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Es Navidad, a pesar de la pandemia

 

 

Especial para En Rojo

En diversos países del mundo, la pandemia revela una nueva fuerza de contaminación y aumento de número de personas muertas. Por eso, se evitan fiestas y confraternizaciones de final del año. Por toda la América Latina y Caribe, tendremos que celebrar la Navidad en grupos restrictos y comunidades pequeñas. Muchos piensan que, frente al sufrimiento humano de tanta gente, no hay motivos de hacer fiestas. Sin embargo, celebrar no es solo conmemorar victorias. Es también expresar resistencia y subrayar una nueva realidad que deseamos. En el mundo actual, la pandemia hace que millones de personas pierdan su trabajo y se sumerjan en extrema pobreza. Pero la misma pandemia provoca que 42 personas de las más ricas del mundo aumenten sus intereses en millones de dólares.

Esta realidad social y política pide que retomemos el sentido original de la celebración de la Navidad. Esta fiesta no fue creada para hacer conmemoraciones de cumpleaños de Jesús y si para afirmar que Dios asume la realidad humana. Quiere hacer del mundo actual el pesebre de su nueva inserción en la humanidad. Más que predicación religiosa, celebrar la Navidad supone expresar el amor a la vida. Recordamos la Navidad de Jesús en Belén para presenciar hoy la Navidad del Cristo cósmico. Así, podemos ver la presencia divina en la naturaleza, en los seres vivos y en la historia de nuestro pueblo, principalmente la gente más pobre y vulnerable.

Lo que la celebración de la Navidad viene a decirnos es que nuestro Dios viene en forma humana, o sea, a través de nosotros. Cada uno/una de nosotros es como María a recibir el anuncio de que estamos embarazados de un nuevo modo de ser que nos transforma interiormente y debe cambiar el mundo. Así, si aceptamos renovarnos interiormente, tendremos luz y fuerza para crear una alianza de toda la humanidad en favor de la vida y encontrar las vacunas eficaces en contra de las muchas pandemias que necesitamos vencer: la Covid 19, pero también la pandemia de la indiferencia al otro, del individualismo y de una economía que mata. En la Argentina de los anos 1920, Mercedes Sosa cantaba su Canción de cuna navideña: “Todos tan alegres, llegó Navidad y en mi rancho pobre, y en mi rancho pobre tristeza sonó igual.No llores mi niño, ya no llores más que nadie se acuerda, que nadie se acuerda que no tienes pan. Allá en un pesebre, dicen que nació un niñito rubio, rubio como el sol. Dicen que es muy pobre, pobre como tú, destino de pobre, destino de pobre, destino de cruz”.

Quien quiera oír la música en you tube: https://youtu.be/iRoc1WBmNrk– Mercedes Sosa

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.

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