Las palabras y las almas

Foto: Ricardo Figueroa

Por Antonio Martorell
 

Las palabras y las almas, ¿o serán armas? Porque cuando mencionamos almas y en nuestro lenguaje coloquial pretendemos ser finos para elevarnos al nivel de lo que invocamos, las almas, decimos armas resonando, arrastrando esa sustituta de la blanda e insuficiente para designar tan noble sustantivo. Por el contrario, cuando decimos armas, la se suaviza, se disimula entre dientes y lengua el poderío mortal que supone la amenazante palabra y asoma, fresquecita, la palabra almas.

Y he aquí que una plática, denominada “chat” en las redes sociales, entre amigos del alma del gobernador colonial  de turno, se convierte inadvertidamente en un arma explosiva y hace estallar un desgobierno en cuerpo y alma. O debo decir cuerpos ya que son los cuerpos ejecutivos, legislativos y judiciales los que vuelan por el aire dejando al descubierto almas suplicantes de perdón postradas ante el todo poderoso imperio estadounidense que ya manifiesta desde Washington, D.C. su satisfacción al confirmar sus proféticos pronunciamientos de corrupción generalizada. El gobernador se inca de rodillas, se postra ante el Todopoderoso, pero las palabras no perdonan. El alma y el arma de las palabras, tan al servicio de quien para bien las convoca, saben reivindicarse cuando, traicionadas, reclaman lo suyo.

Se dice de las palabras, las pobres, que las hay buenas y malas. No hay tal cosa. Todas las palabras son nobles, obedecen ciegamente el mandato de quien las emite, reflejan un sentir, establecen un juicio. Pero un viejo refrán sentencia que “uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que dice”. Lo soez no lo es de por sí sino en su particular elocución, intención y destino. Y cuando lo soez acompaña la calumnia, el libelo y el prejuicio, el abuso del poder constitucional al servicio de la corrupción política y el dinero mal habido, el alma de las palabras se rebela y clama por justicia.

No es de extrañar entonces que todo un pueblo, y con él, cantantes que también se han servido de palabrotas, vengan al rescate de la dignidad nacional esgrimiendo el alma y el arma de las palabras. Ante el abuso del poder, frente a la violencia del estado colonial y sus voceros, de cara a la represión de la verdad esgrimida por ciudadanos y medios de comunicación en desafío al aprendiz de dictador de la Casa Blanca apertrechado en la mal llamada Fortaleza pretendiendo vestirse de palabras que transparentan su incapacidad y revelan su soberbia, las palabras asedian el Palacio de Santa Catalina, toman por asalto la Puerta de San Juan, descienden inmisericordes la Caleta de las Monjas y reclaman que se usen para decir de una vez por todas la verdad. Que el gobernador está desnudo y tembloroso, que ni el calor inclemente de julio le calienta el aterrido cuerpo vestido de mentiras, que ellas también lo abandonan. Y allí queda protegido por las armas de la policía, pero desalmado porque las palabras, ellas no perdonan.

La Playa de Ponce
17 de julio de 2019

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