Los modos de estar de Carlos Alberty

Rafah Acevedo / En Rojo

Cuando alguien muere hay una distancia que se cruza. Algo cesó en la costumbre de estar vivos. Ya no está Carlos Alberty llegando al trabajo, o en el encuentro fortuito en el pasillo del supermercado.  

Y sin embargo, ¿qué hay que saber? Esto se dice, la muerte, de muchas maneras. Ser real es ser mortal, dirá un filósofo. Esa distancia que ha recorrido Alberty es un modo de situarse en esa trama que es la naturaleza humana, la vida, en resumen. Entonces, hablemos de su vida.

Grupo Tablazos, de abajo hacia arriba: Carlos Alberty, Eugenio Monclova, René Monclova y Jaime Ramirez. Foto Ricardo Alcaraz

Carlos Alberty Fragoso hizo teatro de guerrillas desde muy joven. Era actor. Entonces uno piensa que ya era poeta. Tanto amaba la poesía que su tesis doctoral la escribió sobre Francisco Matos Paoli. Publicó dos libros de poesía, Meditaciones (1998) y Topografía (2015). Además es editor de Escritos de Boquio (2002) y del libro de ensayos, En busca de Francisco Matos Paoli, que escribió con motivo del centenario del poeta. 

Fue profesor del Departamento de Español de la Facultad de Estudios Generales desde 1989. Aunque lo conocía de nombre, como un poeta de Río Piedras, hijo del Boquio, teatrero de los ‘70, tuve el placer de compartir con él en el ámbito universitario a partir de la última década del siglo pasado.

Alberty asumió su labor profesoral con una seriedad y responsabilidad ejemplares. Y en el intercambio informal en los pasillos era un maestro de la improvisación, del humor cáustico, de calor humano.

El semanario Claridad, el suplemento cultural En Rojo, fue espacio en el que colaboró por décadas. Decenas de artículos, ensayos creativos, poemas, están aquí.

Quisiera de algún modo que conserváramos su vida a partir de su trabajo. Puesto que la vida es un acontecimiento del que participamos sin que nos preguntaran nuestra opinión, uno, qué remedio, hace algo para estar vivo. Alberty escribió, fue actor, determinó lo que quería ser.  Lo hizo con disciplina y con goce. Los que lo conocieron dan testimonio de su vitalidad, y de como en las letras multiplicaba su tiempo, se acomodaba en un espacio y cruzaba distancias. En cada artículo, en cada poema, lo vemos llegar. Cada vez.

Breve antología fragmentaria de topografías (invitación a leer)

Amigos muy queridos me advirtieron que no hablara de este asunto porque iba a quedar como una persona anticuada y no sé cuántas bellezas más. Los quiero mucho, gracias. Pero, tal vez, a cierta edad, uno empieza a no tener remedio. En fin, que a veces uno se suelta, dice lo que le hierve por dentro y exclama “que Dios o a quien corresponda reparta suerte”.

Procedo entonces a contar la pequeña historia. Mi amigo y vecino el poeta llegó a mi casa desarbolado con la barba de varios días, muy preocupado. Me dijo que lo habían “acusado” de nacionalista. Estaba dolido no por la palabra que aludía a la idea de nación, sino por su empleo como acusación, lo que implicaba un significado negativo. Recordé inmediatamente una época de mi vida en que ciertos interlocutores con intención de ofensa acusaban a uno de comunista. Recuerdo amigos que no entendían ya que para ellos la palabra comunista era un cumplido no un insulto pues representaba un alto grado de desarrollo del espíritu y del sentido de solidaridad. Pero en fin, sigo con el tema. Me puse a pensar y como médico o abogado que no recuerda bien lo que estudió busqué en los libros más cercanos. El primero fue el diccionario. Leí en voz alta a mi atribulado amigo: “Nacionalista: perteneciente o relativo al nacionalismo 2. Partidario del nacionalismo.” Aunque la definición decía poco, ayudaba. Busqué entonces “nacionalismo”. Otra vez leí en voz alta: “Sentimiento fervoroso de pertenencia a una nación y de identificación con su realidad y con su historia. 2. Ideología de un pueblo que, afirmando su naturaleza de nación, aspira a constituirse como Estado.” Esta volvía a decir poco pero decía más que la anterior. Y ya podíamos empezar a pensar, a inventar. (Sí, a inventar, porque sobre todo en este asunto no creo que debamos creer en ciertas “autoridades”. )

(El poeta y la nación)

Imagen de Carlos Alberty en su despedida. Foto: Vicente Vélez

Ahora lean los siguientes preceptos y comparen con la filosofía de vida cristiana. (Me refiero a lo “mejor” o más “progre” de ella.) En la versión original en la página del Templo aparecen en inglés, aquí se reproducen en traducción nuestra.

1. Uno debe actuar con compasión y empatía hacia todas las criaturas acorde con la razón.

2. La lucha por la justicia es una búsqueda continua y necesaria que debe prevalecer sobre las leyes e instituciones.

3. El cuerpo de uno es inviolable, sujeto solo a la propia voluntad.

4. La libertad de los otros debe ser respetada, incluyendo la libertad de ofender. Atentar voluntariosa e injustamente contra la libertad del otro es renunciar a la propia.

5. Las creencias deben conformarse al mejor entendimiento científico que uno tenga del mundo. Hay que cuidarse de nunca distorsionar los hechos científicos para acomodarlos a las propias creencias.

6. El ser humano es falible. Si uno comete un error, debe hacer el mejor esfuerzo por corregirlo y eliminar el daño que se haya podido causar.

7. Cada precepto es un principio guía diseñado o pensado para inspirar nobleza en la acción y en el pensamiento. El espíritu de compasión, sabiduría y justicia debe prevalecer siempre sobre la palabra escrita o hablada.

No se alarme si se siente atraído por tales principios. Simplemente, por si acaso, no le diga a nadie que usted se siente medio satánico. Sea solidario con el prójimo como si se tratara de usted mismo. Lo demás, que ha pesado sobre todos por mucho tiempo e innecesariamente, son las instituciones burocráticas condenadas al olvido. Quién sabe. Según van las cosas en nuestra isla, a lo mejor Satanás tenga que venir a ayudarnos. Dicen que la última deuda la paga el Diablo. No estaría mal siempre que fuera un tipo solidario y justo.

(Satanás el bueno)

Seguramente allá por la década del ochenta, los que vieron en Gorbachov la esperanza de revitalizar el socialismo, (ingenuidad o visión histórica de largo alcance) también debieron haber sentido una gran tristeza con el derrumbe del gran experimento bolchevique. (¿El que vive de ilusiones muere de desengaños?)

Ya nunca sabremos si el socialismo –en lo que fue la Unión Soviética– pudo haber encontrado sus mejores caminos de democracia, transparencia, prosperidad económica con apertura creativa a la economía capitalista, presidida por una ética de solidaridad. Lo que sí sabemos es que el hombre del mapa en la cabeza lo intentó y fracasó. Su “premio de consolación” fue un lugar en la historia. Pero es una pena eso de entrar en la historia sin haber podido cambiar su curso hacia el punto cardinal más deseado, su destino más noble.

Una vez, Werner Herzog, el director de cine, le dijo a Gorbachov que probablemente el primer alemán que conoció fue algún soldado que quiso matarlo. Se refería al tiempo de la guerra cuando los alemanes ocuparon la región natal de Mijaíl y donde viven los mejores recuerdos de su infancia, entre otras razones, porque era el querendón de sus abuelos. Este le contestó que no, que el primer alemán que conoció fue un señor muy simpático que vendía caramelos. Mijaíl mostró apertura de espíritu. Tal vez quiso que así fuera el socialismo.

Gorbachov, viudo desde 1999, cumplirá 88 años el 2 de marzo. Sobre “su” obra las opiniones están divididas: para unos fue un gran líder; para otros, un traidor. En las fotos parece triste. Hay quien hubiera preferido verlo en fotografías victoriosas en medio de una multitud que canta feliz ondeando banderas rojas. Cierto. Son escenas de película donde se luce la esperanza, imágenes que uno no se puede sacar de la cabeza, como el lunar de Mijaíl.

(El hombre del mapa en la cabeza)

Prometeo desafió el Olimpo y trajo el fuego a la Humanidad. Ese fuego es gesto libertario y solidario, símbolo de conocimiento. Por eso, Zeus, castigó a su portador poniéndole cadenas. ¿No es hora ya de que esa Humanidad libere a su benefactor y asuma ella la responsabilidad de su propio fuego, de su imaginación, de su ciencia y de su riqueza mediante el principio bien aplicado del bien común planetario (“de cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades”)? Sí. Deberá la Humanidad viajar a la Luna y a Marte pero no por necesidad sino por libertad, no como loca opción al exterminio de la especie, sino como cumplimiento de un anhelo del espíritu. Para ello, antes, la Humanidad deberá superar toda desigualdad e injusticia y alcanzar una vida plena aquí haciéndose dueña y señora de su planeta, de sus recursos y de sus propios sueños. Estos no deben estar usurpados por un puñado de chicos machos desorbitados, aspirantes a Zeus, representativos de la explotación y desigualdad planetarias. Deberá ser, pues, la Humanidad, a un tiempo, Endimión o enamorada Endimiona, prudente Ícaro o Ícara y desafiante Prometeo o Prometea. Disfrutando, así, de todo en toda la Tierra, la Humanidad entera podrá y deberá ser democráticamente lunática. 

Hemos aterrizado.

Sofía Irene Cardona se dirige a los amigos (as) y compañeros(as) que se reunieron a despedirse de Alberty. Foto Vicente Vélez

(Los superchicos del espacio)