Los superchicos del Espacio

El espacio sideral obsede a ciertos hombres, la Luna y Marte les fascinan. 

Si creemos en la mitología griega, y si no creemos también, tal vez fue culpa de Endimión por enamorarse de Selene. (Aunque ella no se quedó atrás.) Desde el enamoramiento de aquel pastor, la Humanidad masculina ha estado fascinada con la Luna. Es cierto que el enamorado solo quería ver y recibir a su amada de vez en cuando, pero después de él algunos hombres han querido llegar hasta ella y hasta poseerla. El olímpico supermacho (o superchico) Zeus no ha desaparecido del todo de ciertas psiquis. 

(Aquí conviene recordar, por si acaso, el otro relato mitológico, el de Ícaro que imprudentemente voló tan alto que Helios, el Sol (hermano de Selene) precipitó su caída quemándole las alas.)

Sí. Deberá la Humanidad viajar a la Luna y a Marte pero no por necesidad sino por libertad, no como loca opción al exterminio de la especie, sino como cumplimiento de un anhelo del espíritu. Para ello, antes, la Humanidad deberá superar toda desigualdad e injusticia y alcanzar una vida plena aquí haciéndose dueña y señora de su planeta, de sus recursos y de sus propios sueños.

 Es claro que la Luna obsede a unos hombres más que a otros. Por lo mismo, no terminamos de acostumbrarnos a ciertos ejemplares que combinan con gran destreza sus fantasías con el arte de maximizar su caudal o la nutrición de su ego y de paso cultivar su imagen de visionarios. Son fundadores de grandes compañías, como patriarcas de tribus, y algunos hasta se creen salvadores. Demás está decirlo, figuran entre los especímenes más ricos del planeta.

Les presento, pues, a los cuatro superchicos del Espacio: Elon Musk, Yusaku Maezawa, Jeff Bezos y Richard Branson. (¿Cuatro, como los hermanos Marx?) 

Elon Musk (1971), que fundó Tesla Motors, también es el fundador de la compañía SpaceX. Le ha dado con salvar la Humanidad, o esa es la excusa. ¿Su propuesta? la emigración espacial. Ha dicho: “Tarde o temprano, tendremos que expandir la vida más allá de esta bola verde y azul –o extinguirnos”. Quiere establecer una colonia humana en Marte en 2040. Fue asesor de Trump, pero renunció cuando EEUU se retiró del Tratado de París sobre el cambio climático. Ha dicho que es socialista, suponemos que a su manera. De niño era algo reservado. Además de su interés mesiánico, también le interesa el negocio del Espacio. Su empresa realizará un viaje turístico alrededor de la Luna en 2023.

Yusaku Maezawa (1975) será el primer pasajero del viaje de SpaceX alrededor de la Luna. Maezawa es un empresario de la moda y coleccionista de arte que empezó a hacer fortuna vendiendo discos. De joven le gustaba jugar con la patineta. Hace poco compró un obra de Basquiat por más de 100 millones de dólares. El japonés, a su vez, invitará artistas para que lo acompañen en su travesía y creen arte en el que plasmen su experiencia sideral. Él asegura que serán “obras maestras”.

Lo podemos ver en internet con su proyecto “dearmoon” y sus palabras inspiradoras: “Escojo ir a la Luna, con artistas. ¿Qué verán? ¿Qué sentirán? ¿Y qué crearán?” Y añade preguntándose -retóricamente, supongo- “qué clase de pintura habría hecho Picasso si hubiera podido ver de cerca la Luna” o “qué clase de canciones hubiera compuesto John Lennon si hubiera visto la curvatura de la Tierra”. 

Simpáticas preguntas imposibles de contestar. Uno no sabe qué pensar. Afirma García Márquez que le bastó recordar cómo su abuela le contaba los relatos de aparecidos para encontrar el tono del narrador de Cien años de soledad.De Picasso sabemos que el encuentro con el arte africano le señaló un nuevo rumbo pues le enseñó a mirar de otro modo. (Tal vez África para el malagueño era otro planeta.) Vaya usted a saber. A lo mejor, después de darle la vuelta a la Luna, los compañeros de viaje de Yusaku se quedan en blanco sin que se les ocurra nada. 

Jeff Bezos (1964), fundador de Amazon y, según los expertos, el hombre más rico del mundo, también tiene su compañía de transporte aeroespacial, Blue Origin. También dice que quiere salvar la Humanidad. ¿Original, no? A los 18 años dijo que quería “construir hoteles espaciales, parques de diversiones y colonias para 2 o 3 millones de personas”. En la página de Blue Origin leemos su misión: “construir un camino al espacio para que nuestros hijos puedan construir el futuro”. Uno se pregunta, ¿los hijos de quiénes? Su visión, según lo cita Los Angeles Times en 2016 es de “millones de personas viviendo y trabajando en el espacio”. Una de sus citas célebres reza: “Es necesario anticipar un cierto grado de fracaso”, palabras con luz que en estas aventuras espaciales esperemos que no olvide. Tiene varios contratos con la NASA. 

El “viejito” testosterónico del grupo es Richard Branson (1950). Comenzó a amasar fortuna con la venta de discos piratas y fundó la compañía Virgin Records. (Otra vez los discos, el círculo que se repite.) Cultiva la imagen de deportista. Ha hecho cosas como cruzar el Canal de la Mancha en una nave anfibia con el único propósito de batir el récord e intentar infructuosamente darle la vuelta al mundo en un globo. Aunque parece un vaquero medio jipitón, (antes se hubiera dicho “groovy”), le gusta también la pompa: la reina de Inglaterra lo ordenó caballero, y él aceptó muy gustoso. Es dueño de Necker, una de las Islas Vírgenes, (dicen que para evadir impuestos) y posee negocios de bienes raíces en islas vecinas. Como ya debemos esperar, también tiene su compañía aeroespacial, Virgin Galactic, cuyo nombre, casi como un amuleto de buena suerte, recuerda el comienzo de la riqueza del fundador. La compañía también quiere realizar viajes turísticos al espacio. Por un viajecito de 90 minutos Virgin Galactic cobra 250,000 dólares. No está mal. Su autobiografíaa se titula: Losing My Virginity: How I’ve Survived, Had Fun and Made a Fortune Doing Business My Way. Se cree simpático.

Ahora, después de este corto viaje con los olímpicos chicos del espacio pongámonos algo graves para la reflexión y regresemos a Tierra con la mitología griega. 

Prometeo desafió el Olimpo y trajo el fuego a la Humanidad. Ese fuego es gesto libertario y solidario, símbolo de conocimiento. Por eso, Zeus, castigó a su portador poniéndole cadenas. ¿No es hora ya de que esa Humanidad libere a su benefactor y asuma ella la responsabilidad de su propio fuego, de su imaginación, de su ciencia y de su riqueza mediante el principio bien aplicado del bien común planetario (“de cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades”)? Sí. Deberá la Humanidad viajar a la Luna y a Marte pero no por necesidad sino por libertad, no como loca opción al exterminio de la especie, sino como cumplimiento de un anhelo del espíritu. Para ello, antes, la Humanidad deberá superar toda desigualdad e injusticia y alcanzar una vida plena aquí haciéndose dueña y señora de su planeta, de sus recursos y de sus propios sueños. Estos no deben estar usurpados por un puñado de chicos machos desorbitados, aspirantes a Zeus, representativos de la explotación y desigualdad planetarias. Deberá ser, pues, la Humanidad, a un tiempo, Endimión o enamorada Endimiona, prudente Ícaro o Ícara y desafiante Prometeo o Prometea. Disfrutando, así, de todo en toda la Tierra, la Humanidad entera podrá y deberá ser democráticamente lunática. 

Hemos aterrizado.