Filiberto: ¿Fin de la esperanza armada?

 

“Somos puertorriqueños dignos y somos igual que el mejor, y podemos ser libres, y tenemos que ser libres”.

Filiberto Ojeda Ríos

 

Por: Manuel E. Melendez Lavandero

 El 23 de septiembre de 2005, Filiberto Ojeda Ríos, comandante del Ejército Popular Boricua-Macheteros, cae en combate desigual frente a una contingente elite del Buró Federal de Investigaciones (FBI).

Filiberto había estado en el clandestinaje más riguroso por los pasados 15 años, desde que un 23 de septiembre de 1990, por decisión de la dirección de su organización, retorna a la vida clandestina para, desde ahí, dirigir las operaciones del EPB-Macheteros.

Su nombre está íntimamente ligado al desarrollo de la lucha armada en Puerto Rico, desde principios de la década de 1960.  Para esa época Filiberto, junto a Avelino Gonzalez Claudio, Hilton Fernández Diamante, Narciso Rabel Martínez, José María Lima y Roberto Todd Pagan, entre otros(as), fundan el Movimiento Independentista Revolucionario en Armas (MIRA). Esta organización político militar desarrolla una intensa campaña de propaganda armada, en favor de la independencia de Puerto Rico, durante los años (1968-1972).

Históricamente el proceso de formación del MIRA está marcado por el repunte de la nueva lucha por la independencia, que recoge las banderas del nacionalismo albizuista, influenciado por la naciente revolución cubana y las luchas anticoloniales en África Asia y América Latina.

Existen en Puerto Rico para esa época organizaciones como la Federación Universitaria Pro-Independencia (FUPI), Movimiento Pro-Independencia (MPI), la Liga Socialista Puertorriqueña, Organizaciones armadas como los Comandos Armados de Liberación (CAL) y el Movimiento Armado Puertorriqueño Autentico (MAPA) son también parte del escenario político-militar clandestino.

El MIRA sufre un rudo golpe con el arresto de varios miembros y el descubrimiento de parte de su infraestructura logística. Muchos de sus combatientes y dirigentes, incluido Filiberto, se ven forzados a pasar al clandestinaje más estricto e inclusive abandonar el país, algunos rumbo a Nueva York. Se dice que Filiberto y otros cuadros del MIRA fueron fundamentales en el proceso de organización y estructuración operativa de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) que emergieron en los Estados Unidos en los primeros años de la década de 1970. El clandestinaje no fue un impedimento para desarrollar trabajo político organizativo, ni para insistir en el desarrollo de un aparato armado con verdadera capacidad combativa.

En el 1976 se funda en Puerto Rico el Partido Revolucionario de los Trabajadores Puertorriqueños PRTP-Macheteros y más adelante, su brazo armado el Ejercito Popular Boricua. Filiberto había sido llamado para reingresar al país junto a otros combatientes de las estructuras clandestinas.

Las acciones de Los Macheteros tuvieron un gran impacto en el desarrollo de una fuerza de combate político militar que vino a fortalecer la lucha por la independencia en su conjunto. Nunca sabremos con ciencia cierta la cantidad de recursos, del tiempo invertido por hombres y mujeres que conformaron la organización machetera y otras que junto a ella coexistieron preparando en silencio, lugares de reuniones, almacenes, adquisición de equipos, armamento.

Las horas invertidas en reclutar, en la formación ideológica, la preparación física y mentalidad de combatientes, creación de las estructuras de combate, del aparto de inteligencia, de comunicaciones.  Muchas de las actividades macheteras fueron de aprovisionamiento logístico, otras de carácter económico y las más conocidas, de propaganda armada.

Los operativos de propaganda armada siempre tuvieron una explicación política, la cual se divulgaba a través de comunicados de prensa y videos enviados a los medios de comunicación, como lo fueron la emboscada de Sabana Seca, el ataque a la Base Aérea Muniz en Carolina o la expropiación de los 7 millones de dólares en Hartford Connecticut.

Como organización política-militar la clandestinidad es utilizada como metodología y medida defensiva básica contra un enemigo mucho más poderoso, pero los macheteros también dieron particular importancia al desarrollo de frentes de trabajo político de masas, particularmente en el frente sindical, las luchas de la mujer, lucha ambiental, comunitaria y las relaciones internacionales.

Como entidad política, la organización no estaba exenta de contradicciones y debates internos sobre concepciones de lucha y políticas organizativas. Esto provoca una división en 1984, donde por acuerdo, un sector se queda con el nombre de PRTP-Macheteros y el sector liderado por Filiberto, mantiene el nombre de EPB-Macheteros.

El 30 de agosto de 1985, el Buró Federal de Investigaciones efectúa un operativo militar, invadiendo cerca de treinta hogares y lugares de trabajo, en Puerto Rico, Estados Unidos y en Méjico, con la ayuda de la Interpol. En el mismo son arrestados 16 compañeras(os) de las direcciones del PRTP-Macheteros y del nuevo EPB- Macheteros, quienes a partir de ese momento enfrentaran acusaciones relacionadas a la expropiación de 7 millones de dólares de un depósito de la Wells Fargo en Hartford Connecticut, ocurrido en 1983.

Filiberto pasa tres años preso hasta que en 1988 pudo salir bajo fianza con un grillete electrónico en espera de juicio. El 23 de septiembre de 1990, en la plaza de la revolución en Lares, se anuncia mediante comunicado del EPB-Macheteros, que Filiberto regresa a la clandestinidad a continuar su trabajo político dentro de la organización.

Durante los siguientes 15 años dedica esfuerzos para reconstruir el aparato clandestino, fomentar el dialogo y la unidad independentista, buscando además mantener un dialogo y comunicación con su pueblo mediante los mensajes grabados que enviaba en cada ocasión de la celebración de El Grito de Lares y con entrevistas clandestinas que concede a varios periodistas de televisión y radio.

Una decisión importante que tomó fue la de no abandonar el país, lo cual pudo haber hecho sin mayores complicaciones. Sabia que su figura y su presencia eran muy importantes para garantizar cohesión y dar espacio para reconstruir un nuevo proyecto de lucha. Para ello dedicó tiempo al dialogo con liderato alto, intermedio y de base de las organizaciones políticas independentistas, con líderes comunitarios y hasta con líderes religiosos como el arzobispo de San Juan, Roberto Gonzalez Nieves con quien se reunió en dos ocasiones.

Filiberto sabía y su organización también, que su vida corría peligro, pero sería consistente con su mentalidad combativa y su experiencia de lucha. Así lo había expresado varias veces; “yo voy a dar batalla”, y cumplió su palabra el 23 de septiembre de 2005.  Cuando se abalanzaron sobre su casa varias escuadras elites del FBI pudo entender que venían a matarlo y les dio batalla.  Murió combatiendo a los invasores de la patria, a los enemigos de la clase obrera;  se ganó, con su ejemplo de valor y sacrificio, como diría Albizu, su entrada a la inmortalidad.

La organización de las Naciones Unidas y la comunidad internacional en general reconoce la lucha armada como método legítimo para los pueblos colonizados y oprimidos obtener su libertad. La lucha política-militar clandestina como método sigue teniendo vigencia en el contexto actual.

Puerto Rico sigue siendo colonia de un imperio ahora en franca decadencia, el modelo colonial capitalista ha colapsado, la contradicción imperio-colonia se agudiza, la clase trabajadora enfrenta los atropellos de un capitalismo voraz que desmantela derechos laborales y ciudadanos, apoyados en aparatos represivos… Las condiciones objetivas y las razones políticas para continuar luchando por un Puerto Rico libre y con justicia social para todos(as) están presentes.

En sus ultimas palabras para su pueblo dice a su compañera Elma Beatriz Rosado: “Dile a los compañeros que, pa’lante siempre pa’lante. ¡La lucha tiene que seguir!

Nos marca con ese testimonio, el camino victorioso de la esperanza armada.