EDITORIAL: La reseca de otra visita imperial

Quienes hayan creído que el congresista estadounidense Raúl Grijalva- quien tiene un récord constatable de legislación y acciones progresistas- llegaría a Puerto Rico a cambiar las reglas del juego de la Ley PROMESA y la Junta de Control Fiscal a favor del pueblo puertorriqueño, se equivocaron de medio a medio. Porque los resultados de las vistas y reuniones -celebradas en San Juan el pasado fin de semana por el Comité de Recursos Naturales de la Cámara de Representantes de Estados Unidos- y presididas por Grijalva- no cumplieron ni remotamente con las grandes expectativas que tanto sus promotores como los medios de prensa habían creado en torno a las mismas. Realmente, transcurrieron y concluyeron sin pena ni gloria. Fueron un ejercicio más de formalismo imperial para llenar el expediente y cubrir las apariencias.

Fue el propio Grijalva, representante Demócrata por Arizona, quien se encargó de bajarles el tono. En las vistas no se tocaría el tema del estatus, ni tampoco se proclamaría un compromiso de hacerle cambios mayores a la Ley PROMESA. De entrada quedaron establecidos varios objetivos, específicamente recortados para evitar tener que mirar “al elefante en medio del salón”, que es la condición colonial de Puerto Rico. 

Así quedaron los objetivos de las vistas: ver “sobre el terreno” y escuchar a los afectados y afectadas sobre el impacto de las medidas de austeridad impuestas por la Junta de Control Fiscal (JCF), para buscar maneras de “suavizar” las mismas; escuchar las ideas y recomendaciones de líderes comunitarios y sectoriales de Puerto Rico sobre cómo enfrentar los distintos aspectos de la crisis; reunirse con los funcionarios de FEMA en Puerto Rico y discutir cómo agilizar el proceso de reconstrucción, y acelerar el desembolso de los fondos del gobierno federal aprobados para dicho propósito. Además, discutir con los encargados de su implantación el plan para la reconstrucción de la infraestructura energética de Puerto Rico, la más urgente y estratégica de las tareas pendientes. 

La agenda no incluyó el problema sustantivo, ni había por qué esperarlo. Este es el mismo Comité que creó la Ley PROMESA y la Junta de Control Fiscal (JCF) bajo la administración de Barack Obama, como la respuesta del Gobierno de Estados Unidos a la crisis de la deuda de Puerto Rico. La diferencia es que, en ese entonces, era presidido por el Republicano de Utah, Rob Bishop. Ahora- y a raíz de que el Partido Demócrata controle la Cámara de Representantes tras haber ganado 40 escaños en las elecciones congresionales de noviembre de 2018- lo preside Raúl Grijalva.  Bishop, capitanea la minoría, igual que lo hacía Grijalva antes.  Un mero cambio de sillas, típico del sistema bipartita estadounidense.  

Claro, que no es lo mismo que el Comité de Recursos Naturales- con jurisdicción sobre los territorios, entiéndase, colonias de Estados Unidos- lo presida Bishop que Grijalva. El primero es un troglodita, de quien ya conocemos sus ex abruptos y su falta de interés y sensibilidad hacia los problemas de Puerto Rico. Raúl Grijalva es un político más inteligente, conocedor y sensible por lo cual, seguramente, será más “políticamente correcto” en cuanto a encaminar a PROMESA y la JCF para que su presencia y acciones resulten menos drásticas, ofensivas y antipáticas que hasta ahora. 

Pero, de ningún modo puede interpretarse que un cambio de estilo, o un interés personal más genuino que pueda tener Raúl Grijalva hacia el pueblo puertorriqueño, lograrán alterar la realidad de que PROMESA y la JCF son y serán las herramientas coloniales con las que el Gobierno de Estados Unidos seguirá intentando resolver el problema de la deuda a favor de los acreedores, principalmente grandes conglomerados financieros estadounidenses. Seguramente también seguirá inalterado el principal objetivo tras la Ley PROMESA, que es garantizar el pago de la deuda hasta las últimas consecuencias, aunque esto represente el mayor sacrificio para el pueblo puertorriqueño. 

Por eso, es preciso advertir  que los afectados y afectadas- que son la inmensa mayoría de nuestro pueblo- necesitan mantener la guardia en alto, y no confiar en que un mero cambio retórico- o de énfasis- logrará que el gobierno de Estados Unidos coloque los intereses de nuestro pueblo entre sus prioridades. Probablemente, Grijalva y la mayoría Demócrata en el Comité de Recursos Naturales harán las gestiones necesarias para modificarle un poco lo opresivo a la Ley PROMESA y lo arrogante a la JCF. Para ello no podrán contar con el apoyo del Comité de Recursos Naturales del Senado, de mayoría Republicana, por lo cual no debe anticiparse ninguna sacudida mayor a las reglas del juego prevalecientes. Recordemos que las colonias nunca somos el interés principal de las metrópolis. 

Precisamente por esta realidad, ninguna visita imperial o reunión colonial que se celebre en Puerto Rico, por iniciativa del Congreso de Estados Unidos, tendrá un efecto permanente, mientras dicho Congreso no reconozca la necesidad de enfrentar la realidad colonial de Puerto Rico y encaminar un proceso para su solución. Este es el problema fundamental de la relación entre nuestros dos países: la subordinación política y económica de nuestro país a un imperio que nos gobierna para sus intereses y no para los de nuestro pueblo. Seguir negando la existencia de ese problema colonial y evadiendo la responsabilidad de resolverlo es seguir estrangulando las posibilidades para el desarrollo económico y el crecimiento de nuestro país en todos los órdenes.

Es necesario que los promotores de estas visitas imperiales y los medios de prensa que les sirven de caja de resonancia atemperen sus expectativas y no alimenten las falsas ilusiones entre nuestra gente. El imperio estadounidense es uno. Y los partidos Demócrata y Republicano son las dos caras de su sistema electoral, un sistema que tiene como objetivos sostener la fortaleza y adelantar los intereses de Estados Unidos de América por encima de cualquier otra consideración. Es un imperio que está predicado sobre la supremacía y excepcionalidad de una nación beligerante, opresiva y con pretensiones hegemónicas- no sólo sobre Puerto Rico y el resto de sus colonias- sino sobre el mundo entero.