Lo quise mucho por bueno

Por Florencio Merced Rosa/Especial para CLARIDAD

 

Conocerlo era comenzar a quererlo. Lo conocí en el Aeropuerto Internacional JFK. “Mari Brás me ordenó que te viniera a buscar y te cuidara” -me dijo. Ese fue el primero de innumerables cuentos orales a través de medio siglo de entrañable compañerismo y amistad. Esa  misma tarde me invitó  al cine. Estaban dando La Gran Esperanza Blanca. Se presentó ante la joven boricua en la taquilla con su sonrisa habitual, pero también con su afro, su boina y su “pin” con la bandera de Puerto Rico. No quiso cobrarnos la joven boricua. Entramos gratis.  Se los dije: Conocerlo era comenzar a quererlo.

Tres hijos procrearon Doña Obdulia (Yuya) Pizarro y Don Juan Romero, a saber: Juan Manuel, Soledad y Osvaldo Romero Pizarro. Cuenta el más antiguo y cercano de sus amigos, Benjamín (Papo) Torres, que fue en la casa de Juan y Yuya donde por primera vez vio tantos libros juntos. Esa casa ubicaba en el barrio de la Central en el pueblo de Canóvanas.

Estoy escribiendo para CLARIDAD digital y advertido estoy de lo conveniente que resulta la brevedad. Y todavía no he dicho que nuestro Osvaldo murió en la mañana del domingo, 21 de junio. Tampoco he dicho que fue un hijo ejemplar, buen hermano, padre de dos mujeres extraordinarias: Mariela e Isa María. Abuelo amoroso, de  verdad amoroso. Se me acaba el espacio y no acabo de decir que nunca lo vi tan orgulloso como cuando mostraba la foto cartel del Cuerpo de las Enfermeras de la República del Partido Nacionalista de Don Pedro, y apuntando con el dedo preguntaba: “¿Reconoces a Yuya?”

Bueno, tampoco he dicho que fue militante, combatiente y dirigente del Movimiento Pro Independencia y del Partido Socialista Puertorriqueño.           Luchó en la diáspora y en el archipiélago. Fue organizador y dirigente sindical de honestidad a toda prueba. Gozó del aprecio y la confianza de Juan Mari Brás, Julio Vives Vázquez y Pedro Grant. Igualmente de sus hermanos de la Facción Viva del PSP, a la que perteneció hasta el día de su muerte. Fue querido y apreciado por sus compañeras de trabajos y de luchas.

A mitad de la década del 1970 se desató una lucha sin cuartel,  con motivo de la huelga en  Puerto Rican Cement en el Sur de la Isla.  Fue tan destacada, difícil y riesgosa la participación de Osvaldo en un momento dado que la máxima dirección del Partido decidió sacarlo del país. Como parte de su periplo, y estando de observador Osvaldo en un evento internacional que se llevaba a cabo en un salón del Hotel Habana Libre, se dirige hacia él Fidel y posándole  la mano sobre el hombro le dijo:  “ Me dicen que te están buscando en Puerto Rico, que tú haces por acá “?  No esperó respuesta. Él sabía.