras escritas, sermones, encíclicas, libros, videos, discos y demás, Juan Pablo II se convirtió en un líder indiscutible del catolicismo mundial. 

Sin embargo, la llegada de este nuevo papa, el 16 de octubre de 1978, afectó de forma avasalladora el discurso y praxis de los curas, religiosos, religiosas, seminaristas y laicos que profesaban una pastoral de liberación.  Este líder católico devolvió a la Iglesia la ortodoxia que el Concilio Vaticano II trató de flexibilizar, colocó nuevamente los temas místicos por encima del hombre y, por su particular lucha contra el comunismo, cercenó la expansión de la Teología de la Liberación.

Juan Pablo II, que visualizaba la realidad desde su cosmovisión polaca, desplazó a obispos comprometidos con la lucha social, designó en posiciones importantes a religiosos distanciados con las nuevas ideas que bullían en la Iglesia, clausuró instituciones teológicas y sancionó a sus docentes, a juicio del teólogo Leonardo Boff.  A uno de los obispos que cuestionó, por su gran apego al derecho de los indígenas a la tierra de la Amazonía, fue a Pedro Casaldáliga, natural de España, pero radicado en São Félix do Araguaia, Brasil, desde finales de los `60.5

La década de 1980 discurrió y se hizo más patente el poder de las estructuras jerárquicas de la Iglesia.  A principios de marzo de 1983, una imagen en la que Juan Pablo II reprendía al poeta y monje trapense Ernesto Cardenal le dio la vuelta al mundo.6  Y es que para esos días se manifestaba con mucho esplendor la experiencia eclesial progresista de la llamada iglesia popular, 7 y la Revolución Sandinista resistía vigorosamente a las fuerzas contrarrevolucionarias en Nicaragua apoyadas por Estados Unidos,  cuya intención era “liberar” a ese país que se consideraba víctima de la agresión cubana y soviética, según los estudiosos Richard Harris y Carlos M. Vilas.8 De hecho, la Revolución Sandinista, fue la realización más relevante de las izquierdas latinoamericanas después de la Revolución Cubana.

Baste recordar que ese país centroamericano, producto de su enorme influencia con el catolicismo, experimentó un proyecto con el cual la religión había contribuido a hacer posible el triunfo de la revolución y la unión de propósito entre ambos conceptos “religión-revolución” se concretó en el momento en el que se designó, para formar parte del gobierno nicaragüense de reconstrucción nacional, a tres sacerdotes: Ernesto Cardenal, Fernando Cardenal y Miguel de Escoto.9  

A su llegada al aeropuerto, el papa se encontró con una pancarta que rezaba: “Bienvenido a la Nicaragua libre gracias a Dios y a la revolución”.10  En medio de su visita a aquel país imbuido con efervescencia revolucionaria, Juan Pablo II se halló frente a frente con el cura Ernesto y este último se postró de rodillas y le besó las manos.  Acto seguido, el papa, con el dedo índice de la mano derecha, le hizo gestos de reproche al entonces ministro de Cultura.  Cuando se acercó el papa, Cardenal hincó una rodilla en el suelo y tomó su mano para besársela. Juan Pablo II, con su rostro airado, se la retiró. Y cuando el sacerdote le pidió la bendición, el papa polaco, señalándolo amenazador con el índice de su mano derecha, le dijo: “Antes tiene que reconciliarse con la Iglesia”.  Desde entonces, el sacerdote poeta fue suspendido “A divinis”, lo que implicaba la prohibición de ejercer como sacerdote.11

Esa escena fue la manifestación más pública del conflicto entre Cardenal y la jerarquía católica por causa de su compromiso con la Revolución Sandinista.12  El sacerdote nicaragüense estuvo sin ofrecer misas y sin dar los sacramentos durante más de tres décadas. El intento de acallarlo y el trato recibido por el papa fueron golpes muy duros para la vida religiosa del cura sandinista. 

No obstante, Juan Pablo II no pudo detener su labor pastoral ni tampoco pudo frenar el compromiso de este sacerdote con los pobres y desafortunados de América Latina.  Su trabajo misionero a favor de los más necesitados no se apagó, por el contrario, su discurso y praxis de liberación se convirtieron en herramientas de amor, de cuestionamiento, de lucha continua y de esfuerzo por mejorar las condiciones estructurales de su pueblo. 

Definitivamente, la historia se encargó de colocarlo en el sitial que se merecía gracias a un sinnúmero de reconocimientos y distinciones recibidas a través de todos estos años. En 2019, el papa Francisco le levantó el castigo, lo que ayudó en algo a resarcir el daño recibido por la jerarquía católica romana bajo los tiempos de Juan Pablo II.   Aunque el pasado domingo Ernesto Cardenal falleció en Managua a los 95 años, su impronta fue clara y convincente:  el espíritu de lucha por la patria amada le permitió convertirse en una voz profética y liberadora.  

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El autor es historiador y maestro de escuela secundaria en Villalba

1 Con 99 votos de los 111 cardenales reunidos en la Capilla Sixtina, Karol Wojtyla fue elegido nuevo pontífice el 16 de octubre de 1978.  Wojtyla adoptó el nombre de Juan Pablo II.

2 Demetrio Boersner, Relaciones internacionales de América Latina: Breve historia (Caracas: Editorial Nueva Sociedad, 1982), p.  16.

3 Nils Castro, Las izquierdas latinoamericanas en tiempos de crear (San Juan: Editorial Patria, 2016), p.

4 Maurice Bishop, “Lo que hoy hace temblar al imperialismo”, en Ulises Estrada y Luis Suárez, eds., Rebelión tricontinental. Las voces de los condenados de la tierra de África, Asia y América Latina (La Habana: Ocean Sur, 2006), p.  224.

5 Joan Guerrero, “48 horas con Pedro Casaldáliga, el teólogo de la Liberación que vive con los indígenas en la Amazonía”, El Mundo, 21 de febrero de 2018, tomado el 28 de agosto de 2019; disponible en https://www.elmundo.es/cronica/2018/02/21/5a873cf7ca4741011c8b4697.html, Internet.

6 Para este tiempo, Ernesto Cardenal vivía en una de las islas del archipiélago de Solentiname, en el centro del Gran Lago de Nicaragua.  Allí se dedicaba a cultivar la tierra, pescar, escribir, orar, predicar el Evangelio y ayudar a los campesinos del lugar, en Efrén Rivera, “Ernesto Cardenal: ¿Profeta de un nuevo cristianismo?”, Avance, 6 de mayo de 1974, p.  52. Para conocer más sobre la vida de este sacerdote y de la Teología de la Liberación, véase Ernesto Cardenal, La santidad de la revolución (Salamanca: Ediciones Sígueme, 1978).

7 Juan Arias, “El Papa condena en Managua la Iglesia popular y Ortega arremete frontalmente contra Washington”, El País, 5 marzo de 1983, s.  núm. pág.

8 Richard Harris y Carlos M. Vilas, Nicaragua a Revolutions under siege (Londres: Zed Books, 1986), p. 204; en Raymond Rollocks Rivera, tesis doctoral del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, 2019. 

9 Luis Nieves Falcón, “Religión y revolución en Nicaragua”, en Luis Nieves Falcón y Wenceslao Serra Deliz, eds., Nicaragua: entrega a la lucha, la vida y la esperanza (Miramar: PEN Club de Puerto Rico, sin año), p.  51. 

10 Juan Arias, “El día en que el Papa se enfrentó a los sandinistas”, El País, tomado el 23 de agosto de 2019; disponible en https://elpais.com/internacional/2018/07/20/actualidad/1532095563_875303.html, Internet.

11 Jesús Bastante, “Ernesto Cardenal: el cura poeta maldecido por Juan Pablo II y que abandonó la revolución sandinista”, Religión Digital, tomado el 28 de agosto de 2019; disponible en eligiondigital.org/el_baron_rampante/ernesto-cardenal-juanpablo-bergoglio-francisco-condena-sandinista_7_2099859996.html, Internet. 

12 Arturo Wallace, “Muere Ernesto Cardenal, el `poeta, sacerdote y revolucionario`, símbolo de la poesía y la rebeldía de Nicaragua”, BBC News Mundo, 1 de marzo de 2020; disponible en https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-47605357