La vida estaba en otra parte II: Un adiós para la fiesta de independencia de Elizam Escobar

Especial para CLARIDAD

 De la muerte de Elizam Escobar no intereso reponerme nunca. No pienso hacer el más mínimo esfuerzo para acostumbrarme, ni siquiera resignarme, a esta despedida.

Eso sí. Si alguna dulzura tiene esta retirada obligada, es que sabemos que con Elizam alcanzamos a celebrar muchas veces su vida, su obra, su presencia aquí. Así que hoy despido y celebro al amigo que pudimos disfrutar tanto, celebro los años de vida y de libertad que le robamos al colonialismo, a nuestra destrucción, a toda la represión y los intentos de invisibilización de nuestro derecho a ser libres, a una lucha muy desigual que a veces ha sido sangre y a veces ha sido dejar una pequeña fuente con la corriente mínima para que permanezca viva.

Antes de entrar en la parte espesa, en esas cosas que quiero repasar sobre Elizam para marcar su partida, quiero usar mi privilegio de periodista para dar testimonio de dos cosas esenciales que aprendí de él.

La primera fue en 1999. Él acababa de salir de prisión. Yo tenía 22 años y nos fuimos a caminar por el Viejo San Juan para hacerle la primera entrevista para CLARIDAD tras aquel acontecimiento histórico.

Elizam Escobar en el Viejo San Juan. foto Alina Luciano 1999

Ese día siempre ha sido inolvidable para mí por muchas razones. Pero -ante todo- con Elizam, ese día aprendí qué era lo que yo buscaba en todas esas entrevistas que hacía y seguiría haciendo a lo largo de mi vida. Desde entonces, en las entrevistas de personalidad, aparte de conocer una historia, siempre me propuse encontrar un punto de vulnerabilidad o sorpresa, un lugar, así fuera breve, de la contradicción, algo como una prueba de vida y autenticidad. Hay gente a la que es muy difícil, o tal vez monótono, entrevistar porque tienen como un cassette, un discurso ya super elaborado del que nunca dudan, del que nunca se apartan. Suele ser gente valiosísima. Las izquierdas, de hecho, están llenas de personajes así, que te hacen una sola versión de sus relatos (a veces heroicos) toda la vida. Ese no era Elizam. Elizam siempre te esperaba en las entrevistas con una per(versión) tremenda. De los mejores conversadores que he conocido, siempre revelaba mucho más de lo que se le proponía. Y siempre me dejaba atónita, sin palabras, jamás fue predecible en sus respuestas porque su pensamiento siempre estaba en evolución. Era visceral, era cómico, cándido en su honestidad, pero también profundamente filosófico, pragmático. O sea, sus argumentos eran absolutamente racionales, siempre parecían partir de una intensa búsqueda que nunca abandonó. Pero nunca eran políticamente correctos.

Lo otro que aprendí de Elizam fue a no temerle a reafirmar siempre nuestra lucha por la independencia. Su intelectualidad y talento plástico de gran factura nunca redujo la centralidad de su lucha independentista ni la reivindicación de que nuestra nacionalidad era un punto de partida de nuestra defensa anticolonial. Eso no significaba que no creyera en otros lenguajes para transformar la búsqueda de la independencia en “necesidad”. Me lo dijo en 2013 cuando le pregunté:“¿La lucha por la independencia se ha convertido en una lucha simbólica?”

Elizam: “No creo que la independencia sea ya una lucha simbólica. Porque es que no hay otra cosa. Que tú le digas a una persona de treinta años que se tiene que quedar con el papá y la mamá porque no hay otra forma. Eso es un pragmatismo bien enfermizo. Pero hay que buscar la forma de conectar. Hay una diferencia generacional en muchos sentidos. A estos jóvenes de ahora no les importa la moral esa pendeja. Una nena de estas lo mismo se acuesta con una mujer que con un hombre y no se considera lesbiana. O lo mismo se acuesta sin tener interés en tener sexo.

Cualquier persona que tenga todos los sentidos en su lugar no puede despreciar la independencia pero son muchas capas ideológicas. La gente no sabe qué es eso, piensa que eso es una locura. Hay que buscar los medios pero no repetir el discurso de siempre. Hay gente que quiere resolverlo todo a través del discurso.

Cuando digo simbólico no estoy hablando de un símbolo, como la bandera de Puerto Rico. Estoy hablando de las cosas que van más allá del código. Del lingüístico y del código ideológico. Yo puedo hablar de la independencia, no en el sentido político directo que hablan los conversos sino hacer que la gente piense. Hablo de los jóvenes porque ellos son los que van a decidir. Olvídate de los viejos que son independentistas y a lo mejor piensan que eso es un sueño pendejo.

Hasta que uno no entienda que no es un sueño sino una necesidad. Antes que Marx, Spinoza decía que la libertad es el reconocimiento de la necesidad. Si tú no sabes lo que es necesario, no puedes hablar de la libertad, no puedes dar un salto. Muchos de los posmodernos conservadores en Puerto Rico, el resentimiento de ellos con su experiencia independentista los lleva a negar y renegar de esas cosas que son completamente necesarias. A mí me importa poco lo que diga aquel tonto que se cree un vanguardista comemierda. Porque no entienden nada. Se quedaron en el nivel de las ideas y no entienden nada. Yo los saludo a todos porque sé que son gente que todavía tienen algo que aportar pero muchos se han jodido con esa mierda del resentimiento porque ‘después que yo vendí tantos Claridad, ahora esta gente tiene el Festival de CLARIDAD anunciando qué sé yo qué, se convirtió en una cosa comercial…’. Mano ¿tú quieres legitimar tu traición a la lucha con el Festival de CLARIDAD? Uno puede hacer cosas desde distintos sitios”.

 Elizam es un universo

Oscar López, Andy Montañez, Elizam y Jan Susler en el 69 cumpleaños del artista. Foto Alina Luciano

 Lo dije en su cumpleaños número 69, cuando tuve el honor de presentar su libro ‘Elizam Escobar: Obra poética 1980-2016’, editado por Che Melendes, así que tuve la suerte tremenda de habérselo dicho en vida. Más que un artista o un patriota de gran escala, Elizam Escobar es un universo: político, plástico, poético, literario, amatorio, festivo, psíquico, crítico, filosófico, un universo para la libertad.

No es por ponerme grandilocuente pero todavía no he podido dar con otro preso o presa política, luchador, luchadora o líder independentista en nuestra historia que reúna todas las capacidades creativas de Elizam. Hemos tenido presos políticos y líderes de la independencia, que han sido poetas, escritores o escritoras, filósofos, grandes ensayistas. Algunos han sido artistas plásticos. Pero no he dado con uno que, como Elizam, haya sido todo eso. Sin duda, se trata de los pensadores plásticos, filosóficos, literarios y poéticos más exclusivos que ha dado el Puerto Rico de finales del siglo XX y del XXI.

No sé si ustedes saben que, desde 2001 y al menos hasta 2013, que fue la última vez que me lo dijo para récord, Elizam soñaba todas las noches de su vida con la prisión. No eran necesariamente sueños tortuosos. Después de todo, eran distintos tipos de cárceles. “Nena, en algunas venden Medallas y todo”, me contaba entonces. “En otras, hay unas mujeres bellísimas, unas fiestas tremendas”.

Esto nunca me pareció extraño pues, desde la primera entrevista que le hice, un mes después de haber salido de la cárcel, siempre noté en él una pequeña, casi imperceptible nostalgia, no exactamente de la prisión sino de algo que tal vez solo ocurriría allí. Por eso me atrevo a decir que Elizam cargaba siempre con su prisión a cuestas.

Pero su cárcel, en efecto, y tal vez como él mismo trataba de explicarme, era distinta: un estado de profusión mental que detonaba todo un universo creador. Por eso no me sorprendió leer en su ‘Obra poética 1980-2016’, particularmente en el poemario ‘Sobrelibertá: poemas del siglo XXI’ un poema que dice:

 Echo de menos la ausencia

el encierro, la vida mental

 echo de menos las vueltas

en círculo

las cartas, la espera eterna (p. 234)

La vida estaba en otra parte

 La vida estaba en otra parte. Eso Elizam lo supo desde el día mismo en que entró a la cárcel. No es entonces extraño que haya recurrido a la vida simbólica que el arte posibilita para que le creciera vida a la anti-vida de la cárcel. Pero Elizam me explicó que nunca recurrió al arte como terapia. “El arte puede ser una terapia, no tengo problema con eso. A los presos, el arte los ayuda a liberarse, a desahogarse. Pero para mí el arte no se puede limitar a una terapia porque el arte es algo que puede ser lo contrario, te puede joder la vida. Es una tensión. La guerra es la continuación de la política por otros medios. Y el arte para mí es la continuación de la vida por otros medios, los simbólicos. No está separado de la vida pero no es la vida”.

En la cárcel, Elizam reflexionó mucho sobre la relación de lo político y el arte.

Elizam: “Está el arte comprometido y el que no lo está pero el nivel simbólico del arte a mí me pareció que era fundamental. Después de todo, para qué luchamos. Bueno, pues para tener un sentido de lo que es la vida. Cuando están cantando el himno, los independentistas por ejemplo, se sienten que son uno. La mayor parte de los líderes políticos ven el arte como un instrumento, algo que sirve para otra cosa. Nosotros creemos que hay que hacer arte de propaganda para organizar la gente pero ese no es el único papel del arte, ni siquiera el más importante. El más importante es que yo pueda leer una novela de Dostoevsky que me diga a mí a través de la narrativa de qué carajo se trata todo esto. Si no, es un elemento para conseguir el poder. Y después de conseguir el poder: ¿qué tú vas a hacer?

Una de las cosas que no dejo de cuestionarme es que todo el mundo que ha visto esta exhibición (Elizam Escobar: Instrospectiva simbólica, 2013) se ha encantado y ahí no hay tantas cosas políticas. Supuestamente. Porque lo político de verdad está en las cosas como son. No es falsificar un montón de obreros así… El compromiso es con el arte y con la justicia. Tú no puedes repetir el discurso del político en el arte. No le añade nada. Si yo digo lo que dijo Albizu pero a través de imágenes pues es ideología en imágenes, no es arte en el sentido más radical de la palabra. Una obra de teatro de Bretch, que era marxista, son unas obras de un poder de hacerte entender, crear conciencia. Cuestionarte las cosas, algo que no tendría una obra donde te dan todas las recetas porque no tiene las contradicciones como son de verdad. El arte presenta la contradicción, el conflicto. No lo va a resolver pero lo presenta”.

Esta conversación fue con motivo de la exposición mencionada y, casi simultáneamente, la publicación del Antidiario de prisión: el beso del pensamiento-también editado por Che Melendes- a mi juicio, uno de los libros más trascendentales de la literatura puertorriqueña del siglo XX y XXI.

Como espectadora de la obra de Elizam, siempre he entendido su beso del pensamiento, no solo como el ejercicio intelectual que es sino también como un desdoblamiento de toda la ternura, del amor, del tacto que está materialmente ausente durante su tiempo en prisión. Ante la ausencia cotidiana de lo afectivo, el pensamiento toma un lugar de lo emocional, un ámbito afectivo y carnal (carnal no de lo erótico, que también, pero aquí me refiero a la materialidad del cuerpo).

La prisión a su vez es siempre -o casi siempre- una especie de telón de fondo en la obra de Elizam, sea 1982 o 2006. Pero ese telón me parece es bastante grueso en la plástica mientras que, en la poética, parece muchísimo más fino. Apenas una membrana casi transparente allá en el horizonte del libro. En su poesía, la cárcel es a Elizam como la imposibilidad a los poetas: un propulsor para explorar todo lo oculto que tiene la existencia.

Con los sueños, insistentemente trasplantados a la poética y a la plástica, pasó lo mismo. No lo digo yo. Se lo dice él a Rosario Romero Escribano, crítica de arte y colega de Elizam en la Escuela de Artes Plásticas: “En tres de las prisiones, Elizam pasó encerrado en su celda 22 horas diarias durante tres años”, dice Rosario Romero Escribano, crítica de arte y colega de Elizam en la Escuela de Artes Plásticas. El pensamiento y el sueño pasaron a ser esenciales, llegando a alcanzar la categoría de entelequia, un nivel de presencia/ ausencia con el que el prisionero establecía un diálogo constante. Despertarse, volver a dormir, escribir, volver a dormir, soñar, dibujar, volver a soñar. El onirismo se hace patente en algunas de las pinturas de la muestra, especialmente en los autorretratos. Es en el sueño donde reside el sentido más auténtico del tiempo, cuando dejan de comunicarse el espacio exterior y el yo, cuando no hay medida objetiva y controlada a nivel racional. Es en el sueño donde aflora como única posibilidad la experiencia de las sensaciones, donde no se mide el tiempo, sino que se siente, donde lo pasado, presente y futuro se hacen indivisibles e inconmensurables”.

No soy una experta en nada, mucho menos en arte y no quiero pontificar ni decirles lo que tienen que hacer. Pero con cierto convencimiento digo que no se puede hablar de la obra plástica de Elizam Escobar sin referirnos a su obra poética y literaria, a su extraordinario Antidiario de prisión: el beso del pensamiento, a su Elizam Escobar: Obra Poética 1980-2016, a sus Ensayos del artificieroy otras publicaciones. Si usted piensa que conoce la obra plástica de Elizam Escobar pero no ha leído sus libros, se está perdiendo, al menos, la mitad de la historia. De nuevo, no lo digo por decirlo.

Algunos de ustedes recordarán una Muestra Nacional en la que todos esperábamos con bastante curiosidad conocer la obra que presentaría Elizam pues era de sus primeras muestras nacionales tras salir de la cárcel. Cuando llegamos, en medio de la algarabía que se forma en esos eventos, los vinos, los recorridos, las habladurías de medio mundo que se encuentra, Elizam nos sorprendió con aquella obra de gran formato que solo contenía una nube densa: Nube. Aquello no se sabía si era una tomadura de pelo, una travesura, una propuesta completamente seria y libre de ironía. Yo casi no me atrevía ni a preguntarle. Elizam llevaba relativamente poco tiempo (un par de años) fuera de la cárcel y su primera obra al menos con la resonancia pública que dan esas muestras nacionales era una nube gigante, una nube gris y espesa. Como son las nubes, pues. ¿Qué cosa tan distinta entre la cárcel y la libertad podía proponer aquella nube? ¿No ven los presos, al menos, eso, nubes? ¿O había en aquella nube una especie de equivalencia entre esta cárcel y aquella? ¿Era un regaño o una travesura? ¿Un comentario despectivo sobre esta parte del mundo donde sí se suponía que se encontrara la vida? ¿Qué era aquello?

Yo al menos no había unido los puntos en aquel momento. Pero en su Antología Poética comencé a hacerlo.

 Una nube

 Que no eres tú

cuando escribes que

no quieres ser tú

o te cansa todo o casi todo del ser

tú, que quisieras solo ser una nube

en tu cabeza de cielo y abismo

una nube perfecta que navega

y se para a pensar su ser algo

su pasear de océano en océano

de lluvia o en huracán del mar…

 

Pero las nubes no solo sufren de insomnio:

son el insomnio

son el pensar sin parar

una mano y una pluma que no paran

que no pueden parar

 

que vale ser una nube que no duerme

que se postra delante del océano

de los peces y los barcos que trabajan

 

de qué te vale que una nube te visite

y te habite como un caracol nocturno

noctámbulo, enrrollando y desenrollando.

Hoy celebro como muchas otras veces el tiempo de Elizam, el que vivimos con él en la fiesta de independencia que fueron estos más de 21 años intensos y fértiles. Veintiún años que sobrepasan los 19 de la prisión, y por eso hoy, en esta despedida, escribo Elizam con la i repetida de la palabra Victoria.

Puerto Rico será libre. Hasta siempre, amigo, compañero, maestro, pensador, creador, poeta, prisionero político puertorriqueño liberado para nuestro presente, para nuestro futuro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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