Juan sin Seso o el cine experimental de René Marqués

Dramaturgo, cuentista, novelista y ensayista, René Marqués también fue guionista. En la DiVedCo, Marqués escribió, además de los Libros para el Pueblo, guiones para la sección de Cinema. En este artículo analizo el filme Juan sin seso (1960).

 En Juan sin Seso, Marqués critica los excesos de la modernidad y la industrialización que se dan, en este caso, por medio de la publicidad excesiva que daña el cerebro de Juan, un hombre del campo.

El filme se rueda en medio de la llamada Operación Serenidad. Si la década del cincuenta marcó, con Operación Manos a la Obra, la industrialización y la modernización del país con los consecuentes cambios en el estilo de vida del puertorriqueño; la década del sesenta se caracterizó por la puesta en práctica de Operación Serenidad, como manera de “paliar las consecuencias del proyecto popular muñocista consideradas como negativas o políticamente no convenientes”, según señala Martín Cruz Santos en su libro Afirmando la Nación…Políticas culturales en Puerto Rico (1949-1968) ¿Cuáles eran esas consecuencias negativas?

Las mejoras sociales y económicas logradas con la industrialización y la modernización llevaron al pueblo por la ruta del consumismo y el gasto excesivo. En pocas palabras el país se le había ido de las manos al gobierno muñocista, con un gasto extremo y rayano en lo extravagante. La respuesta de Muñoz y el Partido Popular no se hizo esperar. En un documento del año 1960, citado por Cruz Santos, llamado Metas de Serenidad, se apelaba “a la adopción de un estilo sobrio, una especie de humanismo valorador de la sencillez adaptado a la modernidad,” añade Cruz Santos (167).

Ahora la misión de la DiVedCo era combatir ese consumismo extremo y sin sentido. En Juan sin seso, Marqués se da el gusto de condenar el populismo muñocista. El filme tiene un estilo experimental de narración. Marqués, critica ese consumismo proveniente de la industrialización y la modernidad acelerada, y la propaganda, “hija bastarda de la modernidad”, como le llama. De paso, también introduce su siempre presente valorización positiva del campo, de tiempos pasados y de lo autóctono. 

El guión de Juan sin seso tiene fecha de mayo de 1957, aunque fue producido en 1960. Si bien fue escrito previo a Operación Serenidad se ajusta a las nuevas guías de la División, y nos deja entrever que ya Marqués se había percatado del consumismo y la publicidad en exceso. La narración de la cinta estuvo a cargo de Antonio Rodríguez Martinó. Hay instrucciones técnicas, pero no hay instrucciones para los actores, quienes actúan en mímica; no hay diálogos. Es importante señalar que la película sigue el guión al pie de la letra, no como en otros de sus guiones donde hay escenas que fueron dejadas fuera. Posiblemente esto se deba a que Marqués era Jefe de la Unidad Editorial de la DiVedCo, desde 1953. Y tenía, por tanto, mayor autoridad en la agencia.

El filme comienza con fotos del rostro de un hombre, que resulta ser Juan, insertadas en los créditos. Luego se presenta a Juan, un hombre de mediana edad, limpio, bien vestido y acicalado. El narrador nos explica que “como cualquier otro ser humano, Juan tiene cerebro”. Pero, nos advierte que Juan “casi casi no lo usa”. “Y el cerebro de Juan se enmohece por falta de uso. Juan no razona, Juan no analiza”. Pregunta entonces el narrador cómo ha pasado esto, “¿es que Juan nació así?”. Hay entonces una retrospección a Juan de niño, en la escuela. Explica el narrador que Juan era un niño “de inteligencia alerta”. “En esa época”, continúa el narrador, a Juan “nadie podía darle gato por liebre”. Pero el Juan de ahora dice que sí a todo.

Pasa entonces el guión a explicarnos de dónde viene el mal de Juan. Dice el narrador que “al mundo de Juan llegó un día el progreso”. “Juan se tragaba todo, sin razonar”, nos indica el narrador. Todo porque Juan no supo luchar contra un mal que trajo el progreso, “la propaganda”, dice el narrador. Es interesante señalar aquí que Marqués utiliza el término propaganda y no publicidad, teniendo ese término un peso político que el otro no tiene. Hay propaganda política o de guerra, pero no podemos referirnos a publicidad para la guerra. El uso de este término por Marqués tiene una doble ironía, por un lado se niega a utilizar el término publicidad, una actividad comercial aceptada, y por otro sus guiones en la DiVedCo son propaganda política, pues son producidos por una agencia gubernamental. 

El filme da como primer ejemplo del progreso y la propaganda, la proliferación de distintos jabones. Escucha Juan los anuncios por la radio. Explica el narrador que Juan ignora que “no existe jabón que sea el mejor del mundo”, como dice uno de los anuncios, todos sirven para lo mismo. Aquí menciona que “nuestras abuelas fabricaban ellas mismas el jabón que utilizaban en sus casas”. Otro ejemplo de que para Marqués el tiempo pasado fue mejor. 

Pasa el narrador a hablar del llamado “jabón de tocador”, “¿embellece?”, pregunta el narrador. Y se nos muestra una mujer poco agraciada y peinada y maquillada para lucir más fea. “Esta es la mujer de Juan”, nos dice el narrador. Ella ha decidido ser más bella y compra un jabón de tocador que promete belleza. Luego de lavarse (de espaldas a la cámara), se voltea y utilizando una música de terror, la vemos más fea. Todo para dar el ejemplo de que todos los jabones son iguales y ninguno puede “embellecer a quien Dios no le dio belleza”. 

Le sigue otra secuencia alucinante donde lo que se anuncia son refrescos carbonatados. Juan no puede decidirse por ninguno de los anunciados, los compra todos. El narrador explica que ningún refresco es mejor que otro y que mucho menos son alimenticios, como lo son las horchatas que preparaba la abuela. Nuevamente el tiempo antes de la modernidad era mejor. 

Toca el turno ahora a los políticos, el narrador nos dice que la propaganda también pone hombres a la venta. Le sigue una secuencia de un candidato a algún puesto político, que habla en una lengua que no se comprende. Juan escucha atento, como si entendiera. 

Juan no tiene ideas propias. Para qué si los medios de comunicación piensan por él. Hay una secuencia donde se hace una crítica a los periódicos, que publican cualquier noticia. 

Concluye el filme con una admonición, donde interviene el narrador. El narrador llama a Juan, le pregunta, “Juan, acaban de decirme que dos más dos son cinco ¿es eso cierto?” A lo que Juan contesta sí con un movimiento de cabeza. Se lamenta el narrador, “Pobre Juan, Juan sin seso”. De un comienzo en que se nos explicó que Juan tiene cerebro, se concluye ahora que Juan no tiene seso. 

El filme puede parecer caricaturesco, pero Marqués está criticando la enajenación en la sociedad de consumo que ha traído la rápida industrialización del País. En realidad, Juan sin seso es un ejemplo de cine experimental. El guión incluye elementos técnicos que son de corte experimental.

Explica el estudioso del cinema Louis Giannetti que el cine experimental, o mejor conocido como Avant-Garde, “usually doesn’t tell stories, at least not in the conventional,,,sense. The story -if any- is structured according to the theme or the argument”. En Juan sin Seso los ejemplos de cine experimental comienzan desde los créditos. Quería Marqués, según el guión, ilustraciones de unos diablillos clavando la cabeza de Juan. Mientras van pasando los créditos se insertan en un lado de la pantalla fotos del rostro y la cabeza de Juan, quien lleva un sombrero blanco. Sobre ese sombrero comienzan a aparecer dibujos de pequeños diablillos martillando clavos en la cabeza del hombre. Primero uno, luego tres, hasta llenar la cabeza de Juan, quien tiene, progresivamente en las fotos, un rostro de dolor y angustia. 

Luego, en la secuencia donde se explica que al mundo de Juan había llegado el progreso, hay una toma en acercamiento (“close-up”) a una alarma o chimenea de una fábrica, hay luego un “canter” shot, cámara inclinada a un ángulo, de un camión, luego un avión, para ilustrar que han llegado nuevos métodos de transporte, mientras se sigue oyendo el sonido de la alarma de la fábrica. 

Le sigue una secuencia que comienza con el narrador diciendo que “el hombre comienza a vivir al ritmo de las máquinas”. Y se muestran varios acercamientos a partes de una maquinaria en funcionamiento. Le acompaña el sonido de la alarma. Después comienzan a pasar con rapidez botellas en una correa de ensamblaje o producción. Aumenta el ritmo de las botellas hasta hacerse vertiginoso. Hay un corte a una toma de la chimenea o alarma y vuelta a las botellas, ahora corriendo en dirección contraria, siempre a gran velocidad. Acompaña la secuencia una música en contrapunto.

Hay un corte abrupto a un tocadiscos. Se acerca la aguja al disco y comienza una música de “rock & roll”, pero en velocidad rápida. “Hasta al divertirse el hombre parece una máquina”, nos dice el narrador, mientras se muestran varias parejas de jóvenes bailando el “rock & roll”, pero a velocidad rápida; luego una toma de un altoparlante. Siempre está la música americana de fondo, en alta velocidad.

De ahí hay un corte a gente entrando y saliendo de una tienda, también en velocidad rápida. Se muestra el interior de la tienda. Todos se mueven en velocidad rápida. Nos dice el narrador, “Y al comprar y vender también parecían máquinas”. Sigue de fondo la música americana. Hay un corte a gente en la calle, abordando guaguas; todo en cámara rápida. El narrador explica, “al ir o volver del trabajo, también parecen máquinas”.

Pasa entonces el narrador a decirnos que “la voz humana también se había convertido en máquina”. Hay un acercamiento de un hombre hablando a un micrófono, hablando muy rápido, sobre un descubrimiento científico. Pasamos a Juan que escucha al hombre en la radio de su casa, mientras afirma con la cabeza. La noticia es incomprensible.

Corte a una toma de cerca del rostro de Juan con otro diablillo clavando en su cabeza. Hay un clavo que atraviesa la frente de Juan. Otra toma del rostro de Juan mientras el narrador dice, “Juan todo se lo traga, sin pensar, sin entender”. Corte a otro acercamiento extremo del rostro de Juan, de la nariz hacia arriba, con varios diablillos en su sombrero. 

Hay un corte a una toma de acercamiento al perfil de Juan. Aquí aparece una ilustración del cerebro de Juan. El narrador nos dice “que Juan tenía un cerebro en buen estado, pero empezó ….” Y comienza secuencia de varios acercamientos, cada vez más extremos, de locutores (solo vemos el rostro), anunciando jabones. Se alternan las tomas de los locutores con el rostro de Juan, cada vez más cercanas, hasta terminar con una toma de la mano de Juan en la boca (se muerde las uñas) y luego a los ojos desorbitados de Juan, todo mientras se siguen escuchando los anuncios de jabones. La toma del último locutor de la secuencia es un “canter shot”, con el rostro del locutor en la parte inferior de la pantalla y la parte superior en negro.

Le sigue la secuencia de los refrescos. Juan entra a un cafetín y pide un refresco. Cuando lo va a beber el dependiente cambia la emisora de la radio, donde se escuchaba una novela, y de pronto se escucha un enfático ¡no!, repetido varias veces. “No, no beba eso amigo, beba sopla-cola”, escucha Juan en la radio. Se detiene, no bebe la cola que ha comprado y pide la anunciada. Se repite la historia, otro anuncio de otra cola y Juan no bebe la comprada y pide la recién anunciada. Hay acercamiento a la cara burlona del dependiente, que le va sacando dinero a la indecisión de Juan. Acercamiento extremo al rostro y luego a los ojos perdidos de Juan, otro anuncio de cola, otro que pide Juan. Sube la música típica que se escucha entre anuncios. Hay sobreimposición sonora de los anuncios y toma de medio cuerpo de Juan, bebiendo de un solo trago una de las colas ordenadas, mientras el dependiente, en un acercamiento, ríe con sarcasmo.

Corte a un acercamiento extremo de Juan (nariz y ojos), mientras el narrador dice con tono de pena, “pobre cerebro de Juan, como lo ha puesto la ci-vi-li-za-ción”. Acercamientos de Juan se alternan con acercamientos de un martillo clavando varios clavos (clavos reales). 

Pasamos al mitin político, Juan está en la multitud. Aquí se utiliza un elemento experimental, la voz corrida en reversa. Juan, que escucha atento, en realidad no entiende, pero aplaude cuando todos lo hacen. 

Aquí le siguen varias tomas inconexas, Juan leyendo varios periódicos con noticias contradictorias (la noticia es ¿de qué color es el Sol?), un automóvil con altoparlantes (para difundir anuncios), la sirena de la fábrica. Sobre estas imágenes finales el narrador nos dice, “¡Ah!, la civilización y su hija bastarda: la propaganda”. Se regresa a la secuencia de jóvenes bailando en cámara rápida y luego hay varios acercamientos de rostros de locutores, carteles de publicidad, martillo sobre clavos, acercamiento de Juan, que cierra los ojos abrumado, todo esto con el sonido de fondo de martillar. 

Luego hay una secuencia de máquinas en funcionamiento, “canter shot” de camión, vuelta a la fábrica de botellas, con música disonante, toma de un avión y vuelta a la fábrica de botellas, que corren en una línea, en cámara rápida. Luego hay una toma de martillo claveteando, toma de ojos de Juan que se cierran y baja y sube la cabeza al ritmo del claveteo. Se presentan imágenes de periódicos que caen en la calle, hojas de propaganda que el viento vuela y acercamiento de ojos abrumados de Juan. Es una secuencia de cierre alucinante, todo con el sonido de martillar de fondo. 

Hay acercamientos extremos, sonidos distorsionados y sobreimpuestos, cámara rápida, secuencia con tomas que no guardan relación entre sí, sobreimposición de dibujos sobre material fílmico, música en velocidad rápida o a contrapunto. Son ejemplos de estilos experimentales utilizados para ilustrar la pérdida del cerebro de Juan ante la propaganda. La intención del filme es además abrumar al espectador, confundirlo y atontarlo, reproduciendo la experiencia del protagonista. Se reproduce así el efecto enajenante de la vida industrial moderna.

Zaira Tellado es profesora. Posee un doctorado en cine.