Los secretos teatrales del 2018: Mr Mr & Dr Dr y The Key Game

Antes de mudarme de Puerto Rico a Nueva York, cuando pensaba en el teatro de por acá, me venían a la mente los grandes espectáculos de Broadway y los espacios Off-Broadway de La MaMa y el Public Theater. Nunca me imaginé la diversidad de experiencias teatrales que experimentaría en esta ciudad. Manejo la lejanía de mi familia isleña, las rentas exorbitantes y las limitadas oportunidades de empleo en mi área precisamente por mi pasión por el teatro. Se padece y se sobrevive por esos momentos en los que descubro una pequeña obra que se les escapa a la mayoría y cuya vida tiene final. Esa es precisamente la condena y la belleza del teatro, su cualidad efímera. A pesar de su repetición, ya que usualmente se presentan varias funciones de una misma obra, la versión que veo hoy, ya es diferente mañana porque cada accidente en un espectáculo en vivo devela nuevos significados. El tropiezo inesperado de un actor en medio de la obra se debe tomar como un inesperado suceso en la vida que se reconstruye dentro del espacio escénico. Pero esa infinidad de posibilidades es de corta duración porque cuando una obra cierra, sólo quedan un espacio vacío poblado por fantasmas y la descripción de algún crítico del suceso ya desaparecido. Por esta razón, quisiera documentar dos obras que vi en el 2018 que merecen ser recordadas por sus maravillosos montajes. Estas son obras que se pierden a simple vista en el océano teatral de la ciudad. Parte de su disfrute también está en el hecho de que los que las vimos somos parte de un grupo escogido de testigos de un momento mágico en una esquina oscura de Nueva York. La primera, Mr Mr & Dr Dr, escrita por Ian Robles y dirigida por Janilka Romero, subió a escena el 18, 19 y 20 de octubre de 2018 en el teatro Pregones en el Bronx.

La obra se enfoca en dos personajes, Mr Mr y Dr Dr, actuados magistralmente por Christopher Cuevas y Luis Ponce. La acción comienza con ambos personajes tirando piedritas desde los lados del espacio escénico. Su mundo es uno repleto de basura. En el centro del escenario está el zafacón al que ellos apuntan desde fuera de escena con sus piedritas. Lo primero que oímos es el sonido de las piedras dando en el zafacón. Su espacio nos recuerda a la distopia de Esperando a Godot de Samuel Beckett, donde Vladimir y Estragon se acompañan durante la espera de una figura autoritaria que nunca llega. Inclusive el vestuario de Mr Mr y Dr Dr, que los hace ver como vagabundos, evoca las figuras de Vladimir y Estragon.

Igual que en la obra de Beckett, Mr Mr y Dr Dr se acompañan en un momento donde cada uno necesita del otro para poder sobrevivir. Ambos transitan a través de diferentes planos en busca de calor humano. En una escena, Dr Dr se transforma en un oso solitario que encuentra la compañía de un árbol muy sabio actuado por Mr Mr. En otro punto de la historia, ambos personajes atraviesan lo que Mr Mr identifica como “los caldos espesos del flancocho multiversal” para llegar a nuestra realidad traspasando así el espacio escénico. Su realidad contamina la nuestra tanto como la nuestra afecta la suya. Lo más doloroso es que entre todos los espectadores, Mr Mr y Dr Dr siguen encontrándose solos y desamparados. Ambos personajes se ofenden constantemente. Uno acusa al otro de mal aliento y el otro responde llamándolo gordo. Sus condiciones llevan a cada uno a descubrir que la única forma de sobrevivir es amándose. La desesperanza que permea la condición de los personajes de Esperando a Godot, se redefine por el futuro que se abre ante el amor de pareja entre Mr Mr y Dr Dr. La escritura de Ian Robles y la dirección de Janilka Romero confrontan a su público con la soledad y la desesperación del emigrante puertorriqueño en Nueva York demostrándonos que la única manera de sobrevivir es perdernos en el abrazo apretado del ser amado, independientemente de su mal aliento o de percibidas imperfecciones físicas.

La segunda obra, The Key Game, escrita por Patricia Cumper y que se presentó durante las últimas dos semanas de octubre en el New Perspectives Studio en Manhattan, nos transporta a un deteriorado hospital mental en Jamaica. Tres pacientes comparten el cuarto: el joven e impulsivo Dappo (Jonathan Swain); el intelectual y elegante Shakespeare (Marc Webster); y Gonzales (James Foster, Jr), el hombre mayor cuya mirada está siempre enfocada en el mundo que atisba a través de la ventana. Los tres están siendo cuidados por un enfermero, Norman (Leajato Amara Robinson). Los pacientes viven encerrados en su cuarto soñando con ser libres, pero conscientes que no están totalmente preparados para la realidad que los espera afuera.

Sin embargo, ellos participan de un extraño juego que Norman ha iniciado. Este los reta a que si ellos logran arrebatarle las llaves de la puerta que los mantiene prisioneros, ellos podrán abandonar el hospital mental. A pesar de sus miedos al mundo exterior, los tres pacientes tratan de tomar las llaves, pero Norman siempre logra esconderlas antes de que ellos las alcancen. Norman trata a los pacientes como un padre preocupado por su bienestar al mismo tiempo que los tienta con la libertad de abandonar el hospital.

La belleza de esta obra se concentra en la sutileza de las actuaciones. Los momentos pequeños que cada uno tiene (Gonzales mirando por la ventana con una nostalgia dolorosa, Shakespeare recordando a la mujer que ama y Dappo concentrado en sus sueños de juventud) es lo que hace la obra una digna de recordar. La directora, Merlina Rich, enfatiza esos momentos permitiendo que el espectador goce de cada persona que se siente paralizada por una realidad opresiva, pero que necesita la libertad. Al final descubrimos que el hospital será demolido. Norman libera a los tres hombres y él permanece en el cuarto mientras los tractores demuelen sus paredes. Gonzales, Shakespeare y Dappo enfrentan sus miedos escapando del hospital. Y es su enfermero el que necesita las paredes de esa prisión para escapar de la realidad que se derrumba a su alrededor.

The Key Game me recordó a esas obras que vi de estudiante en el Julia de Burgos de la Universidad de Puerto Rico durante la década de los 90. Entre todo lo que experimenté en ese espacio onírico, siempre recordaré la sencillez del montaje de La llamada de Lauren, donde su protagonista, actuado por Miguel Diffoot, desea transformarse por una noche en Lauren Bacall para que su esposa lo penetre en el rol de Humphrey Bogart. La belleza de esa obra se debió a la intensa y fantástica actuación de Diffoot, que logró expresar la ansiedad de un personaje que desea romper con las definiciones tradicionales de género para sentirse como la Bacall siendo amada por Bogart. Las delicadas emociones de los personajes de The Key Game y los absurdos de Mr Mr & Dr Dr fueron dos de las maravillas que encontré en el Nueva York que adoro, ese que me sorprende constantemente con sus secretos.