La clase obrera en la encrucijada de 1898 (primera parte)

Por Francisco (Pancho) Moscoso/Especial para En Rojo

Antecedentes generales

En 1873 se abolieron en Puerto Rico formas (relaciones sociales) de producción pre-capitalistas y semi-capitalistas. Nos referimos a la esclavitud y al trabajo asalariado coaccionado por el régimen de la Libreta de Jornaleros. Desde antes también se venía dando un proceso para extirpar el trabajo semi-feudal de los campesinos agregados. Para entonces la marcha del desarrollo del capitalismo en el país, anunciaba en ese año emblematico una nueva era industrial. El capitalismo con máquinas y motores industriales se imponía en Europa y Estados Unidos, con repercusiones mundiales. Eric J. Hobsbawm, historiador, analiza de manera abarcadora este contexto histórico en su obra La Era del Capital, 1848-1875 (Barcelona: Editorial Crítitca, 2011).

En Puerto Rico el capitalismo industrial imponía las condiciones fabriles de su operación mediante el establecimiento, especialmente, de las grandes centrales azucareras. La primera instalación de este tipo fue, preciamente en 1873, la Central San Vicente, en Vega Baja, en la costa norte de Puerto Rico. De esa experiencia contamos con la obra de la historiadora Teresita Martínez Vergne, Capitalism in Colonial Puerto Rico: Central San Vicente in Late Nineteenth Century (The University of Florida Press, 1992).

De ahí en adelante, los dueños del capital requerían su contraparte funcional de trabajadores asalariados de libre contratación. La economía de mercado capitalista depende de, y solo funciona, con trabajadores asalariados compradores de mercancías, no de siervos y esclavos. En realidad, históricamente, en la economía de mercado capitalista la libertad ha estado fundamentalmente en manos de los empresarios y comerciantes empleadores y no en la de sus trabajadores libremente empleados, pero siempre subordinados y manipulados. La relación de capital-trabajo asalariado, en cualquier caso, instrumenta otra forma de explotación del trabajo.

Así pues, entre la década de 1870 y la de 1890 de final de la dominación imperialista de España sobre Puerto Rico (hasta octubre de 1898), surgieron las primeras asociaciones de ayuda mutua y solidaridad, cooperativas, organizaciones sindicales, periódicos y actividades culturales de la naciente clase obrera. Durante ese período, así mismo, se registran numerosas huelgas por mejores salarios y condiciones laborales, y la represión empresarial y estatal por medio del empleo de rompe-huelgas y la violencia policíaca. Estos hechos han sido reconstruídos en obras e investigaciones de líderes obreros, historiadores y sociólogos: por ejemplo, Rafael Alonso Torres, Cuarenta años de lucha proletaria (Imprenta Baldrich, 1939); Gervasio L. García y Ángel G. Quintero Rivera, Desafío y Solidaridad: breve historia del movimiento obrero puertorriqueño (Ediciones Huracán, 1982); Rubén Dávila Santiago, El derribo de las murallas. Los orígenes intelectuales del socialismo en Puerto Rico (Editorial Cultural, 1988); y de quien escribe, “¡Abajo! ¡Aquí no se trabaja!: Las huelgas obreras en Puerto Rico, 1895” (Claridad, en seis números, del 30 de abril a 4 de junio de 1993).

Ensayo Obrero 

La historia se hace todos los días, en diversas instancias cotidianas, por la gente en todas las naciones. En cada país algunos acontecimientos sobresalen, mientras que muchos otros pasan desapercibidos. Por lo general, lo que pasa por historia es lo que logra registrarse de una manera u otra, y/o lo que forma parte de la memoria colectiva o de algunos sectores sociales.

En la coyuntura de 1897-1898, en Puerto Rico hicieron noticia principal el intento de insurrección independentista en Yauco y Sabana Grande, del 24 de marzo, reprimido y por lo que fueron encarcelados decenas de participantes; y, la concesión de la Carta Autonómica del 25 de noviembre, ambos de 1897, por un lado. Y, el establecimiento del Gabinete Autonómico provisional (febrero); las elecciones del gobierno autonómico (marzo); la declaración de guerra de Estados Unidos a España dando lugar a la Guerra Hispano-Americana (abril); el bombardeo de San Juan por la marina de Estados Unidos y el llamado del Dr. Ramón Emeterio Betances al levatamiento general contra España (mayo); las diligencias de un sector independentista encabezado por el Dr. José Julio Henna (NY) con las autoridades de Washington, D.C., y las contradciciones políticas independentistas-anexionistas al interior de esta agrupación (junio); la invasión y proclama de redención colonial por parte de Estados Unidos (julio); el armisticio entre España y Estado Unidos y el levantamiento popular en Ciales proclamando la república, y el reclamo del derecho soberano de Puerto Rico de Eugenio María de Hostos y la Liga de Patriotas (agosto); la rendición definitiva y evacuación de España (septiembre y octubre); y la cesión de Puerto Rico y toma del país a la fuerza por Estados Unidos, sin participación y decisión democrática alguna de los puertorriqueños (noviembre y diciembre), de 1898, por otro gran lado.

En todos los procesos y eventos conducentes al gobierno autonómico hubo dos sectores sociales y políticos prohibidos de toda participación: el movimiento independentista y el movimiento obrero. Aquí abordamos algunos aspectos del segundo.

El sector artesanal de los trabajadores se organizó con el nombre de Ensayo Obrero en 1897; fue el nombre que dieron también a su periódico cuyo primer número se publicó el 1ro de Mayo de ese año, en conmemoración del Día Internacional de los Trabajadores. En donde quiera que el capitalismo se fue implantando los artesanos, por sus oficios diestros y nivel cultural alfabetizado, formaron vanguardias de los trabajadores en general. Extraño no es que en todas partes los tipógrafos estuvieran en las más tempranas luchas de asalariados frente al capital. También hay un antecedente más lejano en Puerto Rico: “La primera huelga de tipógrafos habida en el país fue en el año 1840 y ocurrió en los talleres del Boletín Mercantil, siendo director propietario de dicha publicación el señor Guimbernat, Secretario de la junta de Fomento. Hubieron de componer el periódico el mismo propietario y miembros de su familia” (La Democracia 13 diciembre 1898, p. 3). Aquí figura una instancia inusitada de la propia familia propietaria en función rompe-huelga. Al grupo dirigente artesanal de finales del siglo 19 pertenecieron, entre otros, José Ferrer y Ferrer, Ramón Romero Rosa, Eduardo Conde, Fernando Gómez Acosta, Eugenio Sánchez López y Santiago Iglesias, joven español radical llegado a Puerto Rico a finales de 1896. Al defender a la clase obrera y denunciar la explotación en general de los trabajadores, hombres y mujeres, Ensayo Obrero fue recibido con hostilidad y burla por parte de las clases contrincantes y dominantes. Para los obreros fue motivo de celebración cultural. En la noche del 3 de agosto: “pasó una comisión de artesanos y braceros acompañados de la orquesta que dirigen los señores Muriel y Nieves, a la redacción de Ensayo Obrero, donde se estrenó una preciosa danza titutala «El Ensayo Obrero» y dedicada por su autor don Cecilio Andino Galés a los redactores de aquel periódico, los cuales obsequiaron cumplidamente a la concurrencia” (La Correspondendia de Puerto Rico, 4 agosto 1898, p. 3). De la iniciativa de Ensayo Obrero brotó, ¡una danza obrera! 

En el grupo de Ensayo Obrero se manifestaron perspectivas diversas y ocurrieron divergencias sobre las acciones y relaciones que debían observarse respecto al gobierno, las clases dominantes (hacendados y comerciantes, y elementos profesionales), y sus partidos políticos. En 1897, uno de los asuntos que provocaron distanciamientos temporeros entre el liderato fue la determinación oficial de llevar a cabo el derribo de las murallas de San Juan, en la parte que daba hacia la Marina y a la Puerta de Santiago y lo que ahora es la Plaza Colón. Iglesias señala que para ello las autoridades y políticos de la elite, con expresiones retóricas e hipócritas, mobilizaron brigadas (a que dieron nombres de generales españoles) de centenaries de trabajadores. Aunque se planteaba como conveniente para el desarrollo de la zona portuaria y mejores condiciones de higiene y vivienda en Puerta de Tierra, él advertía que los grandes beneficiados serían los grandes propietarios y las casas de comercio. 

En la lucha por la autonomía sus proponentes principales se dividieron en dos partidos politicos. El Partido Liberal Puertorriqueño (PLP), acaudillado por Luis Muñoz Rivera, representaba intereses de los hacendados capitalistas (azucareros y cafetaleros), y de segmentos de comerciantes y profesionales puertorriqueños. Estos favorecieron el pacto autonomista con un partido monárquico liberal de España, presidido por Práxedes Mateo Sagasta, y la fusión del PLP con este ente político español. Mientras que el Partido Autonomista Ortodoxo, encabezado por el Dr. José Celso Barbosa, representaba otro sector de propietarios y de profesionales, a la vez que se hacía portavoz de los trabajadores, de sectores sociales marginados y se decía ser el defensor de la “soberanía popular”. Los autonomistas ortodoxos rechazaban integrarse a cualquier partido de España pero, en definitiva, se allanaron a la autonomía lograda. 

Para las elecciones del nuevo gobierno pautadas para el 27 de marzo de 1898 el grupo principal de Ensayo Obrero (Ferrer, Romero Rosa, Gómez Acosta, etc.) favoreció a los autonomistas de Barbosa. Un grupo encabezado por Cecilio Andino Galés – el de la danza… – publicó “El Obrero Liberal”, abanderizados con Muñoz Rivera. Otros junto a Santiago Iglesias formaron el Centro de Estudios Económicos-Sociales exhortando a los trabajadores a organizarse y seguir un curso político propio. Recordando aquél momento, Iglesias escribió: “Esta lucha gubernamental interna fue muy aguda, y llegó a hacerse tan pasional, que muy pronto trascendió al pueblo por todo el país; dividiéndolo políticamente en dos bandos. Los problemas económicos de la época no recibían estudio, ni se les daba la importancia que tenían y mucho menos el estado calamitoso en que se hallaba las muchedumbres del trabajo. La preocupación se dirigía exclusivamente a la conquista del poder politico y de los empleos públicos. Se luchaba ardorosamente por conquistar el absoluto predominio personal, mientras el problema económico era mencionado académicamante…Los directores que influenciaban la opinión pública entusiasmaban fácilmente a los campesinos y obreros, quienes eran utilizados electoralmente. No tenían una conciencia obrera colectiva formaba” (Luchas emancipadoras, 1929; 2da ed. 1958, p. 57). Ese era el Santiago Iglesias anarquista-socialista hablando. 

Salió triunfante el Partido Liberal y le tocó a Muñoz Rivera formar el gobierno. No obstante las posturas sobre los autonomistas, tanto el gobierno de España como el Autonómico ejercieron represión contra los líderes obreros. En septiembre de 1897, por no entregar dos ejemplares a los censores del gobierno previo a la publicación, el periódico Ensayo Obrero fue multado en 72 pesos y su director, José Ferrer y Ferrer fue encarcelado por unos días (La Democracia, 17 septiembre y 2 octubre 1897); en marzo del 1898 el periódico fue multado en 62 pesos por el artículo “Socialismo”, que la censura consideró “atentatorio contra la religión del Estado” (La Correspondencia de PR, 5 marzo 1898). Por considerarlos peligrosos para la “integridad nacional” (hoy se diría “seguridad nacional”), el día de las elecciones del 27 de marzo se ordenó el arresto de José Mauleón y Emiliano Ramos (presos) y Santiago Iglesias (escapó). Detenido en Río Grande, Iglesias fue remitido a la capital y condenado a 7 meses de cárcel.

Estando encarcelado durante el bombardeo de San Juan e invasión estadounidense, Iglesias fue excarcelado el 5 de octubre de 1898. En los últimos aleteos del gobierno autonómico se volvió a ordenar su arresto pero Iglesias volvió a escapar. Cuando llegó a Carolina, en narración suya, encontró a un amigo intérprete quien lo presentó al comandante Scott del ejército invasor que tomaba posesión del pueblo. Opinamos que los sucesos inmediatamente posteriores, junto a otros más adelante, influyeron en la metamorfosis de Santiago Iglesias de anarquista y socialista radical a socialista reformista y sindicalista pro-americano. En el contexto histórico de Puerto Rico colonial, “Americano” generalmente es sinónimo de estadounidense.

Iglesias no solamente estuvo bajo la protección del comandante Scott, sino que fue invitado por éste para hablar al pueblo en la toma de Carolina, Canóvanas, Loíza, hasta llegar a Río Piedras, donde el general y gobernador militar John Brooke tenía su cuartel.invasor. Durante esos días se desataron huelgas en diversas haciendas y Scott informó de las condiciones miserables de los trabajadores y el maltrato que recibían de los hacendados. A pesar de tener noticias de Santiago Iglesias como “anarquista” (con todo el estigma negativo del término), continuó bajo la protección del ejército americano y fue ordenado a permanecer allí hasta el 18 de octubre. La noche anterior en Río Piedras fue objeto de un atentado de un disparo, que se sospechó fue acto de los hacendados y mayorales que Iglesias había alterado con sus arengas a los trabajadores. El día 18 el general John Brooke sustituyó al general Nelson Miles (a cargo de la invasión) en la gobernación militar. Iglesias regresó a San Juan cobijado por las tropas estadounidenses y ese día se oficializó la rendición de España. Indistintamente de las expectativas que tuvieran de participación política con Estados Unidos, y de la debilidad material de la burguesía criolla (con todo el peso indiscutible que tiene), el hecho es que el gobierno autonómico acabó entregándose y sus altos oficiales se pusieron al servicio de los generales invasores. El historiador Carmelo Rosario Natal documenta que, ¡fue Muñoz Rivera quien llevó de brazo al general Brooke a izar la bandera de Estados Unidos en la Fortaleza! (Puerto Rico y la crisis de la guerra hispanoamericana, 1895-1898; Edil, 1989). 

La Federación Regional de los Trabajadores 

Luego de reagruparse el liderato obrero, aunque heterogéneo en conciencia de clase y en opciones políticas, se constituyó la Federación Regional de Trabajadores (FRT), el 20 de octubre de 1898. Tres días después circuló su periódico “El Porvenir Social”. La unidad sindical y/o política, usualmente, no significa que todos piensan igual; y no tiene que ser así. La unidad se logra acordando una base común, y se mantiene mientras eso tenga más peso y sea la línea rectora de la acción. Por encima de consideraciones secundarias y hasta personales, lograr el acuerdo básico y la voluntad de actuar es la clave de la unidad. Entonces todos los partidos políticos y movimientos sociales se movían en las aguas picadas y en el proceso siempre contradictorio de la historia, en este caso del contexto del cambio de mando imperial de 1898.

Ante el fin de la dominación de España y en de un levantamiento general armado por la independencia previo a la invasión (como abogó por ello Betances hasta su último aliento de vida en septiembre del 98), todos los partidos tradicionales y el movimiento obrero que se inauguraba en organización sindical a nivel nacional, dirigieron sus ojos y peticiones de mejoría a la gran potencia de Estados Unidos. El coloso del Norte ya sabía aprovechar las divisiones o instigarlas para imperar en el país conquistado. En la edición del 21 de octubre de la Gaceta de Puerto Rico se publicó la traducción de la Constitución de los Estados Unidos de América. Aun no había sido disuelto el Gobierno Autonómico, pero esto sirvió para dejarle saber a todo el mundo a qué constitución se debían remitir de ahí en adelante. Acompañando el paso del estampido de las botas del ejército invasor, el gobierno de Estados Unidos comenzaba a poner en práctica sus resortes ideológicos y politicos. Se desplegaba la “americanización”. Esto es parte del retrato del colonizador. Casi todos tenían la idea de Estados Unidos como el país más democrático y campeón defensor de los derechos individuales del planeta. Esa creencia, sin conocer a fondo la historia del país invasor, es parte del retrato del colonizado; evocando el análisis que el sociólogo Albert Memmi ha hecho del colonialismo. En la fundación de la FRT se aprobó enviar una comisión (Iglesias y Eduardo Conde) a Washington DC, a hacer contactos e informar sobre el Socialist Labor Party (SLP) y la American Federation of Labor (AFL) y la situación industrial de Estados Unidos. Sin apoyo y protección en la colonia lo buscaron en el imperio.

Por otro lado, la FRT fue invitada a participar en una Asamblea “de delegados representativos de todos los intereses y clases sociales y de todas las orientaciones” (Iglesias) en el Teatro Municipal de San Juan, el 30 de octubre. En nombre de la FRT Santiago Iglesias expuso que se declaraban partidarios de la anexión si no perjudicaba al país, y favorecían implantar las instituciones y sistema educativo de Estados Unidos; así mismo exigían la jornada de 8 horas y diversas mejoras en las condiciones de trabajo, incluyendo para las mujeres embarazadas Por un lado, cuando todavía no conocían el aparato económico de las Corporaciones de Estados Unidos, especialmente el azucarero, y frente a las exclusiones y atropellos cotidianos a que estuvieron sometidos los trabajadores y sus familias bajo España, en las filas de la FRT creían que con las “instituciones americanas” se beneficiarían y defenderían. Ramón Romero Rosa también participó en lo que llamó aquella “asamblea de los políticos liberales del país”. En ese contexto preciso, en El Porvenir Social hizo una advertencia a los trabajadores reservando el lenguaje de lucha de clases para los propietarios y partidos que conocían. Todavía tenían la dominación española y al efímero gobierno autonómico de referente concreto e inmediato. Al mismo tiempo, este líder obrero forceajeaba con el problema del disinterés en educarse políticamente y organizarse, y en consecuencia la falta de acción de la mayoría de la clase trabajadora por defender sus propios intereses. Romero Rosa manifestó:

“Una de las grandes calamidades que nos asisten y que nos habrá de llevar a la ruina por completo (si no se cambia de carácter), es esa fría indiferencia o apatía que domina a la mayor parte de nuestros compañeros. En la creencia de estos desposeídos del patrimonio ha existido siempre la idea de que los politicos han de ser los que mejorarán la tristísima situación nuestra; y ajustados a ese principio, no han hecho otra cosa que sino formar cola con ellos y seguirles a todas partes. No teniendo en consideración, por ley de experiencia, que tanto un partido como los demás, vienen todos a dar un mismo resultado; puesto que los burgueses los son igual republicanos que monárquicos, reaccionarios que liberales. Todos, (admitimos excepciones) unos más y otros menos, no tienen otra misión que la de explotar al pueblo trabajador, procurando crear empleos que repartir a sus compinches, sin que por eso les duela el que los obreros se desangren o mueran de asco. Esto quiere decir también, que la mayoría de nuestros compañeros (como ya he manifestado anteriormente), no se mueven para nada, que no tratan de agremiarse, de formar su organización, etc., sino que esperan que el maná les venga de la mano de los don Fulano o don Zutano, hombres honrados, por supuesto, pero que no han de llenar el interés que perseguimos” (El Porvenir Social, Época II, Núm. 4, Noviembre 6 de 1898).

Sin embargo, el empuje de la FRT se fue haciendo sentir. Se dieron pasos organizativos en Ponce, Dorado, y Lares. En Arecibo, Iglesias apunta, se constituyó la FRT en una asamblea el 13 de noviembre del 98; allí fue electa una directiva representando “diez uniones incipientes de oficios”. Comisiones obreras de otros pueblos llegaron a San Juan buscando orientación organizativa y afiliarse a la Federación.

La puesta en marcha de la FRT, a su vez, se dio en el contexto de huelgas de trabajadores agrícolas en distintos puntos del país y de los tabaqueros de la fábrica “La Ultramarina”. El 20 de noviembre los tipógrafos se reunieron en el “Círculo Obrero” (Calle Sol, 62) a discutir su situación laboral (La Correspondencia de PR, 19 noviembre 1898). Tres días después los “diarios ricos” La Correspondencia de Puerto Rico y el Boletín Mencantil, así como los demás rotativos de la capital fueron paralizados por una huelga de tipógrafos comenzada el 23 de noviembre (La Democracia, 26 noviembre 1898). Luchaban por aumento de 50% en el salario y mejores condiciones higiénicas. La clase patronal comenzó a usar rompe-huelgas pero no pudo con el empuje obrero. Después de tres semanas de huelga, los tipógrafos lograron aumentos salariales de hasta 25%, “y una mejor consideración de sus patronos”, los impresores (Luchas emancipadoras, p. 97).

En estas circunstancias, la conciencia y combatividad obrera fue incrementando y una de las últimas fanfarronadas del moribundo gobierno autonómico se descargó contra Santiago Iglesias. Según narra éste, primero a finales de noviembre fue llamado por el Sub-Secretario de Gobernación, licenciado José de Diego para dejarle saber “del disgusto que causaba aquella campaña que el gobierno consideraba hostil e injusta”. De Diego le dijo que “las actitudes socialistas y revolucionarias” como las que se manifestaban en Barceola y que “él conocía y con las cuales él simpatizaba…” (sí, Pepe…), en Puerto Rico resultaban “ideas subversivas”. Ofreció “amistosamente” ayudar a “levantar la clase obrera” si deponían la actitud radical. Iglesias no lo tomó en serio y replicó que en Barcelona, en Puerto Rico, y cualquier parte del mundo estaba en la legalidad defender la causa de los trabajadores. Unos días después, el “Ministro de Gobernación”, Luis Muñoz Rivera, con un ejemplar de El Porvenir Social en sus manos lo fustigó enfurecido diciendo que contenía escritos “disociadores” y que “tenía órdenes superiores” (mentira, era su deseo) de aconsejarle que se fuera de Puerto Rico (Luchas emancipadoras, pp. 98-99). Otra orden de arresto no se materializó.

Quienes tenían los días “autonómicos” contados eran Muñoz Rivera y sus Secretarios. El 6 de diciembre de 1898 asumió el mando el tercer gobernador militar, general Guy V. Henry. Todos habrían de tomar giros distintos en una siguiente madeja de contradicciones de lucha obrera, política partidista electoralista y de diversas vertienes de americanización. De ello tratamos en un próximo artículo de continuación.