Esta semana en la historia

La próxima vez tendrán que llevarse la pared completa

Como parte de la Insurrección Nacionalista de 1950, una historia que si no tuviera testigos, sería leyenda.

Ñin Negrón fue un naranjiteño que luchó en la Segunda Guerra Mundial en el 65 de Infantería, el racismo genocida que padeció en el ejército le clarificó lealtades y en su uniforme de soldado fue a visitar a Pedro Albizu Campos al hospital Columbus en EUA, por lo que fue disciplinado por sus jefes.

De regreso a Puerto Rico ingresa al Partido Nacionalista, y fue el organizador de una guerrilla que en la Insurrección 1950 batalló en Naranjito desde el 30 de octubre hasta por lo menos el día 7 de noviembre.

Como el estado no podía dar con Ñin y la guerrilla -estaban amparados tanto por la comunidad como por la naturaleza- recurrieron a reprimir a su familia. Y como en otras familias boricuas, el legado de heroismo, no solo fue de Ñin. Leemos escrito por su hermano:

“En un día lluvioso de noviembre de 1950, al atardecer, el ‘Jincho’ de Eulogio, Rafael López, un joven del Barrio que para ese entonces tendría menos de 18 años de edad, llega a casa corriendo, asustado, y con mucha prisa. Le dijo, casi le grita, a mi viejo, quien estaba sentado en el balcón de la casa: -‘Don Che, Don Che, viene la Guardia Nacional y la policía; son muchos, bien armados en busca de Ñin.’

“Tan pronto dio el mensaje salió corriendo y se perdió de nuestra vista. Casi inmediatamente, nuestra casa fue rodeada por efectivos militares y policiales. Recuerdo las bayonetas, los cascos de metal y el uniforme verde olivo. Un ejército.

En la casa nos encontrábamos mis viejos, mi hermana Laura con su hijo José Ramón, de pocos meses de nacido. Su esposo, don Tito Negrón, se encontraba en Corea como soldado del mismo ejército que rodeaba nuestra casa.

“También estaban mis hermanas, Elba y Aida, que para ese entonces tendrían doce y diez años respectivamente, y mi sobrino Felito, unos dos meses menor que yo, hijo de mi hermano Felo. Yo aún no tenía cuatro años de edad.

“Mi vieja, Doña Rosa, nos tomó a Felito y a mí de la mano y nos llevó al cuarto de dormitorio de ella y el Viejo y nos metió debajo de la cama. En esa misma cama José Ramón se encontraba durmiendo. Recuerdo los ruidos y las voces amenazadoras de los guardias y las protestas de mis viejos.

“A mi Viejo se lo llevaron arrestado. Nuestra casa quedó hecha un reguero. La bandera puertorriqueña, montada en un marco de madera y cristal a la entrada de nuestra casa fue desgarrada y pisoteada.

“A Ñin no lo cogieron esa noche y por espacio de dos semanas junto a un grupo de patriotas de mi pueblo se mantuvieron por los montes de nuestros barrios. Ellos fueron los últimos nacionalistas en ser capturados en la Insurrección Nacionalista de 1950.

“Por más de dos semanas tampoco supimos del Viejo. Sabíamos que estaba preso, pero desconocíamos sus circunstancias. Luego nos enteramos que había permanecido en la cárcel de la Princesa.

“Cuando el Viejo regresó de la cárcel trajo consigo tres potes de pinturas con los colores de la bandera de la patria.

A la pregunta de la Vieja de para qué quería esa pintura, le contesta: ‘Vamos a pintar la bandera en la misma pared donde estaba la que pisotearon. La próxima vez tendrán que llevarse la pared completa.'”

 

Fuentes: Muro de FB de Carlos Alicea Negrón y publicaciones del Movimiento Ñin Negrón.

 

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