Los retos de la descolonización de Puerto Rico (parte 2 final)

Por Wilma E. Reverón Collazo/Especial para CLARIDAD

En la Primera Parte de éste artículo resumimos lo que los historiadores han identificado como las cuatro causas que posibilitaron el advenimiento a la independencia de los territorios bajo colonialismo europeo en los continentes africanos y asiáticos a partir de la I Guerra Mundial hasta la década de los años sesenta. Estas causas fueron: la II Guerra Mundial, los Movimientos anticoloniales, la Guerra Fría y la poca rentabilidad de las colonias.

Veamos entonces en que contexto internacional y nacional se ha estado librando la lucha por la independencia de Puerto Rico. 

A partir de la II Guerra Mundial, Estados Unidos emergió como la potencia militar y económica mas poderosa del mundo. Varios factores crearon las condiciones para ello. Ninguna de las dos grandes guerras, la I y la II, se libró en territorio de EE. UU. Por lo tanto, EE. UU., quien entró en ambas guerras tardíamente, no tuvo pérdidas en su infraestructura y sus pérdidas humanas fueron mínimas. Compare entre 17 hasta 37 millones de muertos de la URSS versus 174,000 de EE. UU.

Las guerras han sido siempre un gran negocio para la industria militar de EE. UU., generándole cuantiosísimas ganancias. En adición, tras la II Guerra, el gobierno de EE. UU. suplió entre $12-15 mil millones en ayuda financiera para la reconstrucción de Europa con el Plan Marshall y fueron las empresas de EE. UU. las que mayormente suplieron los materiales, profesionales y mano de obra, así como la marina mercante para transportarlos. 

Por lo tanto, el primer reto que enfrenta la lucha por la independencia de Puerto Rico es que contrario a la que enfrentaron las colonias de Asia y África en su momento en que los imperios que las ocupaban salían debilitados militar y económicamente de la dos grandes guerras, EE. UU. se convirtió entonces y sigue siendo hoy la potencia militar y económica mas poderosa del mundo. 

Los imperios no son eternos. Claudio Fabián Guevara nos dice en su artículo, ¿Qué quiere Putin? (TeleSur) citando al analista ruso Rostislav Ischenko, el origen de la matriz guerrerista de EE. UU. y el enfrentamiento con Rusia es la crisis del crecimiento ilimitado, la naturaleza finita del planeta Tierra y sus recursos. EE. UU. solo puede prolongar la agonía del sistema saqueando al resto del mundo y podría continuar mientras EE. UU. se mantenga como potencia indiscutible del mundo. La capacidad de EE. UU. disminuye y la de Rusia aumenta. EE. UU. sólo puede contar con la Unión Europea, Australia, Japón y Canadá como aliados.  Rusia ha logrado movilizar el apoyo de los Brics, América Latina y comienza a desplazar a EE. UU. en Asia y África del Norte. En las votaciones en la ONU, los países alineados con Rusia en conjunto controlan alrededor del 60% del PIB del mundo, tiene mas de 2/3 de su población y cubren más de 2/4 partes de su superficie. 

EE. UU. no es eterno ni invencible, en los pronósticos rusos mas optimistas, para el 2025 el periodo de la hegemonía estadounidense habrá terminado. Según Alexander Dugin: ¨Los éxitos de Rusia en la política internacional, el impresionante auge de la economía china, así como el acercamiento gradual entre Moscú y Pekín han hecho realidad el mundo multipolar. ¨ 

El segundo reto que enfrentamos es que ya son mínimos los Movimientos Anticoloniales en el mundo. En los 17 territorios que aparecen en la lista de Territorios No Autónomos de la ONU, solo el Sahara Occidental tiene un movimiento anticolonial con capacidad militar. Los demás territorios luchan por la descolonización con movimientos con pocos recursos, como el Frente para la Liberación Nacional Tanak en Nueva Caledonia. 

Los demás territorios tienen pequeños movimientos o grupos de personas que trabajan dentro de las instituciones del sistema. En los territorios estadounidenses de Guam y Samoa Americana, el propio Departamento de Interior de EE. UU. provee los fondos para la educación sobre opciones descolonizadoras. No hay interés estratégico de grandes potencias por apoderarse de los pequeños territorios que hoy permanecen bajo colonialismo en el Pacífico y el Caribe. No tenemos potencias imperiales disputándose control sobre nuestra lucha y financiando para llevarnos a su esfera de influencia. Estamos bajo la esfera de EE. UU. y eso nadie lo disputa.

El tercer reto es que aun cuando se anticipa que EE. UU. perderá hegemonía en los años por venir y el surgimiento de un mundo multipolar, la realidad hoy del 2020 es que vivimos en un mundo unipolar donde EE. UU. sigue siendo la potencia hegemónica. La ONU ha fracasado en su misión de parlamento del y para el mundo y EE. UU. sigue dominando la esfera internacional, imponiendo sus valores, i.e. su torcido concepto de democracia; su sistema económico capitalista; su teoría económica neoliberal y se comporta como matón de bario que a quien no se pliega a su poder es duramente perseguido, castigado, sancionado, bombardeado y asesinado. Esto ha hecho muy difícil consolidar una red de apoyo internacional de gobiernos dispuestos a apoyar nuestros reclamos de descolonización. Hemos visto como el número de posibles aliados en América Latina cambia de golpe de estado a golpe de estado y los que se mantienen viven bajo amenaza constante, como son los casos de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

El cuarto reto es que aún en quiebra somos una colonia rentable que produce ganancias para las empresas de EE. UU. Los economistas han estimado en unos $58 mil millones lo que producen las empresas de EE. UU. en Puerto Rico, de los cuales alrededor de $35 mil millones regresan a EE. UU. Este factor, desde mi opinión lega de alguien que no es economista, pienso que es el que más posibilidades de cambio rápido tiene, convirtiéndonos en una carga económica no rentable para EE. UU. Ciertamente EE. UU. está tratando de exprimir la última gota que pueda de nuestros menguados recursos económicos para beneficio de los inversionistas de Wall Street y los fondos buitres. Pero cuando se aprobó PROMESA y Obama nombró la Junta de Control Fiscal, no contaban con Irma, María los sismos y el Covid-19. No veo como puedan sacarnos lo que no tenemos ni tendremos en buen tiempo: dinero. 

El quinto reto es la incapacidad del pueblo de forjar un movimiento amplio que exija con fuerza nuestra descolonización final que culmine en la independencia. No hablo de problemas de unidad porque cuando existen las condiciones los pueblos tienen la capacidad de movilizarse en defensa propia. Lo vivimos ya en el verano del 2019. El problema es que el pueblo no ha asumido como propia la necesidad de la independencia como única forma de poder atender los problemas que nos aquejan desde la quiebra económica, los problemas sociales de criminalidad, la desigualdad y la marginalidad. El pueblo sigue mirando al norte como su salvación y para allá sigue escapando. 

Con estos cinco factores como retos a nuestra lucha por la independencia, invito al diálogo para entre todos pensar como los enfrentamos.