Las movilizaciones de julio: Un nuevo aspecto

 

Por Félix Córdova Iturregui/Especial para CLARIDAD

Las movilizaciones de este verano tuvieron un resultado único en nuestra historia: destituyeron un gobernador. La población indignada no quiso esperar hasta noviembre de 2020. Llevó a cabo un proceso de democracia directa que no le dejó espacio de salvación al gobernador. Las protestas fueron continuas, cada vez más extensas y heterogéneas. Una consigna con dos peticiones dominó el escenario: Ricky renuncia y llévate la Junta. La unidad de estas dos peticiones es necesaria para entender un aspecto clave de lo sucedido este verano.

Podemos decir, con seguridad, que la movilización del lunes 22 de julio ha sido la más grande en la historia de Puerto Rico. Pero ahí no se queda su carácter excepcional. Hay otro aspecto sorprendente. Antes de esa poderosa marcha, el 17 de julio, apenas cinco días antes, hubo otra monumental manifestación. Nunca antes en la historia de Puerto Rico, entre movilizaciones diarias sin pausa, se habían dado dos actividades de protesta realmente impresionantes. Si el miércoles 17 de julio, la población enjuició y decidió que el gobernador tenía que renunciar, el lunes 22 no quedó duda del final de Ricardo Rosselló. Si no se iba, el pueblo en movimiento obligaría a la legislatura a residenciarlo. La suerte estaba echada.

Para colocarnos en posición de entender la complejidad de la renuncia es necesario establecer los factores que motivaron la explosión social. Hemos destacado dos factores íntimamente relacionados que provocaron la indignación general: 1) los arrestos figuras claves del gobierno de Rosselló: Ángela Ávila Marrero, directora de ASES, y Julia Keleher, exsecretaria de Educación; ambas fueron detenidas en compañía de dos cabilderos y contratistas destacados: Alberto Velázquez Piñol y Fernando Scherrer, además de otras personas de menor categoría; 2) la publicación parcial del vergonzoso chat del gobernador con miembros de su gabinete y destacados cabilderos y contratistas. El chat salió a la luz parcialmente hasta que el Centro de Periodismo Investigativo publicó sus 889 páginas el sábado 13 de julio. Nadie quedó si recibir un insulto en las escandalosas hojas de este documento. En el afloró la podredumbre moral del gobierno: la homofobia, la misoginia, los insultos a la prensa, el menosprecio y la burla de sus propios compañeros de gobierno, de los adversarios políticos, y otros agravios.

No podemos olvidar que en Puerto Rico durante los últimos 29 años, entre 1990-2019, hemos visto múltiples movilizaciones de enorme magnitud. Las más grandes fueron provocadas por decisiones gubernamentales asociadas a la política neoliberal. Tres de estas monumentales protestas estuvieron vinculadas con paros nacionales en oposición a la venta de La Telefónica: el 28 de marzo de 1990, el 1 de octubre de 1997, y la huelga del pueblo a comienzos de julio de 1998. Otra de las grandes movilizaciones, considerada hasta ese momento la marcha más concurrida, fue para reclamar la salida de Vieques de la marina de guerra estadounidense a raíz de la muerte accidental de David Sanes por una bomba. Después de alrededor de 1600 desobedientes civiles que fueron encarcelados y de una protesta social en ascenso, la marina de guerra fue derrotada y tuvo que marcharse

Las restantes grandes movilizaciones se debieron también a políticas neoliberales. Las dos de mayor envergadura ocurrieron con el paro nacional del servicio público el 15 de octubre, en oposición a la Ley 7 de 2009, y el primero de mayo de 2017, convocado por la huelga estudiantil que se encontraba activa en ese momento. Nunca antes en nuestra historia un gobierno había arremetido con tanta furia contra el servicio público, ni se había dado una huelga estudiantil contra la agresión de dos autoridades: el gobierno y la dictadura de la Junta de Control Fiscal (JCF) impuesta por las autoridades federales.

El resultado de todo este complejo proceso de políticas de privatización, desregulaciones, reformas laborales y de creciente austeridad, fue la imposición de una política bipartidista que desplazó masivamente riqueza de los empobrecidos bolsillos laborales hacia bolsillos de un grupo empresarial insaciable de políticos empresarios y de empresarios políticos. La JCF llegó para exacerbar la política neoliberal de austeridad que tiene dos caras: el empobrecimiento del pueblo y la corrupción derivada de las privatizaciones con su plaga de cabilderos y contratistas. En este contexto fue que llegó el huracán María con su terrible azote. El gobierno y la JCF, lejos de atender la tragedia social, continuaron con sus planes de austeridad y de privatizaciones. La corrupción, además, permea ambos organismos.

El resultado fue cruel: miles de muertes por abandono y negligencia, cierre de más de 400 escuelas, ataque a la UPR y aumentos de matrícula nunca vistos e insensibles, reducciones a la salud, amenazas a las pensiones, eliminación del bono de navidad, la aglomeración de cadáveres en Ciencias Forenses, etc. ¿Quién no ha recibido un golpe en Puerto Rico que no pertenezca a la pequeña claque que se ha enriquecido con la política de austeridad? En nuestra discusión mañanera universitaria, en que me acompañan, Héctor Quintero, Federico Fernández, Francisco Moscoso e Iyari Ríos, hemos estado de acuerdo en que en este ataque universal, directo y despiadado a grandes sectores populares se encuentra una importante novedad de lo ocurrido el pasado julio.

En todas las movilizaciones anteriores había una focalización específica: oponerse a la privatización de la Telefónica, a la marina de guerra, a la Ley 7, al ataque a la Universidad pública, que incluía el interés de importantes sectores. La convocatoria para la mayoría se veía como algo externo. Pero el pasado julio, si bien lo empezaron movimientos de conciencia ya desarrollada, pronto fue desbordado por una marejada desconocida en las anteriores movilizaciones. Nadie puede adjudicarse una convocatoria que se caracterizó por una amplitud desconocida en nuestro país. Si alguna organización pretende hacerlo, sin ser absolutamente falsa su pretensión, se expone a la sonrisa benévola de las multitudes que participaron.

La cantidad de jóvenes, incluyendo niños y niñas de temprana edad, que se vieron en las manifestaciones fue sorprendente. Pero recordemos las imágenes dolorosas de niños y niñas llorando por el cierre de escuelas. Si allí se vieron mujeres airadas, recordemos las protestas intensas contra la intolerable cantidad de asesinatos causados por hombres relacionados con ellas. Si junto a los muy jóvenes vimos una gran cantidad de envejecientes, recordemos la amenaza a las pensiones. Así podemos seguir en una lista inacabable. Todos los golpeados y golpeadas, todos los agredidos y agredidas, tuvieron razón para autoconvocarse una vez el chat puso al descubierto la podredumbre moral del gobierno. Pero no se puede olvidar que el chat surgió después de los arrestos relacionados con salud y educación.

Mientras el gobierno y JCF amenazaban los planes de salud, mientras se cerraban escuelas y se atacaba a la UPR, la corrupción hacía fiesta con el dinero de esos dos servicios esenciales para el país. La lucha nacía de cada cual y la convocatoria ahora actuaba desde adentro. No fue posible detenerla y todos los agravios pusieron el ojo en la fuerzas concentradas que causaban las miserias: el gobernador y la Junta de Control Fiscal: Ricky renuncia y llévate la Junta. Ricky cayó y queda todavía pendiente la otra parte.