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Fraicomar

La liga se llamaba Fraicomar y todavía existe, pero ya no es de pelota sino de balompie. Con el mismo concepto de que todos pueden jugar, aceptan personas que tienen problemas de la vista o limitaciones de otro caracter. Eso no quiere decir que todos tienen limitaciones en esa liga. Hay peloteros buenos, pero dejaban jugar a los que no éramos tan buenos. La pelota era el trauma de mi padre, que como ya te dije perdió la vista con un pelotazo en el parque de Utuado. Mi padre no nació como yo, con limitaciones de la vista, que son más bien la herencia de mi madre. Fue ese accidente el que lo dejó medio ciego, y como es natural, no veía con buenos ojos que me gustara el beisbol. La verdad es que no patrocinó gran cosa que me importara la pelota, pero eso es debido al accidente que sufrió en la juventud. Yo estuve en las Pequeñas Ligas de Borinquen Gardens, pero no veía la bola bien, aunque era un buen jugador defensivo. No duré mucho en ese equipo, aunque después fui coach en la adolescencia.

A la liga de Fraicomar fui con Luís Delgado Charneco, ese amigo al que no le gustaba estudiar, y con un tercero que estudiaba en la misma escuela que yo, Francisco Javier Toyos Vélez, que dejó el equipo en el que yo estaba apuntado, patrocinado por una tienda de pintura que se llamaba Luna Paints. En el equipo de Luna Paints, que simulaba los colores de los Atléticos de Oakland, estábamos Toyos y yo, aunque por problemas personales con un jugador negro, Toyos se fue y a mí me derjaron jugar un poco. Con el equipo de Juan Carlos López Evangelio, que imitaba el color rojo de los Rojos de Cininnatti, nos bastaba para que la liga funcionara. El lanzador era Juan Carlos.

Varios años después, encontré a Juan Carlos en la Facultad de Ciencias Naturales. Estaba en el mismo año que yo y me estuvo raro que se acordara de Fraicomar, pero me parece que el que juega pelota tiene esa característica que no tienen otros deportistas, que se acuerda de las cosas pasadas y aparentemente veniales. Cuando no es que me acuerdo de algo que tiene que ver con los peloteros, tengo sueños con los parques y los amigos que no volví a ver. Hay más de un sueño con Paco, el que tuvo problemas personales con un negro. Esos sueños con Paco son tan insistentes que los anoté y te los voy a referir ahora, ya que este amigo las pasó negras en la vida con la gente de esa raza.

Sueños con Paco Toyos y el Beisbol

Nada obliga a Paco a ser un buen jugador defensivo en los jardines. Juega el jardín derecho y yo el central. Estamos en las Grandes Ligas,pero si nada lo obliga a jugar bien, yo tampoco me veo con deseos de hacerlo bien. Debe ser la edad que tengo, aunque también sucede que me quieran sacar de los sitios donde trabajo. No quieren que vea las condiciones de trabajo de los otros. Con Paco estoy en el beisbol porque ni a jugar bien se ve obligado. Trataría de hacerlo bien yo, pero no tengo las fuerzas para jugar. El otro equipo empieza a batear. Primero un cuadrangular en regla, batazo que no habría podido atrapar Paco en el jardín derecho. Pero ya el segundo batazo lo podría atrapar. No lo ha hecho. El bateador ha corrido todas las bases hasta anotar. Se susceden otros batazos y esos lo trato de atrapar yo. Solo se trata de roletas que llegan hasta acá. Mis brazos no tienen la fuerza para que luego de atrapado el batazo tenga la fuerza para llegar hasta el cuadro interior. Claro que el juego termina y nos llevan de allí. Nos han dado el día libre. El director de la escuela se da cuenta de que trabajar con mi amigo es algo que no nos habría hecho populares cuendo éramos jóvenes. Como tenemos todo el día libre, voy a Sears que es donde trabajaba la madre de mi amigo y veo a varios miembros de su familia que también son mis primos. Para ellos soy uno más, soy parte de esa otra familia. Pero a ellos no los tratan tan bien. Tienen puestos cascos amarillos y se los va a llevar en una especie de grúa enorme que se los traga con tierra. Yo veo todo eso en mi día libre del beisbol. Uno de los primos de Paco exige que me lleven con ellos, entiende que los tratarían mejor si me llevaran con ellos. Las grúas son máquinas que dicen en letras grandes Cabrera.

Sueños con Edgardo Nieves Mieles y el beisbol

Este sueño merece destacarse porque es un cuento completo. Edgardo me ha llevado a un parque de beisbol donde se han proyectado dos películas para niños, entre ellas una sobre un juego legendario en el que participa Campaneris con los Atléticos de Oakland. Yo he llevado a mi hijo a la actividad y por eso estoy vistiendo un uniforme viejo de mi adolescencia, verde como el de los Atléticos que llevaba el anuncio de una fábrica de pintura, Luna Paints. A mi hijo no le importa mucho la pelota y no ha jugado con aplomo, cosa que ha resultado embarazosa para los organizadores de la actividad, que me ven vestido de verde pensando que soy una especie de embajador deportivo o más bien una mascota alegre. El caso es que no me puedo quitar el uniforme cuando mi hijo empieza a poncharse y a darles a entender que no le importa mucho el juego. Un señor norteamericano me lleva aparte para que no resultemos una verguenza y me quedo en un pasillo del parque a la espera de que pueda salir de allí sin que me vean. Pero como la gente no acaba de irse del parque, esperando más que el juego de cortesía y luego el de los niños, que el señor abre una escotilla en la pared que me permitiría salir por la parte de atrás sin ser visto. Cómo olvidar que en mi oscura vida con Nayda también hubo beisbol y que Juan Carlos López nos conseguía taquillas para ir a ver juegos del beisbol invernal, que el beisbol siempre tenía algo que ver con las muchachas que me gustaban, como Lili Pereira que me iba a ver cuando era coach de un equipo de pequeñas ligas.

Cuento sobre una jugada del pasado

Lo he contado alguna vez y como hay alguna reticencia en la red para copiar el original, que pueden ver en el blog, voy a volver a narrar la jugada, que fue en la Liga de Fraicomar en 1979. Juan Carlos era el lanzador del equipo contrario, que era el rojo, y yo estaba al bate con Luna Paints. En las gradas estaba una cientifica social que me seguía la pista desde que evité jugar con un trabuco de verdad, que mi enemiga eterna organizó para humillarme, pues aunque iba a formar parte del trabuco, no me iban a dejar jugar. Eludí este problema, Paco se dio cuenta y me siguió hasta Fraicomar. La científica social era amiga de esa mujer que me odiaba y lo agravaba el hecho de que era la hija del dirigente de mi equipo. Nos observaba con odio la mujer, cuando a Juan Carlos se le ocurre permitirme un sencillo en el cuadro, aunque después se las arregló para ponerme otro lanzamiento que permitió hacer contacto y cojieron la línea en los jardines. El dirigente, muy contrariado, me dijo más tarde que Luna Paints ganó el campeonato de la liga especial, aunque no se atrevió a invitarme a la fiesta en su casa para evitar un problema con su hija.

Encontré a Juan Carlos para comentar la jugada, sin sospechar que la socióloga nos estaba espiando, para decírselo todo a la que organizó el poderoso trabuco de la escuela, en la que había un tal Felix que era escucha de las Grandes Ligas. Como es natural, la mujer se me acercó y me insultó muy peloteramente, insinuando que el lanzador del equipo rojo me había permitido el sencillo. Evité hablar con ella porque era de la facultad de Ciencias Sociales y seguramente me estaba estudiando igual que mi enemiga. ¿Qué propósito tenía esa investigadora y la que sin duda me odia todavía? No lo sé. Tiene que ver con el beisbol, por eso me alejé enseguida de la pelota.

 

 

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