LIBROS: memoria e imaginación en 2019

Rafael Acevedo/En Rojo

 

No puedo hablarles de los mejores libros del 2019 porque no me los he leído todos. Sería injusto. Aún si reducimos el número de libros a los publicados en español en España sería imposible. Primero porque no soy español ni vivo en ese país. Y segundo porque según la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), el año pasado -2018- se publicaron 76.202 títulos nuevos y se vendieron 160 millones de ejemplares en papel (El País,16 de julio de 2019). Leo como respiro, pero no es para tanto.
En Latinoamérica hace un lustro se publicaban 197.578 títulos (Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CELARC)) . No sé cuantos títulos se publicaron en Puerto Rico durante 2019 pero me leí medio centenar. Sé que son muchos más pero los datos sobre esa “industria” en Puerto Rico son muy escasos. En resumen, es imposible que me haya leído todos los libros en español. Y si sumo los que se publican en inglés por autores puertorriqueños o latinoamericanos la cosa pasa de imposible a otra categoría.
Entonces, repito, no puedo escribir de los mejores libros del 2019 sino de aquellos que me han gustado. Quizás sería mejor hablar de la insistencia de algunos en publicar, escribir y leer. Quizás sea mejor escuchar a quienes han respirado palabras hasta alcanzar otro nivel. A mí por ejemplo me ha llamado la atención la ganadora del premio Nobel de literatura 2018, Olga Tokarczuk, que en su discurso de aceptación del premio nos habla sobre la industria del libro, su comercialización, su modo de presentarse como producto:

La comercialización general del mercado literario ha llevado a una división en ramas: ahora hay ferias y festivales de este o aquel tipo de literatura, completamente separados, creando una clientela de lectores ansiosos por esconderse en una novela criminal, alguna fantasía o ciencia ficción. Una característica notable de esta situación es que lo que se suponía que ayudaría a los libreros y bibliotecarios a organizar en sus estantes la gran cantidad de libros publicados y a los lectores a orientarse en la inmensidad de la oferta, se convirtió en la creación de categorías abstractas no solo en las obras existentes. Cada vez más el trabajo de los géneros literarios es como una especie de molde de pastel que produce resultados muy similares, su previsibilidad se considera una virtud, su banalidad es un logro. El lector sabe qué esperar y obtiene exactamente lo que quería.
Siempre me he opuesto intuitivamente a tales órdenes, ya que conducen a la limitación de la libertad de autor, a una reticencia hacia la experimentación y una transgresión que de hecho es la cualidad esencial de la creación en general. Y excluyen completamente del proceso creativo cualquier excentricidad sin la cual el arte se perdería. Un buen libro no necesita defender su afiliación genérica. La división en géneros es el resultado de la comercialización de la literatura en su conjunto y el efecto de tratarla como un producto a la venta con toda la filosofía de la marca y la focalización y otros inventos similares responde al capitalismo contemporáneo.

Y entonces uno queda pensando en si es posible poner en circulación los libros fuera del capitalismo contemporáneo. ¿Será posible establecer otros modos de intercambio? ¿Están nuestros países -o nuestros lectores- en condición de establecer otros modos de producción y venta de libros? Estás preguntas no las contesta la escritora polaca, por supuesto. En Puerto Rico se celebra hace unos años la Feria del Libro Independiente, a cargo de la poeta Nicole Delgado, y allí se establecen modos solidarios de intercambio y enlaces con otras artes. Es el espacio en el que se reúnen muchas de las editoriales independientes del país. Para mí, si hablo de libros del 2019, tengo que mencionar esa feria como el evento importante de la “industria”. Creo que ese evento es una de las cristalizaciones que han resultado de un intento a lo largo de varios lustros por darle forma a modos de presentar las ofertas de una fuerte producción independiente en la que están los textos más atrevidos, interesantes, experimentales del país.

Entonces, ¿hago una lista de libros o reseño eventos? No me decido. Hay escritoras que hacen libros a partir de eventos, de actos. Digamos, Tere Marichal. A mí me parece que el trabajo de Tere merece un premio. Todos los años. Esa labor de la escritora y militante de la cultura es constante desde hace décadas. Marichal escribe teatro desde los combativos años de la universidad de la que fue expulsada y en la que a veces se le prohibió la entrada. Hoy es más conocida por su trabajo con la narración oral orientada a niños y niñas. Su disciplina ha tenido como resultado la celebración y creación de un evento: el Día Nacional de la Narración Oral. Además ofrece talleres de teatro de papel (Kamishibai) a lo largo de toda la isla. Su libro Los derechos de las niñas y de los niños del mundo puede mencionarse como un ejemplo de una trabajo constante que sirve de modelo a creadores. La obra teatral de Tere es digna de un estudio atento pero si nos fijamos únicamente en su trabajo con literatura infantil ya tendremos una producción extraordinaria e importante.
Bueno, una lista. Debo mencionar La noticia paga. Cine, propaganda y política pública en Puerto Rico 1950-1970 de José Orlando Sued. Son casi 500 páginas de estudio y comentarios lúcidos sobre documentos sobre el modo en el que el gobierno de Puerto Rico construyo una narración cinematográfica, ideológica, de la modernidad. Lo logró a través del cine (Viguié) y la televisión. El autor escribe con gracia. Aquí no hay espacio para pesadas disertaciones sino para una lectura amena, esclarecedora, y en no pocas ocasiones, sorprendente. Un complemento perfecto para otros estudios sobre las instituciones gubernamentales que crearon los discursos culturales del estado moderno insular, como Negociaciones culturales; los intelectuales y el proyecto pedagógico del estado muñocista (2009), de Catherine Marsh.

La historia de los derrotados. Americanización y romanticismo en Puerto Rico, 1898-1917 de Rubén Nazario para Editorial Laberinto es otro de los libros que me han gustado. Aquí se colocan en contexto los procesos de definición de la identidad nacional a partir del 1898. Sin embargo, esos procesos se colocan en medio de interrogantes puesto que esas dos primeras décadas son miradas desde acá, desde el 2019, como eje de tensión como, por ejemplo, de un proyecto político moderno, práctico, a una autoritaria autenticidad patriótica con principios cuasi religiosos. Nazario no pretende contestar preguntas pero el libro -y nosotros los lectores- comenzamos a preguntarnos si, entre otras cosas, “la coartada colonial neutralizó las luchas contra la depredación del medioambiente, el consumismo y la pobreza; y la impotencia (confortable) de la víctima agotó el pensamiento crítico del país” (Nazario, 280). Este es un libro que nos obliga a realizar ejercicios de criterio. Eso se agradece.

Parecería que hay una predilección por los libros de ensayos históricos. Y si añado Antonia, tu nombre es una historia de Hiram Sánchez Martínez para Publicaciones Gaviota, la cosa es más evidente. Pero no es así. Lo que pasa es que este libro es una profunda, pormenorizada e inquisitiva investigación de un suceso que marcó una época: el asesinato a manos de la policía de la estudiante universitaria Antonia Martínez Lagares. Fotografías de la época y actuales ilustran el libro que por momentos cobra la fluidez de una narración detectivesca sin abandonar el análisis de documentos y testimonios. Sánchez se permite la voz protagónica, testimonial, pero a la misma vez muy objetiva.

Otro testimonio es el que nos regala Edgardo Rodríguez Julia en El béisbol romántico, publicado por Callejón. Son viñetas a partir de fotos de las leyendas de la pelota insular. Debo confesar, claro, que se trata de un libro que será una delicia para los amantes de ese deporte y, sobre todo, a los que tenemos un amor especial al torneo nacional. Pero eso no significa que carezcan las viñetas de giros literarios que serán placenteros a cualquier lector o lectora, como bien vimos los que participamos de su presentación en la Librería La Esquinita.

¿Más? Hacernos el adiós, de Yara Liceaga para el ICP. Yara ha publicado libros en editoriales independientes y artesanales. Realiza talleres y lecturas en Boston, Cambridge, aquí y donde la inviten. De modo que es parte de ese grupo de productoras de textos y eventos que llenan de sentido el oficio de poeta. Ahí está la etimología, poiesis, producir, hacer accesible, llevarla, hacer que otras y otros la hagan, la escuchen. Y, entonces, este libro de crónicas. Aquí el rigor metodológico de la testigo de la historia (Puerto Rico, diáspora, María) se vierte sobre el rigor de la poesía. Los textos construyen un Puerto Rico que comenzaría a ser el pasado, la poética de la playa, las ausencias -la hija mayor- , los regresos, el/los trabajo/s con una primera persona que nos narra con la belleza sin concesiones a que nos tiene malacostumbrados Yara Liceaga. Lo digo porque entonces a uno no le gustan otras poetas porque espera que escriban como ella. No es justo. Pero es justo decir que Hacernos el adiós merece la atención de la lectoría.

Otra crónica. Entre la bicha y la pared, de Rima Brusi para el ICP. De la clase de yoga a la sensorialidad del Bronx. De una propuesta filosófica personal de la distancia a la búsqueda de un lugar para Julia (de Burgos). Los recorridos de Rima Brusi son una delicia de leer. Columnista regular en Claridad y 80 grados, este libro es un compendio de ese trabajo en el que gana el periodismo cultural.

Y ¿qué decir de la Mesa editorial de Ale Medina, el bardo corozaleño cuyos libros remedan la laboriosidad de Qease como en un relevo? Es un buen poeta que ofrece, además, el libro como objeto, como arte. ¿Cómo olvidar las hermosas evocaciones de Barrio Obrero, Santurce, Trieste y Venecia, de El orfebre demente de Jaime Córdova? ¿Cómo podemos justipreciar cada año la producción de Yolanda Pizarro en talleres literarios en los que educa, construye, arma de letras y cuentos a decenas de mujeres? ¿Les digo que hay literatura puertorriqueña en Florida y que Anti-Material Sky, de Laura Acevedo es una excelente muestra? ¿Me creen si les digo que René Duchesne-Sotomayor en La última testigo, complementa excelentes narraciones con ilustraciones poderosas de su propia autoría? ¿Libros? ¿Libros en Puerto Rico? Si quieren saber cuántas editoriales independientes hay visiten su librería predilecta y hablen con Luis Negrón, Tito Rentas, Tamara Yantín. Visite La Esquinita en Santurce, Laberinto en San Juan, El Candil en Ponce. Busque en su pueblo. Si no hay una librería ocupe un espacio. Si no hay biblioteca exija un espacio. Pregunte por editorial Flamboyán, Alayubia. Pregunte por Cindy Jiménez y Aguadulce. Se asombrará de la cantidad y la calidad.
¿Ahora me permiten volver al discurso la ganadora del premio Nobel? Ese discurso es una de las mejores reflexiones sobre el mundo editorial que he leído recientemente. Además incluye otros modos de lectura. Y si vamos a modos de escritura y lectura pienso que quizás el texto que más se leyó o comentó en el país fue “El Chat”. El intercambio de un autor colectivo que suponía secreta su comunicación tuvo como resultado un cambio de gobernador (no de gobierno) y lo pensé cuando leí esto de la premio Nobel:

(…) Internet, completamente y de manera irreflexiva sujeta a los procesos del mercado y dedicada a los monopolistas, controla cantidades gigantescas de datos utilizados no de manera pansófica, para un acceso más amplio a la información, sino que, por el contrario, sirve sobre todo para programar el comportamiento de los usuarios, como aprendimos después del asunto Cambridge Analytica. En lugar de escuchar la armonía del mundo, hemos escuchado una cacofonía de sonidos, una estática insoportable en la que tratamos, desesperados, de escuchar una melodía más tranquila, incluso el ritmo más débil. La famosa cita de Shakespeare nunca ha ha sido más adecuada de lo que es para esta nueva realidad cacofónica: cada vez más, Internet es una historia, contada por un idiota, llena de ruido y furia.

No quiero ir más allá en esta reflexión sobre este texto (El Chat) que no es libro ni literatura. Pero no puedo obviar el dato. Quizás ningún otro “texto” fue más comentado, leído (aún fragmentariamente), ni causó más reacciones populares que esa puesta en escena de lo peor. A mí me llamó la atención porque el asunto pone en evidencia “lo siniestro”. Todos sabíamos que los administradores del país eran/son desagradables ejemplos del capitalismo del desastre con toda la misoginia posible. Pero al develarse esto como si fuera un secreto el efecto fue un levantamiento popular liberador. Se me dirá que, a fin de cuentas, apenas cinco meses después las aguas han vuelto a su nivel. Que los funcionarios actuales son iguales o peores. Tal vez. Pero el resto de nosotros no. En ese sentido, ese “texto” -que no es libro ni literatura- nos obliga a repensarnos y a pensar, además, en cómo se cuenta(n) la(s) historia(s) en internet.

¿Por qué insistimos tanto en los libros? ¿Por qué amenazamos con publicar otra reflexión antes del día de reyes? Porque creemos, como decía el maestro Jorge Luis Borges, que el libro es el instrumento más asombroso del que dispone la humanidad. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación”(El libro, Jorge Luis Borges). Mis deseos para todes: un 2020 combativo con centenares de libros y textos transformadores que nos permitan extender la memoria y la imaginación.