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Las perplejidades de la protesta universitaria

 

No tengo que describir en detalle los motivos de la protesta universitaria, principalmente estudiantil. La Universidad está siendo objeto de un ataque vicioso, injustificado, con la participación y anuencia, solapada pero inconfundiblemente presente, de algunos partidos políticos.

 Podría hacer un análisis completo de la situación pero lo que urge, y lo que me motiva a escribir, es la respuesta estudiantil y profesoral en esta encrucijada. Me parece que quienes estamos comprometidos con la Institución y con el futuro del País, coincidimos en la justificación de la protesta: estamos de acuerdo respecto a los fines de ésta. pero existen discrepancias significativas respecto a los medios.

La paralización de las tareas universitarias como protesta tiene su lugar. Cuando se busca una modificación muy importante en la política o las prácticas institucionales, cuando la protesta tiene metas concretas y específicas, cuando existe la posibilidad de establecer una negociación con quienes pueden cambiar aquello sobre lo que se protesta; la huelga puede ser un instrumento utilísimo. Yo he respaldado huelgas y paros en muchísimas situaciones, en y fuera de la Universidad, cuando estas condiciones se han cumplido. En la situación presente esas condiciones no se dan.

Hay dos posibles entidades a quienes se puede dirigir la protesta: la Junta de Control Fiscal (JCF) y la Legislatura de Puerto Rico. La JCF es completamente insensible a planteamientos que no vengan del alto liderato del Partido Nuevo Progresista o de la Jueza Taylor Swain. La legislatura ha demostrado tener algún poder de regateo en algunas circunstancias y alguna sensibilidad por la situación de la UPR, aunque no la suficiente.

Paro universitario 2021. Fotos por Axel

La pregunta es: ¿A qué tipo de presión responde la legislatura? Hemos tratado marchas, piquetes y reuniones muy concurridas frente al Capitolio, y hemos tenido resultados mixtos y por debajo de nuestras aspiraciones.

Propongo que el estudiantado y el profesorado de la UPR se constituya en un grupo de presión respecto a la legislatura. Esto es algo plenamente legal y protegido constitucionalmente, contrario a las huelgas estudiantiles cuya legitimidad legal está sujeta a la interpretación de los jueces.

Funcionaría de la siguiente manera:

  • Se estudia el récord legislativo y se identifica entre los miembros de Cámara y Senado, a quienes han apoyado las causas universitarias y quienes no.
  • Se estudian las ejecutorias electorales de quienes no han apoyado a la Universidad. ¿Cuál es el distrito representativo o senatorial de cada cual? ¿Con qué margen ganaron sus escaños? ¿Contra quién? ¿Qué prometieron? ¿Han cumplido sus promesas de campaña? ¿Le han dado atención a los asuntos prioritarios de quienes les eligieron? ¿Cuál es la base social de su apoyo electoral: los pobres, la clase media…? ¿De qué manera es importante la Universidad para la movilidad social presente o futura de quienes votan por esos miembros de la legislatura?
  • Hay que organizar comités de defensa de la Universidad en cada uno de los distritos en que haya legisladores que sean vulnerables: especialmente quienes estén electoralmente “en la cuerda floja”. Hay que hacerles claro que conocemos sus debilidades y que estamos organizados y dispuestos para hacer campaña en su contra si no apoyan la Universidad.
  • Hay que expandir esa red a toda la Isla y convertir la Universidad en una fuerza política respetable.

Por décadas y décadas los políticos y los politiqueros han jugado con la Universidad como quien juega fútbol europeo: no la tocan con las manos pero le dan de patadas siempre que pueden. Por décadas y décadas los universitarios hemos pensado que la Universidad es una institución académica que no se debe politizar pero los únicos que no la politizamos somos nosotros y los perjudicados somos la Institución y nosotros. Lo realista, lo responsable, lo universitario, es acabar con esa situación de indefensión política.

No hablo desde la ingenuidad. Además de profesor universitario y muchas otras cosas, he sido organizador político en comunidades en Puerto Rico y en comunidades puertorriqueñas en Estados Unidos. Sé las complejidades y dificultades de lo que propongo. Pero lo que sugiero es mucho mejor que estar cerrando recintos y poniendo en riesgo la totalidad de las tareas universitarias sabiendo o sospechando que lo que hacemos nos va a dejar en el mismo sitio habiendo perdido semanas y semestres de clase.

 No puedo cerrar este breve escrito sin mencionar la situación de los profesores en todo esto.

Comienzo por mi propia posición para que se sepa por dónde vengo.

Yo soy un intelectual puertorriqueño. No vivo en “piloto automático”. No le cedo mi bien cultivada capacidad crítica, a nadie. ¡A mí nadie me pone en huelga! Yo no entro en huelga porque los estudiantes deciden ponerse en huelga. Especialmente si en el proceso de tomar esa decisión yo no soy consultado. Nadie decide por mí los riesgos que yo voy a asumir. Yo decido mis acciones políticas con mis valores, mis solidaridades y mis intereses. De esa manera he decidido darle apoyo como estudiante y como profesor, en la UPR y fuera de ella, a una gran multiplicidad de acciones obreras y huelgarias. ¡Pero lo he decidido yo!

En este caso específico apoyo las metas que se persiguen como fines laudables pero no la huelga como un medio. Me parece, en esta ocasión, un recurso contraproducente.

 Lo que haré será lo siguiente: Voy a asistir a todas mis clases en el horario establecido. No voy a exigir asistencia. Voy a grabar en videos y a hacer disponible a la totalidad de mis estudiantes todo nuevo material para ser discutido luego: una vez terminen las actividades de paros o huelgas. Voy a estar disponible para contestar preguntas sobre cualquier material cubierto pero no voy a introducir nuevo material excepto por videos disponibles a la totalidad. Como siempre, contestaré preguntas a través de “Classroom¨.

Lamento muchísimo que una manera equivocada de aplicar el concepto de “huelga” a situaciones como ésta dé margen para críticas injustificadas, injustas y abusivas a profesores que se encuentran en una situación laboral frágil. Para éstos, apoyar el movimiento con acciones que equivalen a violaciones de contrato, sería completamente insensato.

El problema con el concepto de “huelga” en este contexto es que se identifica la situación de los estudiantes con la situación de los obreros. Esto es equivocado. Los estudiantes, como tales, no trabajan para la Universidad. La Universidad no es su patrono y los profesores no somos capataces ni supervisores de lineas de producción. La Universidad no les extrae plusvalía. Los estudiantes no son explotados. Muchos profesores, lamentablemente en mayor número cada semestre, sí lo son.

Cuando se equipara a los estudiantes, como tales, con los obreros y se piensa en la Universidad como su área de trabajo se aplican, automáticamente, a la lucha estudiantil, estratégicas y tácticas que no siempre corresponden con la situación real. Esto tiene, entre otras muchas consecuencias nocivas, el de pretender imponerle a los estudiantes las directrices y la disciplina organizativa del grupo dirigente. La realidad es que la mayoría del estudiantado no se somete a esa disciplina.

Lo que para mi es motivo de estupefacción es que algunos “líderes” en el profesorado tengan la audacia de pretender que los profesores nos sometamos acríticamente a las decisiones de los directorios estudiantiles y las adoptemos como cuestión de disciplina. En la Universidad los trabajadores somos los profesores y el personal de apoyo. Los estudiantes son aprendices. El pueblo puertorriqueño prácticamente les regala la educación superior, aún considerando los aumentos muy injustos en los costos de matrícula.

Sé que mis ideas son controversiales. Siempre ha sido así. Sinceramente deseo que se comience a revisar las estrategias y tácticas que empleamos en la defensa de la Universidad y que repensemos el papel de cada grupo en la lucha por una educación genuinamente libre y puertorriqueña.

 

 

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