Kevin Fret vs el Retrato-fantasía

Mataron a Kevin Fret y me ha entristecido bastante. Supongo que tanto como las demás muertes violentas que han ocurrido en este país en los últimos tiempos. No conocía personalmente a Kevin —sí había visto sus videos y escuchado sus canciones, me caía bien—, no sé si era o no un modelo de virtudes pero ni falta que hace para sentir lo que siento. Tenía veinticuatro años y en sus ojos todavía era perceptible el fulgor de una ilusión, sus ganas de vivir e intentar cosas a pesar de todo. Kevin en sus videos y en sus canciones hablaba de las mismas cosas que muchos otros chamacos de este tiempo (tan dominado por las redes sociales y el mercado): ‘tiraera’ (controversia), marcas de productos de moda, sus planes de vida. Decía “malas” palabras; expresaba sus deseos de sobresalir en el ámbito de la música urbana como “el primer ‘trapero’ latino abiertamente homosexual”, le gustaba lucir su maquillaje, presumir su ropa. Lo último que vi suyo fue un video por Instagram en el que ayudaba a su mamá a promover la venta de los jabones artesanales que ella preparaba.

Con el “piquete” que lo caracterizaba, Kevin siempre habló desde su lugar, nunca pareció pretender ser quien no era. Al contrario, se mostraba orgulloso de ser genuino, elemento que, según él, era la virtud que lo distinguía, que lo diferenciaba de los demás. Mostrándose crítico ante su vida, la sociedad y el intangible mundo cibernético, terminaba siempre destacando la “genuinidad” como un lujo que no todos nos podemos dar. Desde su lugar, como sujeto marginal, criado en Cantera de Barrio Obrero y en el ir y venir entre Puerto Rico y Estados Unidos, atacó durante el tiempo que pudo la hipocresía de la sociedad —tal como la experimentó—, que se alarga, que se extiende a nivel fantasía en las redes sociales. Podemos decir con esto que Kevin denunciaba lo que en términos de Javier Marías (1951) –sí, el escritor, traductor, crítico, miembro de la Real Academia Española y antiguo profesor de la Universidad de Oxford–, es el “retrato-fantasía” (Cuando los tontos mandan. Barcelona: Alfaguara, 2018; p.105). Aquella imagen que construimos de nosotros mismos para exhibirla en las redes como “composición idealizada” que, según Marías, es “un síntoma de la evolución de nuestras sociedades”. Una construcción que, al parecer, responde a una necesidad narcisista de cumplir con el ideal, aunque sea el dictado por la norma; una construcción con la que pretendemos lavarnos de las culpas y las frustraciones —que las hay de todo tipo, fundadas e infundadas—, elevando nuestro deseo (nuestra fantasía) por sobre el de los demás, y a como de lugar conseguir que el cuento, nuestro cuento, acabe bien. Sabemos lo que resulta de esto, ¿no?: intolerancia a la diferencia. Cualquiera que se oponga a ese “retrato-fantasía”, cualquiera que se interponga, que impida la correspondencia de la “realidad” con ese retrato, será un enemigo.

Con la muerte de Valerie Ann, que tuvimos tan presente en estos días de “fiesta” navideña —que ya por fin terminaron— me sucede lo mismo: una sensación de frustración y de pena inmensa. Fue una muy triste y trágicamente inolvidable Navidad para todos los que la quisieron, su familia, sus amigos, y para los nos queda humanidad en el pellejo. Así como muchos han culpado a Valerie de su propia muerte, así también culpan a Fret. Muchos aprovechan la oportunidad que les otorga el internet para enarbolar sus modelos de perfección moral y “verdad”. Opinan sobre cómo debemos ser las mujeres, sobre a dónde podemos ir o no, con quién y cuándo para que no nos maten; sobre cómo debe ser un hombre, un santo varón, un machito de verdad para que no merezca morir a manos de otro. Si me duelen estas muertes, la muerte de estos dos jóvenes al parecer con tantos planes y deseos de vivir, aún me duelen más los comentarios que dejan en las redes muchos de los que quedamos vivos, creyéndonos más merecedores de las bondades del Señor… Al que se meten en la boca cada vez que quieren sentirse más dignos que el “otro”, ese Señor sobre el que no han entendido nada; ese que en lugar de la Ley del Talión profesó la Ley del Amor. Entré a fisgonear en la página de Facebook de Fret, la que en estos momentos figura como homenaje a su corta vida, y me topé con muchos comentarios de odio: demasiados, demasiados, demasiados… De entre los que quisiera destacar dos. El primero viene del perfil de una señora, al parecer madre y abuela: la señora MD. Ella responde a un Facebook live del joven con el siguiente comentario: “Por eso lo mataron, por vulgar y amenazar a otros de esa calaña. Wao”. Y el otro es del perfil de un joven llamado Emmanuel R: “Pato muerto abono para mi huerto”. Tuve la intención en esta nota de dar los nombres y apellidos de ambos seres, porque si hacen públicos sus comentarios llenos de odio es porque no les importa que los demás conozcan su sentir, ni siquiera las madres, los familiares, los amigos del muerto. Pues yo pretendía tomarles la declaración tal cual y pasarla pa’ lante con sus respectivas señas. Pero estando las cosas como están, me limitaré a añadir que, tanto la señora MD como el joven Emmanuel R, exhiben iconografía religiosa (cristiana) en sus páginas sociales. Emmanuel, no en balde, tiene a un Cristo cargando la cruz, y la señora MD a una virgen vestida de la bandera puertorriqueña cargando al niñito. Sus comentarios provienen del lugar que sabemos: del odio a la diferencia, del complejo de superioridad moral, de la insensibilidad crasa y en el nombre de Cristo. Amén. Por eso, así como no enarbolo la bandera de nada ni le doy “forward” a las cadenas de oración que envían por Messenger, ni creo en el “ojo por ojo” —ni en poner la otra mejilla tampoco—, prefiero no hacer con estos energúmenos lo que ellos con los que no comparten su ideal ni su nada. No quisiera continuar la cadena de juicios, prejuicios y desprecios basados en la simple, pero por eso, sumamente dañina relación de oposiciones binarias: blanco-negro, bueno-malo…. Prefiero hablar de literatura y tratar de acercarme más al “otro” a través de ella.

Por ejemplo, me parece oportuno recordar Las semanas del jardín (1997), novela del español Juan Goytislo (1931-2017). En esta novela —muy compleja en su estructura— se nos propone por medio de veintiocho narradores reconstruir la identidad de un poeta republicano y homosexual desaparecido a principios de la Guerra Civil Española (1936-1939). Sabemos que ser abiertamente republicano y homosexual durante el ascenso del fascismo en España significaba casi siempre, una muerte segura —así como le pasó a García Lorca—, porque tu preferencia sexual e ideológica eran contrarias al plan de perfección según el cual se pretendía construir una sociedad homogénea y un estado totalitario y dictatorial, entiéndase sin cabida para la diferencia ni la contestación. Sin embargo, en esta novela observamos tanto en su argumento como en su estructura, un interés por destacar la importancia de la identidad personal o individual como elemento de resistencia al olvido frente a los intentos por parte del régimen fascista de homogeneizar caracteres y borrar lo que de acuerdo a su ideología fuese una “conducta o práctica contraria a la naturaleza y al orden moral” (95). En la versión que ofrece uno de los narradores de la novela sobre la identidad del poeta, dice que este fue sometido a un tratamiento médico con el que lo curarían, lo harían olvidarse de quien fue, de su “vergonzosa inclinación a mojamés y gañanes, malas amistades, ideas torcidas”. Un tratamiento que consistía en “el saneamiento y regeneración eugenésica” que, aplicado a un pueblo, “exige que se actúe sobre la totalidad de los individuos que lo constituyen, a fin de crear una casta étnicamente mejorada, moralmente robusta, vigorosa en el alma. Una eugenesia que libere a los seres dañados de sus taras y los devuelva, mediante la higiene física y mental adecuada, a la incubadora que los haga germinar y florecer como en un vivero, acorazados contra la corrupción del medioambiente, en el depósito sagrado de los principios que alientan nuestra Cruzada” (42). Con esto no pretendo indirectamente catalogar de fascistas a doña DM y a Emmanuel R., sino directamente de neofascistas. Así como muchos se la pasan repitiendo como mantra que “la envidia mata”, no olvidemos que el fundamentalismo, en sus diversas manifestaciones, también.

P.D. Investiguen por Internet sobre la eugenesia, digo, si no saben bien lo que es y les interesa. No se conformen con la definición de Wikipedia, aunque a veces es buena.