La recreación histórica de la Guerra Civil Española en el cine

 

Por María Cristina/En Rojo

Aunque la censura franquista promovió el olvido y no permitió que la Guerra Civil fuera temática de la literatura, el cine, teatro o periodismo, una vez se suavizan (la eliminación es casi imposible a menos que se dé una revolución) las leyes que “velan por el bien de la nación”—lo que incluye financiamiento, rodaje, distribución y exhibición—se da una excelente producción de filmes que insisten en mirar a esa época que marcó la vida de tantos. Tan reciente como el año pasado, dos de los filmes nominados y premiados en los Goyas recrearon la vida de uno de los escritores más prominente de España, Miguel de Unamuno, y presentaron la vida escondida por más de 30 años de uno de los miles de topos que sobrevivieron la persecución del régimen franquista. Comento tres largometrajes de ficción que recomiendo para los interesados en la memoria histórica. En los próximos escritos hago otro escogido de los cientos que existen.

La trinchera infinita (Aitor Arregi, Jon Garaño, Jose Mari Goenaga, 2019)

Con un marco de espacio que pudiera resultar claustrofóbico y desesperante, este filme nos da todo lo contrario. Es una historia de amor entre un hombre que ama a su mujer intensamente y una mujer que está dispuesta a proteger su vida de quien sea y como sea. Aquí no hay grandes heroísmos ni convicciones que defender o claudicar; es la historia de cómo sobrevivir en la precariedad. Es 1936 y en este pueblo, la avanzada de los golpistas militares de Franco ya tiene la delantera. Sus simpatizantes y los que tenían resentimientos o pugnas familiares con los representantes de la República, comienzan a denunciar sin pruebas. Los hombres especialmente se convierten en cazadores y los perseguidos son silenciados, sacados de sus casas, arrestados y hasta fusilados al momento si se resisten. Al principio, Higinio cree que puede defender su posición de estar del lado de la legalidad de la República, pero muy pronto se da cuenta que en este clima de venganza nada de eso importa. Con Rosa como la única testigo, Higinio se convierte en uno de los innumerables “topos” que lograron vivir escondidos en sus propias casas hasta el Decreto Ley indulto de 1969. Los directores basaron su historia en el documental y novela gráfica, 30 años de oscuridad (Manuel H. Martín, 2012).

Aunque Higinio pasa los días—y a veces meses—en solitaria, sin contacto humano y mira la vida desde el espacio reducido de un hueco de la pared, nosotrxs lxs espectadores compartimos su necesidad de sobrevivir, de mantenerse humano, de siempre temer ser encontrado, pero a la vez encontrar rutinas que lo mantienen alerta, enterado y siempre a la defensiva. La ironía de esta historia es que hoy pasamos un encerramiento con poco contacto humano para poder contarnos entre los vivos en esta pandemia que nos arropa y no parece desaparecer. Las actuaciones son de 1era con Antonio de la Torre todo el tiempo en cámara y una Belén Cuesta que acompaña, interrumpe y confronta a su pareja con el que muy recién había formado familia. La supuesta armonía entre los dos se rompe con visitas cortas de vecinos y hombres que creen que una mujer sola es una presa fácil. ¿Cómo se comporta el cuerpo y el espíritu cuando ha esta encerrado 33 años y de pronto puede abrir la puerta de su casa y pisar las calles nuevamente? (NetFlix)

Mientras dure la guerra (Alejandro Amenábar, 2019)

Aunque no lo parezca, este filme es también una mirada a la España de 1936 pero desde la perspectiva de un grupo privilegiado en otra región. Aunque entendemos que el filme narra dos instancias en las vidas de dos hombres reconocidos históricamente, el protagonista lo es el profesor, escritor y filósofo, Miguel de Unamuno (1864-1936), rector vitalicio de la Universidad de Salamanca. La otra historia—la que tiene más fuerza dramática—es la de Francisco Franco y su consolidación como líder máximo de las fuerzas Nacionalistas/Nacionales. El título se refiere precisamente a estos sucesos. Mientras la primera historia es la más íntima, Unamuno y su familia y amigos, la segunda es la más detallada al ubicar a Franco (Santi Prego) dentro de las decisiones marciales tomadas en ese momento y su devoción a su religión y familia.

Me parece muy acertado escoger el último año en la vida de Miguel de Unamuno (interpretado casi como si lo conociera por Karra Elejalde) en vez de intentar algo más amplio que ensalce la ya legendaria vida intelectual del escritor vasco. Sus polémicas en cuanto a la religión, los lenguajes y la política se presentan en las discusiones que sostiene casi diariamente con sus amigos—todos muy distantes de sus creencias—en la comunidad de la Universidad de Salamanca donde fue rector vitalicio tres veces, aunque lo depusieron en dos ocasiones. Esos amigos, el pastor evangélico Atilano Coco y su antiguo alumno y ahora profesor Salvador Vila, le recuerdan que antes de apoyar al ejército Nacional, había apoyado la República y fue diputado de las Cortes constituyentes. Pero en 1935 se descontenta con el presidente Manuel Azaña y apoya a la Falange lo que resulta en su despedida como rector. Sus amigos, desde perspectivas diferentes, tratan de hacerle entender que lo que él cree que es el proyecto Falangista y también “nacional” no tiene que ver con las verdaderas intenciones del ejército sublevado de destruir la República. Unamuno se da cuenta muy tarde de cómo lo habían manipulado para contar con un prestigioso intelectual a su lado. El último golpe que recibe, aunque no verá su final por morir a fin de año a los 72 años, será el desmantelamiento del proyecto universitario al que dedicó su vida. (NetFlix)

El fotógrafo de Mauthausen (Mar Targarona, 2018)

Al igual que La trinchera infinita, este largometraje de ficción también se basa en un documental que muchxs pueden encontrar casi imposible de ver por sus fotos de los campos de concentración Nazi. Narrado por José Sacristán, Mauthausen Francisco Boix: un fotógrafo en el infierno (Llorenç Soler, 2000), que pueden ver en YouTube, reconstruye la vida de este joven barcelonés que ya a los 19 años militaba en las Juventudes Comunistas y experimentaba con el periodismo fotográfico. Al darse el golpe militar de 1936, documentará los instantes en el campo de batalla, pero tendrá que ser parte de la Retirada cuando las tropas Nacionales toman Barcelona. Boix será uno de los miles de españoles en 1940 destinados al campo de concentración de Mauthausen en Austria. Será parte de los sobrevivientes, de los que se adueñaron del lugar cuando los oficiales de la SS escapan y tratan de quemar toda evidencia de sus hechos, que por 48 horas liberaron ese infierno. Luego llegarán las tropas aliadas para alimentar a una población que por cuatro años había casi muerto de hambre, tortura y negligencia. Pero es en los años que siguen a su encerramiento en Mauthausen que Boix se convertirá precisamente en el “fotógrafo del infierno” cuando es testigo presencial en los juicios de Nuremberg con la evidencia, sus fotos, que había podido almacenar y luego recuperar de las atrocidades en Mauthausen.

El largometraje de hechos ficionalizados por no ser documental y abreviar el tiempo y los detalles, enfoca sabiamente en hechos precisos para desarrollar una historia de terror e intriga. Boix llega a Mauthausen y logra acomodarse en la oficina de “comunicaciones” por venderse como fotógrafo y congraciarse con algunos de los oficiales de la SS. La historia enfoca en el hecho que la mayoría de la población de este campo eran Comunistas y la mayoría de los españoles también. Esto permite una reorganización interna y una disciplina con la que pueden llevar a cabo proyectos—como preservar los negativos de las fotos tomadas—donde cada uno se responsabiliza por sus actos para el bien comunitario. El hecho de que la gran mayoría de ellos eran trabajadores diestros, especialmente carpinteros y mecánicos, facilita los recursos necesarios para llevar a cabo sus proyectos. Todos entienden que se les va la vida en ello, pero hay un sentido de que tienen que ser testigos de lo que ocurrió allí para que nadie salga impune. Por eso las fotos son el testimonio a preservar. Mario Casas interpreta con gran precisión la personalidad de Francisc Boix como lo describe y retrata el documental de Llorenç Soler.