La alborada de un nuevo País

Por María de Lourdes Guzmán/Especial para CLARIDAD

El pueblo de Puerto Rico, ese que se desplaza en el 100 x 35, unido a los millones de boricuas que conforman la diáspora/exilio, dio una inesperada y magnifica lección al mundo al derrocar a un gobernante que ejerció su poder en abierto menosprecio hacia el país que se comprometió a gobernar con transparencia y responsabilidad. Por dos años y medio, la mediocridad, la ineptitud, la insensibilidad y la voracidad de lucro definió al gobierno de Ricardo Rosselló. Fuimos muchos(as) los que, por largo tiempo, cargamos la frustración de ver a una sociedad apática, agotada, indiferente y resignada, ante los desmanes de un gobierno que, con abierto desenfreno y descaro, se dedicó a despilfarrar la riqueza del pueblo y a actuar en complicidad con los verdugos de la Junta de Control Fiscal, para despojar al pueblo de sus derechos más básicos.

Desde que Ricardo Rosselló juramentó como gobernador de la colonia, no pocos(as) sabíamos que se trataba de un gobierno de improvisación, para el que se reclutaron muchos(as) jóvenes sin la experiencia y el compromiso necesarios para echar a andar un proyecto de país que redundara en garantizar al pueblo un nivel de vida digno frente al desafío que representaba tener una deuda pública ascendente a $72 billones de dólares y la quiebra de los sistemas de retiro. El tan anunciado plan de Rosselló deslumbró a cientos de miles que le dieron su confianza. La aplicación de la deficiente y antidemocrática ley electoral vigente en el país permitió que el hijo del gobernador más corrupto de la historia accediera al poder con menos del 42% de los votos. Rosselló gobernaría junto a la Junta de Control Fiscal la que, a seis meses de su entrada en el panorama de la administración gubernamental, había mostrado claramente su maquiavélico norte. Muy pronto Rosselló dejó ver para quién gobernaba y los intereses que representaba. Entre otras cosas, promovió la mal llamada reforma laboral que despojó a los trabajadores de muchos derechos y conquistas, producto de largas luchas y sacrificios, así como la “reforma” educativa, que promovió el cierre masivo e indiscriminado de escuelas, para instaurar el nefasto sistema de escuelas chárter, desacreditado en EE. UU. El nombramiento de Julia Keleher como secretaria del Departamento de Educación, así como el de Héctor Pesquera como Comisionado de la Policía, ambos devengando salarios indecorosos, indignaron a un gran sector del pueblo. El manejo deficiente, irresponsable e indolente de la crisis creada luego del paso del huracán Maria y los escándalos resultantes del contrato de Whitefish y el encubrimiento de la cifra real de fallecidos, unido al creciente empobrecimiento y ausencia de respuesta a las necesidades apremiantes de la gente, fueron acumulando en el pueblo un gran malestar. Advertir que, en esa coyuntura tan difícil, el gobierno se dedicaba a repartir contratos a amigotes y corporaciones creadas para llenar los bolsillos de mercaderes inescrupulosos vinculados con el partido, nos causó una enorme ira, contenida por un profundo sentido de impotencia. 

Fueron muchas las denuncias, los reclamos, las críticas que se hicieron ante la corrupción rampante, el abuso de poder y la inmoralidad que caracterizó la administración Rosselló. Todas caían en oídos sordos. La indolencia del gobierno se convirtió en burla. La cólera acumulada era ya incontenible. Llegó el ansiado arresto de Julia Keleher y algunos de sus secuaces. Entonces, el Centro de Periodismo Investigativo, organización con la que el país tiene una deuda de gratitud, publicó íntegramente el famoso chat. Allí se desnudó la verdadera cara del gobernante y sus asesores más cercanos. Quedaron expuestos, crudamente, sus rasgos de misoginia, homofobia, aporofobia y elitismo. Pudimos comprobar cómo, a nuestras espaldas, manipulaban la opinión pública, y discutían política pública para beneficiar intereses particulares de gente como Elías Sánchez, compadre, director de campaña de Rosselló e integrante del chat. Proferían insultos y mofas contra miembros de la prensa y políticos de la oposición. Resaltaron las expresiones como el hashtag #mecagoenlaIsla, ilustrativas de la actitud de desprecio a nuestro país, así como alusiones repudiables a la situación de los cadáveres acumulados en el Instituto de Ciencias Forenses. En fin, el chat, protagonizado por individuos detestables y embriagados de poder, llenó de vergüenza al país y desató la furia hasta entonces contenida, tras años de abusos, engaños y de menosprecio a la capacidad del pueblo de indignarse. El país se tiró a las calles para desafiar a los canallas que dejaron ver su hipocresía y su falta de humanidad y para exigir la renuncia de Rosselló. Sorprendentemente, a lo largo y ancho del planeta, la diáspora se contagió demostrando, decididamente, su repudio al gobierno y su adhesión a la tierra que los vio nacer y a los valores que nos identifican como pueblo.

Ante la masiva indignación, Rosselló pidió perdón diz que para encaminar un proceso de reconciliación. Eso encolerizó aún mas al pueblo que le respondió, claramente, que ni perdón ni olvido y que su salida de la gobernación era la única opción. Los ojos del mundo se enfocaron hacia la lucha de este pueblo noble, valiente y aguerrido que, sin retroceder ni un ápice en su exigencia, logró su objetivo. Rosselló salió de la gobernación. Sin embargo, quedó claro que Rosselló es solo una pieza en el tablero de un sistema gubernamental corrupto, abusivo e injusto y que, con el poder rescatado, vamos por más. Vamos por la Junta y por todos los(as) corruptos(as) y desalmados, hasta lograr sanear la administración pública y poder devolverle al país la esperanza de que un gobierno limpio, eficiente y que trabaje por la prosperidad, la verdadera democracia y la justicia social, es posible. La consigna es: “La Ruta es pa´l frente”.

La autora es Presidenta del Movimiento Unión Soberanista