Fallece el eminente intelectual cubano Roberto Fernández  Retamar

 

El intelectual Roberto Fernández Retamar falleció en la tarde de hoy en La Habana a los 89 años de edad. Presidente de la Casa de las Américas desde 1986, Retamar se convirtió en uno de los pensadores más prestigiosos del continente.

El destacado poeta, ensayista y promotor cultural obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 1989, así como múltiples reconocimientos y condecoraciones.

Integraba la Academia Cubana de la Lengua, institución que también presidió, y a su infinita obra habría que añadir su labor docente e inigualable faceta de editor.

Fue diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular y miembro del Consejo de Estado de la República de Cuba.

Por decisión familiar, su cadáver será cremado y sus cenizas lanzadas al mar.

La muerte de Roberto Fernández Retamar es una pérdida irreparable para la cultura cubana.

Se graduó de Bachiller en Ciencias y Letras en el Instituto de La Víbora, en La Habana (1947). En 1948 abandona la carrera de arquitectura e ingresa en Filosofía y Letras. En 1954 se doctoró en Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana. En 1955 realizó un curso de lingüística en La Sorbona, y en 1956 estudió en la Universidad de Londres.

Declaración de la Casa de las Américas: “Es necesario decir que estará con nosotros, en nosotros”.

“Puso a disposición de los hombres lo que tenía de inteligencia // […] Les entregó lo que tenía de coraje // […] Hizo su parte, llegado el momento // […] al final, declaró que volvería a empezar si lo dejaran”. Así se expresaba el poeta en los versos titulados Sería bueno merecer este epitafio, y así lo recordamos.

La muerte de Roberto Fernández Retamar es una pérdida irreparable para la cultura cubana. Desde que se dio a conocer en 1950 con el poemario Elegía como un himno, su obra fue abriendo cauces y marcando hitos en la poesía de lengua española, a la que legó textos que quedarán para siempre como Felices los normales, ¿Y Fernández? o Con las mismas manos.

No menos relevantes son sus penetrantes y esclarecidos ensayos, que ponen en evidencia la vastedad de su pensamiento y la magnitud de su labor intelectual, tanto si recordamos ese clásico de la reflexión latinoamericana y caribeña, Caliban, como si pensamos en Para una teoría de la literatura hispanoamericana, en su fervorosa pasión por la obra martiana, o en sus lúcidos ensayos sobre el papel del intelectual y los procesos de descolonización cultural en nuestra América.

Es imposible disociar su nombre de la historia de la Revolución cubana, separarlo de un fenómeno que ha sido asunto e inquietud permanente, tanto como escenario vital y caja de resonancia de su figura y su obra.

Sería mucho, ya, si ese fuera el legado de Roberto, pero a su obra literaria habría que añadir su labor docente y su inigualable faceta de editor, que lo llevó a dirigir diversas revistas antes de asumir en 1965 la dirección de Casa de las Américas, para consolidarla como uno de los más importantes referentes culturales de nuestra América.

Pero aún haría más, al frente de la Casa de las Américas toda desde 1986, como continuador de la heroína y fundadora, Haydee Santamaría, y del gran pintor Mariano Rodríguez. El privilegio de que Roberto presidiera en las últimas décadas esta Casa contribuyó a que –bajo su conducción– ella apostara por el riesgo sin dejar de ser fiel a sí misma, al espíritu que la vio nacer en la descomunal e inconclusa tarea de la integración cultural de la América Latina y el Caribe.

En ocasión de la dolorosa pérdida de Haydee, la Casa de las Américas dio a conocer una declaración –en la cual se transparenta la escritura de Roberto– que concluía afirmando:

“Es necesario decir que estará con nosotros, en nosotros. […] Pero desde ahora somos más pobres, aunque nos acompaña para siempre el honor de haber trabajado bajo su guía, bajo su aliento, que seguimos sintiendo, orgullosos y entrañablemente conmovidos, a nuestro lado”.

Esas palabras siguen siendo válidas para Haydee, tanto como lo son para este entrañable hermano suyo que acaba de dejarnos. Las hacemos nuestras para ti, en este momento de infinita tristeza, querido Roberto.

Reproducido de www.cubadebate.cu

 

Roberto Fernández Retamar: Epitafio

Por Chiqui Vicioso

El poeta Roberto Fernández Retamar, presidente de Casa de las Américas, quería que al partir se le escribiera este epitafio:

“Puso a disposición de los hombres lo que tenía de inteligencia. Les entregó lo que tenía de coraje. Hizo su parte llegado el momento. Al final, declaró que volvería a empezar si lo dejaran”.

Nada de sofismas, de frases grandilocuentes, de demostración de falsa o genuina brillantez, o inteligencia, porque así era el más brillante e inteligente de los poetas e intelectuales de Cuba.

Así también era su poesía. Alumno de Camila Henríquez Ureña, a quien citaba con gran cariño, admiración y respeto, y con su ejemplo como ley de vida, parafraseaba: “Lo que importa en la literatura es que nos entiendan, un intelectual que se respete debe rendir culto a la sencillez. La literatura no es un ejercicio para diferenciarnos de los otros, es un puente que tendemos hacia su inteligencia emocional, y luego a su comprensión. Todo poeta es un maestro, de su reconocimiento se encargará la posteridad.” No es un pavo real en el pequeño corral de las vanidades.

De esa sencillez habla este maestro de la poesía coloquial, quien como Ernesto Cardenal, otro reconocido cultor, se dio a conocer en 1950 con su poemario: Elegía como un Himno. 

Su filosofía poética: Felices los normales lo catapultó como una de las grandes voces poéticas del continente; y Con las mismas manos y Y Fernández? Lo consagraron, junto con los muy amados Eliseo Diego y Pablo Armando Fernández, como uno de los poetas fundamentales de la cultura cubana.

Empero, si su poesía era un canto a la nueva humanidad que se estaba gestando en la cultura cubana, es en su ensayismo donde conocemos la vastedad de su pensamiento, de su labor intelectual. Su ensayo Calibán es un clásico de la reflexión latinoamericana y caribeña; así como Para una teoría de la Literatura Hispanoamericana. Otra de sus pasiones era José Martí, cuya obra inspiro sus ensayos sobre la descolonización cultural de nuestra América. 

Roberto, repito, fiel discípulo de Camila, realizó una gran labor docente en la Universidad de La Habana y en la dirección de Casa de las Américas, (desde 1955), sin duda la más prestigiosa referencia cultural del continente.

En el epitafio para Haydee Santamaría (primera directora de la Casa), resonaron sus palabras: “Es necesario decir que ahora estarás con nosotros, en nosotros, pero desde ahora somos más pobres, aunque nos acompaña para siempre el honor de haber trabajado bajo su guía, bajo su aliento, que seguirá estando orgulloso y entrañablemente conmovido, a nuestro lado”.

Gracias poeta, por tu franca risa, finísimo humor, la calidez de tus abrazos.