Editorial: Hambre y pobreza en un mundo cada vez más rico

Mientras las riquezas del mundo se multiplican exponencialmente, y el número de debutantes en la lista de multimillonarios de la revista Forbes aumenta cada año, la realidad del hambre y la pobreza rampantes sigue azotando a más de la mitad de la población mundial. Esto, en la medida en que la desigualdad económica y de oportunidades se entroniza como el signo fatal de la era del capitalismo neoliberal y salvaje en que vivimos.
Las grandes riquezas que se producen en el mundo, y por ende los ingresos fabulosos y las mejores oportunidades, se concentran cada vez más en un número menor de personas, y por eso se han disparado los índices de hambre y pobreza en todos los países, incluyendo a Estados Unidos de América, el país más rico y el mayor productor de alimentos en el mundo entero. Según el coeficiente GINI, que permite comparaciones entre países, América Latina es la región más desigual del mundo. El más reciente informe de la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL)- titulado Panorama Social de América Latina 2019- afirma que la pobreza aumentará al cabo de este año 2019 hasta el 30.8%, o casi una tercera parte, de la población de la región. Se proyecta también un incremento de 11.5% en la pobreza extrema, lo que de confirmarse la proyección, subiría la cifra de pobres en 27 millones más que en 2014, 26 millones de estos en pobreza extrema.
En Puerto Rico, país latinoamericano que es una colonia de Estados Unidos de América, la desigualdad ha aumentado dramáticamente desde el 2005 hacia acá, colocándonos entre los países en desigualdad crónica, según el coeficiente GINI. Igualmente, se han disparado el hambre y la pobreza, bajo la cual vive el 44.9% de la población de Puerto Rico. La desigualdad es tal que hasta entre pobres, hay diferencias abismales. Por ejemplo, el ingreso anual para una familia en el umbral de la pobreza en Puerto Rico es de $19,775.00 al año, menos de la mitad de los $44,000 de ingreso anual para una familia en pobreza en el estado de Mississippi, el más pobre de Estados Unidos.
Las cifras del hambre causan espanto. Un estudio reciente sobre seguridad alimentaria, realizado por El Instituto de Estadísticas de Puerto Rico establece que cerca del 33.2 % de nuestra población enfrenta inseguridad alimentaria, por lo cual el Programa de Asistencia Nutricional (PAN) es insuficiente para sus necesidades y tiene que ser suplementado por los “bancos de alimentos” que operan bajo empresas privadas o entidades sin fines de lucro, y que están dirigidos a combatir el hambre en nuestro país. Mientras, el Departamento de la Familia informa que 712, 400 familias puertorriqueñas, con 1.3 millones de personas, dependen de los cheques del PAN para su sustento alimentario familiar, prácticamente la mitad de nuestra población.
Estos indicadores- que se repiten país tras país- existen incluso en Estados Unidos donde, según datos del Departamento de Agricultura Federal, 41 millones de estadounidenses enfrentan inseguridad alimentaria, y de esos y esas el 9% sufre de hambre crónica. Cifras tan pavorosas debían ser inconcebibles en un mundo donde las riquezas se multiplican cada minuto, y los índices de los mercados registran alzas fabulosas en las ganancias de los grandes inversionistas. Pero las fuerzas ciegas de los mercados de capital se imponen, la corrupción cunde, y los gobiernos se convierten en cómplices de los poderosos. Por eso, nadie parece buscar, y mucho menos encontrar, el remedio a tantas desigualdades, y el hambre y la pobreza generalizados no son detentes en la ruta salvaje del capital hacia mayores ganancias para los que más tienen.