Feliz Pascua para nosotros y para la Madre Tierra

Por Marcelo Barros/Especial para En Rojo

La llegada de la primavera es ocasión de fiesta para todos los pueblos y comunidades. En ese contexto cultural, la fiesta de la Pascua nació en tiempos inmemoriales, como rito de primavera y renovación. Era una danza, en la cual se ensayaban pasos para una vida nueva.

En ese año de 2019, la Pascua cristiana coincide con la Pessah judía que ocurre en eses mismos días. En el Judaísmo, el título de la fiesta es: “la estación de nuestra liberación”. La Iglesia habla de “fiesta de la Resurrección”. Forma y contenido de las celebraciones pueden ser diversos pero la raíz es la misma. Fue cuando celebraba la Pascua con su comunidad que Jesús fue arrestado y asesinado. En la madrugada del domingo que seguía a la fiesta, Jesús se dejó ver, vivo. Sus discípulos/as se alegraron en verlo vivo y recordaron su palabra: “Hijitos, en el mundo ustedes siempre tendrán aflicciones. Tienen coraje: yo he vencido al mundo “(Jn 16, 33).

Ser discípulo/a de Jesús es testimoniar al mundo la energía de la resurrección como nueva y más radical insurrección (re-surrección). Es fuerza de vida nueva, actuante en Jesús y, por su Espíritu, en todas las personas que si adhieren a su llamado. Es energía de resistencia en las luchas por la transformación nuestra y del mundo. En la sociedad dominante, los poderes de la muerte siguen actuando. El desamor organiza un mundo esclavo del dinero y del poder. Pero, en el corazón de mucha gente, los gritos de Pascua resuenan temerosamente como profecía de transformación. 

La celebración de esa Pascua no va a cambiar mecánicamente la situación social, política, o económica, sino vale como grito de libertad y victoria para dar fuerza a quien asume las luchas de la vida y por un mundo a ser transformado. 

En ese año de 2019, la fiesta de la Pascua coincide con la celebración del Día Mundial de la Madre Tierra que la ONU promueve cada año, en el 22 de abril. El día mundial de la Madre Tierra quiere provocar una mayor conciencia de la urgencia del cuidado que debemos tener con la Madre Tierra, agredida y amenazada en su sistema de vida.

La resurrección es energía de Dios para transformar el universo. Celebremos entonces esa fiesta y vivamos el camino pascual a través de la profundización de la solidaridad. Será una forma de vivir la fe y la intimidad con Dios, la renovación de nuestras vidas y la comunión amorosa con la madre Tierra y todo el universo que nos rodea. En el siglo IV decía un pastor de la Iglesia: “La resurrección de Jesús hace de nuestras vidas, mismo en medio de las luchas, una fiesta continua”.

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.