La ONU y la OMHU en la construcción de una nueva Política

 

Por Marcelo Barros / Especial para En Rojo

El 24 de octubre, la ONU celebra otro aniversario de su fundación, cuando promulgó la Carta de las Naciones Unidas (1945). Aunque frágil y con muchos desafíos que superar, este organismo internacional ha sido útil para liderar a la humanidad en el camino del diálogo y de la paz. La ONU cumple la importante misión de garantizar que la sociedad internacional esté impregnada de valores como el respeto a la dignidad de todos los humanos, la supremacía de la justicia, la conciencia ecológica y la apertura a la diversidad. Sin embargo, sus miembros son estados nacionales y gobernantes. Cada vez queda claro: es necesario unir a todas las personas de buena voluntad y grupos de la sociedad civil para “democratizar la democracia”. Esto significa diseñar un nuevo estilo de política, centrado efectivamente en el bien común. El arzobispo Oscar Romero, martirizado en 1980, propuso un retorno a lo que llamó la “gran Política” (con P mayúscula).

Por esta razón, gran parte de la humanidad sueña con un organismo mundial que abarque no solo gobiernos, sino también una representación de la sociedad civil. Solo una organización que, además de estados, también reúna a representantes de organizaciones civiles tendrá la fuerza para defender los derechos de la vida en el planeta. La humanidad ya no puede aceptar el hambre y la miseria como condiciones normales en el mundo. Es urgente estimular una nueva cultura que ya no permita la insensibilidad a lo que le está sucediendo a millones de seres humanos. El Papa Francisco nos pide que superemos “la cultura de la indiferencia”.

La humanidad está descubriendo que la paz y la justicia no son solo elementos políticos importantes, sino son expresiones de una espiritualidad humana y ecuménica, religiosa o no. Por eso, organismos internacionales de la sociedad civil proponen la creación de una OMHU, Organización Mundial de la Humanidad. No se trata de reemplazar a la ONU, sino de ayudarla en su misión. Con este fin, personas y grupos de todo el mundo se están organizando en el Ágora de los Habitantes de la Tierra. Esta organización propone hablar en nombre de la humanidad y defender la vida en peligro de extinción en el planeta. Quiere ver aprobada una Carta de los Bienes Comunes de la Humanidad y que se reconozca a toda persona humana como ciudadano/a de la Tierra. Este proyecto no solo es importante social y políticamente. Es la meta de fe y espiritualidad. El evangelio dice que Jesús dio su vida para reunir a todos los hijos e hijas de Dios dispersos por todo el mundo (Jn 11:52).