La niña Lolita que creció para la libertad

Érase una vez una niña que vivía en un pueblo en el que descubrió un misterio. Su nombre era Lolita. Vivía en el pueblo de Lares, en el centro montañoso de Puerto Rico. Es el pueblo donde ocurrió un gran suceso histórico llamado El Grito de Lares. Cuando Lolita nacido y se criaba, la mayoría de la gente de Lares se dedicaba a hacer una de las mas grandes magias de la humanidad. Sucedía que sembraban semillas pequeñas y de ahí salían plantas y frutos. Esa magia es la agricultura. En realidad, no es magia, pero le podemos llamar así por lo maravillosa que es. La agricultura no era el Lolita descubrió en Lares. Eso era conocido por todos. Las madres y padres le enseñaban a sembrar a sus crías.

Las familias enteras trabajaban en el campo. Al alba salían en grupos, grandes y pequeños, con el olor del café a caminar hacia las fincas. El sol les hacia sudar desde que salía. A pesar de eso, hacían chistes y cantaban. Las madres regañaban a los niños que no seguían sus instrucciones. Muchos niños deseaban asistir a la escuela, pero no podían. Debian ir a trabajar a la finca con sus padres para lograr hacer las labores que les pedían a tiempo y poder comer algo. En las tardes hacían el mismo camino de vuelta a casa, pero ya sin chistes ni canticos. Al atardecer el cansancio era mucho. Lo que pensaban era en que ojalá pudieran comer y descansar al llegar a su hogar. Unas veces se les cumplía. Muchas otras no porque solo tenían poco de comer para repartirlo entre todos.

Entre todas esas familias de trabajadores vivía Lolita. Su padre era capataz de la hacienda. Su labor era dirigir el trabajo de esos trabajadores en nombre de los dueños de la hacienda. Lolita amaba la agricultura. Ella sabía que era la actividad más importante para que las personas tuvieran qué comer.

Además, le causaba mucha curiosidad como funcionaba la naturaleza que hacia crecer semillas. En especial observaba con interés las semillas de maíz, de las cuales su abuela le había contado que existían desde que en estas tierras solo vivían indígenas y que eran el alimento de América. Lolita olía la tierra y las flores. Observaba las abejas buscando néctar. Seguía con su mirada a las gallinas y gallos. Su amor por la tierra le permitía divertirse y relajarse. A la vez, la guiaba a desear proteger el entorno y entender su importancia.

Lolita tuvo la suerte de asistir a la escuela porque su padre ganaba lo necesario para comer sin tener que poner sus niños a trabajar. Amaba su escuela Manuel Rojas en el pueblo de Lares. Se deleitaba al leer libros. Gozaba los poemas. A veces escribía en su libreta su palabra favorita: LIBERTAD. Su interés por aprender y su curiosidad la llevaban a observar todo a su alrededor. Por eso un día descubrió el secreto misterioso que la marcó para siempre.

Cuando en la alborada Lolita marchaba hacia su escuela, miraba con tristeza a sus amigas ir a trabajar a las fincas. Esto le acongojaba porque pensaba que sus amigas no podían gozar de la diversión de leer cuentos y escribir palabras lindas. Tampoco podían jugar en el recreo con las niñas que asistían a la escuela. No conocían a su maestra que hablaba tan bonito y sabía muchas cosas interesantes. Lolita no podía entender la razón para que las hijas de los trabajadores tuvieran que ir a la finca a trabajar en lugar de ir a estudiar. No podía aceptar que si eras hija de alguien que no era de los trabajadores de finca sí podías ir a la escuela. Ella no entendía que podía diferenciar a unas niñas de otras por la labor que hicieran sus padres. Reflexionando mucho sobre el tema pensó que quizás esa gente aceptaba esa situación porque ganaban mucho. Imaginó que quizás su amiga Isabelita, que no sabia leer ni escribir, tenía mejores comidas y dulces y ropa. Pensó que ni siquiera por esa razón se valía no ir a la escuela y no

poder interpretar el mundo leyendo y escribiendo. No obstante, esa debía ser la explicación para que las familias aceptaran el fatal destino de no gozar de la escuela y los libros. Lolita estaba equivocada.

Paseando y correteando por los campos fue notando que sus amigas no tenían casi pertenencias. Supo que había días que llegaban de trabajar y casi no comían. Entonces fue que se le sembró una duda en su mente. ¿A dónde iban a parar los muchos frutos que esa gente cosechaba en la finca? Con esa interrogante empezó a adentrarse en el misterioso secreto que guardaba su pueblo de Lares.

Un dia Lolita consiguió que su madre no la enviara a la escuela. Escuchó que su padre había comentado que recibiría a unos enviados del dueño de la hacienda en los almacenes donde se guardan las cosechas. Lolita era muy astuta, por lo que se le ocurrió que allí descubriría el misterio de adonde iban a parar esos frutos. Siguió a su padre al trabajo y observó como le entregó un enorme cargamento de cosecha a unos extraños. Cuando los forasteros se fueron, Lolita interrogó a su padre. Don Gonzalo, que así se llamaba el papá, le explicó que los trabajadores recogían las cosechas para poder subsistir en esas tierras pero que tenían que entregarla. Se les pagaba muy poco porque la cosecha se la enviaban al dueño de la tierra, que era el que la vendía y se ganaba mucho dinero de ella. Lolita le replicó: “pero papá, si él no trabaja, ¿cómo puede ser quien cobre mucho cuando los que trabajan no tienen lo necesario? No es justo.” El papá le explicó que había pocas personas que eran los que tenían poder de la tierra y que los demás tenían que trabajar para ellos. Le contó que esos pocos con mucho poder también tenían que entregar gran parte de su ganancia. La causa de eso es que Puerto Rico es propiedad de los Estados Unidos. No somos un país libre. Por eso, los hacendados tienen que pagar mucho para traer productos de afuera y para que les permitan sacar sus productos a la venta. Ellos no quieren perder nada de ganancia, así que le reparten solo una miseria a quienes le hacen sus riquezas que son los trabajadores.

Lolita se asombró con el esclarecimiento que hizo sobre la realidad puertorriqueña. Pensó que el mundo de los adultos que le describía su padre es absurdo y quería crecer para cambiarlo. Sintió que quería dedicarse a que las niñas y los niños como ella pudieran ser libres. Tuvo el fuerte impulso en su corazón de quería dedicarse a que en Puerto Rico no hubiera dueños de afuera que no nos permitieran vivir a todos de manera justa. Así lo hizo. Lolita Lebrón Sotomayor vivió toda su vida para liberar a Puerto Rico obedeciendo solo su consciencia. Cumplió muchos años de cárcel en los Estados Unidos por dirigir un ataque al Congreso de los Estados Unidos, siguiendo el derecho internacional que permite a los pueblos pelear por su liberación. El escuadrón que dirigió estuvo compuesto por los patriotas Rafael Cancel Miranda, Irving Flores y Andrés Figueroa Cordero. Tras una larga lucha en reclamo de su liberación de muchas personas puertorriqueñas, cubanas, latinoamericanas y de otros países, Lolita fue sacada de prisión junto a sus compañeros de lucha. Murió ya de anciana sin ver a Puerto Rico libre pero muy satisfecha de haber hecho su parte con valor.