Los partidos y grupos políticos después del verano puertorriqueño de 2019

 

Por Ángel Israel Rivera/Especial para CLARIDAD

“Los acontecimientos sobre el asunto del estatus político de Puerto Rico muestran un espectáculo desolador. Quienes estarían llamados a dirigir a sus propios seguidores —los “líderes” de los partidos— andan a la deriva, sin saber qué hacer, sin asumir derrotero. En torno al estatus político del país, ocurre ahora lo que pasó antes con Vieques. Por décadas, los supuestos “líderes” de ambos partidos del bipartidismo se mostraron indiferentes e insensibles a las violaciones de derechos humanos en Vieques perpetradas por la Marina de Estados Unidos. En ese asunto, el Pueblo se fue claramente delante de ellos. Fue la sociedad civil organizada, fuera de los partidos políticos, la que tomó la bandera de la defensa de los viequenses”.

La cita anterior es de uno de mis artículos de mayo de 2014 para el periódico de la nación puertorriqueña: CLARIDAD. Lo que escribí entonces sobre el estatus político y sobre Vieques vale también para describir lo ocurrido en el Verano Puertorriqueño de 2019. Y es que no sólo los partidos políticos tradicionales sino los demás grupos políticos también, quedaron sobrepasados por el Pueblo y por los líderes de las clases artísticas que se les unieron en las protestas masivas que provocaron la renuncia a disgusto del Gobernador Rosselló. Fue un zarpaso político claro, no con los votos en las urnas, sino con el voto de muchos ciudadanos en las actividades masivas de protesta, a falta de existir en Puerto Rico una ley o una norma constitucional clara de referendo revocatorio. Si nos hemos librado de un Gobernador corrupto, y además irrespetuoso de su propio Pueblo —dedicado más a sus asuntos personales y los de sus amigos que a las necesidades del Pueblo al punto de llegar a ser insensible ante las muchas muertes boricuas como resultado del paso del Huracán María combinado con la ineficiencia conjunta del Gobierno de Rosselló y de las autoridades federales a cargo de la emergencia— si nos libramos de él, y de sus compinches, no fue en modo alguno mediante acción política de los líderes de los partidos, ni siquiera de los aspirantes a partido, que se autoproclaman como “grupos alternativos”. Todos ellos brillaron por su ausencia de liderazgo ante la explosión directa del propio Pueblo y la unión de conocidos artistas boricuas a la lucha por la renuncia de Rosselló. Ninguno de los supuestos líderes de los “grupos alternativos” fue llamado por la masa del Pueblo a contribuir significativamente a las protestas. Eso demuestra elocuentemente lo que hay.

El partido que más mal librado ha salido es el PNP, por ser el partido de gobierno. Primero, el Gobernador expulsado de Fortaleza por la persistencia de las protestas del Pueblo, no sólo fue electo por el PNP sino que dicho partido y la Comisionada Residente que ahora se hace la santa lo apoyaron y celebraron sólidamente. ¿Qué fuerza moral tienen ahora para quejarse de quien ellos mismos encumbraron en el poder y en la corrupción? Segundo, lo más increíble —por descarado— es que haya líderes remanentes del PNP que se quejen de las muchas leyes que Rosselló aprobó a última hora, antes de ser efectiva su renuncia, cuando esas leyes las aprobó antes la legislatura PNP, incluso algunas, a contramarcha de las expresiones de muchos sectores del Pueblo afectados negativamente por ellas. Ello vale tanto para las leyes de supuesta transparencia que los periodistas reclaman hoy que les dificultan más el poder conseguir información del gobierno, hasta para las leyes que acaban de crear estructuras nuevas de gobierno en medio de nuestra crisis fiscal. Una bastante notable fue la creación de una oficina para reglamentar el café a la que se opusieron tajantemente los caficultores y la asociación de productores agropecuarios, pero que las Cámaras del PNP aprobaron por encima de la oposición de los concernidos. En otras palabras, el PNP se ha distinguido descaradamente por ser el partido engañoso por excelencia. El partido que dice que hace una cosa, pero aprueba otra opuesta. Habló de transparencia cuando lo que legisló es para dificultarla, dice que está comprometido con el desarrollo agropecuario del país, pero legisla en contrario, dice que lucha por la estadidad pero la embarra en Washington desde hace tiempo con su corrupción en torno a fondos federales. Recordemos a los funcionarios del PNP encontrados culpables en el pasado. No era sólo últimamente con Rosselló que el PNP alejaba la estadidad porque las autoridades estadounidenses resentían la incompetencia, el mal gobierno y la malversación de fondos federales, porque ello viene ocurriendo hace algún tiempo, tanto que muchos dudamos que sean verdaderos estadistas muchos de los insistentes votantes del PNP.

Tercero, para no dejar de hacer el ridículo, los líderes del PNP han pretendido que Wanda Vázquez nombre como Secretaria de Estado a Jenniffer González, para que Vázquez renuncie a la Gobernación y González sea finalmente la gobernadora. Con un lado de la boca apoyan la Constitución, pero con el otro lado quieren abiertamente violarla. Su gestión política es tan burda y marrullera, que mucha gente ha preferido tolerar a Wanda Vázquez en La Fortaleza antes de permitir que se complazcan los designios autoritarios de Tomás Rivera Schatz y Jenniffer González. ¿No decía Jenniffer González que ella estaba realizando una gestión tan exitosa en Washington? Pues quien va teniendo tantos supuestos éxitos para conseguir fondos federales y la estadidad, no debiera querer abandonar el cargo para el cual fue electa en 2016. ¡Mentirosa! Y es un secreto a voces que Tomás Rivera Schatz desea a Jenniffer en la Gobernación porque de esa manera él puede ejercer su autocracia legislativa desde el Senado más cómoda y fácilmente que ante Wanda Vázquez.

Por todos sus comportamientos corruptos, engañosos y hasta ridículos y anti-democráticos es el PNP obviamente el partido que peor ha salido, si en apoyos del Pueblo se trata, de nuestro acalorado verano de 2019. Además es un partido dividido entre sectores tanto de sus líderes como de sus seguidores. Y un partido dividido en su interior no tiene mucho que buscar en el Puerto Rico de hoy.

El Partido Popular no ha salido mucho mejor. Sus cuadros legislativos se han mostrado incompetentes, ineptos para hacer una oposición significativa al PNP, totalmente prescindibles en nuestro sistema político. ¿Cómo esperar que sectores amplios del Pueblo les “presten” el voto para Gobernar si ni siquiera pudieron hacer oposición efectiva a Rosselló y al PNP, a pesar de la combinación de ineptitud y corrupción que hasta Donald Trump denunció públicamente en sus tweets? ¿Cómo pueden pretender ser líderes de nada en Puerto Rico si ninguno de sus legisladores despuntó como líder ante las protestas del Pueblo? Una que otra excepción se pudo notar en alguno que otro de sus numerosos alcaldes, incluso algunos poco conocidos. La peor enfermedad del PPD es, sin embargo, estar en continua negación aunque sus propios amos les estrujan en la cara que Puerto Rico es un territorio colonial sujeto a los poderes plenarios del Congreso. Nadie que niegue la realidad colonial de Puerto Rico puede esperar contar con el apoyo de la juventud que se lanzó a la calle a protestar contra Rosselló, contra la Junta Fiscal y contra los abusos anti-democráticos del colonialismo estadounidense. El alto liderazgo del PPD ha abandonado demasiado los principios democráticos al aceptar el colonialismo autoritario y carecer de valentía para enfrentarlo, como para pretender que la juventud puertorriqueña lo apoye. Esa misma juventud, ha salido del padrón electoral o se abstuvo de votar en 2016 justamente por su disgusto y abandono total del bipartidismo PPD-PNP que ha conducido al país hasta el caos. Para más problemática, el PPD es también un partido dividido internamente, donde unos a otros se traicionan a menudo.

Así las cosas, con una abstención de 45% en 2016 a sus espaldas y la amenaza de que ésta suba por encima del 50%, los partidos tradicionales en Puerto Rico están en una crisis bastante grave. Incluso el PIP, que de vez en cuando hace una propuesta pública sensata como la de incluir en la Constitución una nueva cláusula que obligue a una elección especial cuando el Gobernador cese en sus funciones por renuncia, enfermedad, muerte o por ser expulsado por el Pueblo elector en un referendo revocatorio. Al PIP lo que le ocurre es que ya es demasiado tarde para plantearse como alternativa después de haber colaborado con el sistema existente, buscando beneficios para sus líderes, en lugar de trabajar para aumentar el apoyo a la independencia en Puerto Rico.

El gran problema político de nuestro país es, en estos momentos posteriores al Verano de Protestas que expulsó a Ricardo Rosselló de su cargo, que no se ha formado ningún liderazgo alternativo real hasta el momento para dar seguimiento a las consecuencias buscadas por el Pueblo al protestar contra Rosselló. Se logró su renuncia, sí, y la Gobernadora en funciones está en La Fortaleza porque el Tribunal Supremo interpretó correctamente nuestra Constitución, pero no existe todavía ningún liderazgo que organizadamente esté acompañando al Pueblo en su reflexión sobre lo acontecido. Ello es obviamente necesario para que se puedan lograr en un futuro previsible las características de nuevo país que debieran ser consecuencia del verano boricua de 2019. Esas características no sólo incluyen un País sin la corrupción burda del clan Rosselló, y un mucho mejor gobierno, sino un País que termine de una vez la impunidad a toda corrupción, que establezca sistemas inteligentes de leyes y normas constitucionales que impidan tanto la corrupción como el endeudamiento excesivo del gobierno por quienes ejercen las funciones gubernamentales, y que organice procesos para la superación efectiva de los abusos anti-democráticos y contra los derechos humanos que se producen en Puerto Rico a causa de un colonialismo autoritario agravado y también por el mantenimiento de la extrema desigualdad social que vive el País. Pues claro que tiene que haberse agravado la desigualdad con políticos que no hacen por el Pueblo, que se burlan de las miserias e ignorancias de los más pobres y que usan los recursos del gobierno interno puertorriqueño para enriquecer más a la elite que nos ha dominado mediante sus instrumentos políticos: el PPD y el PNP y su control sobre el presupuesto de Puerto Rico.

Es hora entonces de trabajar junto al Pueblo con estrategias para alcanzar realmente lo que se debe lograr luego de ocurrido el Verano Puertorriqueño de protestas persistentes y exitosas.

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