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Especial para CLARIDAD

“Women belong in all places where decisions are being made”,

Ruth Bader Ginsburg

“RBG: que su muerte sea una revolución”, leía el colorido meme a unas horas después de conocerse el fallecimiento de la gran Ruth Bader Ginsburg (1933-2020). La gente comentó que la jueza del Tribunal Supremo de los Estados Unidos era pura revolución, que toda su vida fue una revolucionaria. No obstante, en 2020 todavía falta demasiado por hacer y RBG lo sabía, por eso se aferró lo más que pudo a esta efímera existencia.

La pandemia –ya cotidiana– que vivimos desde principios de año ha dejado al descubierto grandes males sociales, pero en particular la abrumadora desigualdad racial y más aun por razón de género.

RBG, a través de múltiples decisiones jurídicas, avanzó la causa de la equidad para todas aquellas personas que se identifican como mujeres. Dichas determinaciones cambiaron dramáticamente la vida de generaciones de mujeres que carecían de derechos básicos, tanto en los Estados Unidos, como en su colonia, Puerto Rico, e influenció a otras naciones a través del mundo.

El legado de RBG, en especial para las mujeres trabajadoras asalariadas, es indiscutible.

“Mujer: si tienes tu propia cuenta de banco y tarjeta de crédito, si pudiste alquilar o comprar una propiedad, si pudiste jugar un deporte en la escuela, si tuviste un embarazo mientras trabajabas asalariadamente, (…), agradece a Ruth Bader Ginsburg”, leía otro meme publicado en las redes.

Todos esos logros se alcanzaron con sangre, sudor y lágrimas, la Jueza los validó en el foro Supremo.

Sin embargo, el otro día intercambiando historias laborales con unas amigas me dio mucho coraje. Lo que comenzó como un desahogo casual se convirtió en una nefasta colección de anécdotas sexistas en sus centros de trabajo y en la sociedad en general.

Ambas de mis amigas son madres solteras, fajonas y muy ambiciosas y competitivas en el ámbito laboral. Una de ellas es la única gerente mujer en una empresa con otros seis gerentes, todos hombres blancos mayores de 40 años. Ella se faja y trabaja el doble o el triple que sus contrapartes varones. Tiene que ser más productiva, más organizada, más ordenada, más de todo. Ese día me contó como su jefe la llamó “descuidada” porque se le había “pasado algún asunto”. “Pero si no fue tu culpa, ¿por qué no le dijiste lo que pasó?” Me respondió “porque no iba a tirar a nadie al medio, porque si no después dicen que ‘una es una chota y no juega pa’l equipo”.

La otra contó como tiene un compañero de trabajo que es un macharrán, que cada vez que ella habla, él la interrumpe; le sube la voz y le habla estrujao, la critica porque “ella trabaja demasiado y no pasa tiempo con su hijo”, cuando ella no está dice a boca e’ jarro que le va a quitar todos sus clientes, y muchas cosas más. Lo peor de todo es que cuando ya no podía aguantar la situación pidió una reunión con su supervisor y con el jefe grande. “Dijeron que era una exagerada, una histérica, que tengo que ser más competitiva, que no lo tome todo tan personal, que me calme y que piense en que tengo un buen trabajo –en tiempos de COVID-19– con el que mantenerme a mí y mi hijo”, relató. O sea que los directivos en pleno Siglo 21, ignoraron todo lo que define el hostigamiento laboral –que es ilegal–, por ambiente hostil y pronunciaron todas esas frases sexistas que estamos hartas de escuchar.

Estas historias de mujeres son comunes y frecuentes. En el ámbito laboral el sexismo siempre ha estado presente. Desde trabajos que eran solo para hombres, la discriminación por razón de género, y la diferencia en la escala salarial, para mencionar algunas atrocidades.

Como abogada litigante, RBG sentó precedente en las cortes y en la sociedad estadounidense en la década de los años 70, cuando utilizó la Enmienda 14 de la Constitución, como la defensa para la igualdad racial y también para la igualdad de género. La Enmienda 14 fue creada después de la Guerra Civil en 1868 para darle protecciones legales a la población negra.

Luego en 1996, Bader Ginsburg, ya como magistrada, escribió que cualquier ley que “niegue a las mujeres, simplemente por ser mujeres, la plena ciudadanía – igualdad de oportunidades para aspirar, lograr, participar y contribuir a la sociedad viola la Cláusula de protección igualitaria”.

Esto fue un gran logro… No obstante, aunque en diciembre de 2019, las mujeres sobrepasaban a los hombres en la fuerza laboral con un 50.04%, todavía ganan mucho menos dinero. Las mujeres blancas ganan 79 centavos del dólar que gana el hombre blanco, las mujeres negras ganan 62 centavos, las indígenas nativas americanas ganan 57 centavos y las latinas ganamos 54 centavos, según el Buró de Estadísticas Laborales de los Estados Unidos (U.S. Bureau of Labor Statistics).

Entonces llegó el coronavirus/COVID-19 y entre febrero y mayo de 2020, se eliminaron casi 11 millones de empleos ocupados por mujeres. Las escuelas cerraron, y los niños y niñas fueron enviados a la casa a estudiar con sus encargados.

Ahí la realidad de la desigualdad se destapó más aún. Las mujeres asumen la abrumadora mayoría de las responsabilidades del cuidado de los menores y pasan un 40% más de tiempo cuidando a sus hijos que los padres, en parejas en las que los padres están casados ​​y trabajan a tiempo completo, según una investigación realizada por la Universidad Northwestern.

Con la pandemia, la crisis de salud se fusionó con la crisis económica, y como en esta sociedad tan “democrática” no se han atendido los reclamos de los trabajadores y trabajadoras, como cuido infantil, mejores salarios, mejores seguros médicos, mejores condiciones en general, no hay infraestructura para esta pelota de crisis.

RBG entendía que estamos en un momento crucial para la lucha de los derechos de las mujeres. Ella comprendía que hay que batallar con todo lo que se tiene para lograr legislación que responda a la justicia y equidad y no al oportunismo y al sexismo. Ella sabía que hay que darlo todo, que literalmente se nos va la vida si no exigimos lo justo y necesario. Por eso acudió al Tribunal incluso cuando estaba bajo tratamiento para el cáncer.

El día de su velorio RBG hizo historia una vez más convirtiéndose en la primera mujer y la primera judía en ser velada en el Capitolio federal en Washington D.C. Revolucionaria hasta el final. Gracias Seguiremos tu lucha. Rest in Power RGB!

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