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Mari Brás y la unidad independentista

 

CLARIDAD

Diciembre comienza recordando a Juan Mari Brás, la figura más importante del patriotismo puertorriqueño durante la segunda mitad del siglo XX. Durante el siglo XIX, cuando Puerto Rico emergió con su nacionalidad definida, la figura de Ramón Emeterio Betances sobresalió por su visión y compromiso. En la primera mitad del siglo XX, cuando nos enfrentamos a un nuevo colonizador, sería Pedro Albizu Campos quien asumiría el liderato. Cuando Albizu murió en 1965 ya la figura de Mari Brás, como Secretario General del combativo Movimiento Pro Independencia, comenzaba a llenar parte del enorme espacio que dejó quien siempre consideró su Maestro.

Si tuviéramos que utilizar una sola palabra para resumir la vida política de Mari Brás sería constancia, que el diccionario describe como “voluntad inquebrantable y continuada en la determinación de hacer una cosa y en el modo de realizarla”. En su caso, esa voluntad y determinación siempre tuvo por norte la lucha de independencia. Esta cita, tomada de Patria y Universo, el libro que publicó en 1993 resume muy bien lo que decimos: “Por eso, no puede haber agenda más privilegiada en las prioridades del Puerto Rico de hoy que la que conduzca a la conquista de la independencia nacional. Todo lo demás es secundario, terciario o sucesivo a esa primera prioridad. Quienes no lo vean así están equivocados. Y es menester sacarlos de esa equivocación.” Cuando escribió estas palabras nos acercábamos al umbral de un nuevo siglo y Juan, que ya se consideraba viejo, quería advertirnos que no podíamos salirnos de la ruta trazada.

La historia de la lucha durante esa segunda mitad del siglo XX está escribiéndose. Ya circulan varios libros y otros están por publicarse, incluyendo uno de mi autoría. Algunos de los ya publicados ponen énfasis en la fragmentación organizativa del independentismo boricua durante el periodo. Sin embargo, quienes estuvimos cerca de Marí Brás compartiendo tareas de dirección política, podemos afirmar sin asomo de duda que para él no hubo objetivo más preciado, y más deseado, que la unidad de los luchadores de la independencia.

La Declaración General aprobada en la asamblea donde se fundó el Partido Socialista Puertorriqueño (PSP) en noviembre de 1971, hace exactamente medio siglo, estableció bien claro el objetivo que guiaría el nuevo partido: “Por eso sostenemos que las condiciones están maduras para fortalecer e institucionalizar la unidad en la acción mediante la creación de un frente unido. El frente unido debe incluir, no sólo al Partido Socialista y al Partido Independentista, sino a la gran cantidad de independentistas no afiliados que hay en el país y a los viejos grupos unitarios y organizaciones políticas menores existentes.

El PSP que salió de esa asamblea, con Mari Brás como su secretario general, dirigió esfuerzos sinceros a tratar de lograr ese frente unitario con el PIP, de cara a las elecciones de 1972. Experiencias previas –la campaña unitaria contra el plebiscito de 1967, la celebración unida del Grito de Lares en 1968 y 1970, y la gran marcha contra la visita de los gobernadores de Estados Unidos el 19 septiembre de 1971 –junto al movimiento del PIP hacia la social democracia a partir de 1968, avivaron las esperanzas de que era posible lograr en Puerto Rico una estructura unitaria similar a la que había permitido el triunfo de la izquierda en Chile en 1970.

Luego de la gran marcha del ’71, que movilizó una gran multitud en ocasión de la celebración de una conferencia de gobernadores de Estados Unidos, Mari Brás había manifestado su entusiasmo en CLARIDAD: “Se acabó la charanga del voto presidencial, la estadidad y la asociación permanente. Basta que el independentismo junte sus fuerzas para detener todo intento de seguir remachando el coloniaje. Profundice esa unidad el independentismo y jalonará un paso más decisivo aún: forzar la independencia de Puerto Rico.”. A renglón seguido, añadía un argumento repetido en múltiples ocasiones en sus escritos y discursos: que la unidad con el PIP tendría un “efecto multiplicador”. “Y quedó claro” decía, “que cuando estas dos organizaciones articulan sus fuerzas se reproducen muy por encima que la suma de sus capacidades.” Más adelante ampliaba este concepto: “Si usted llama a una marcha del PIP, usted puede conseguir 10 mil personas. Si usted llama a una marcha del MPI, usted puede conseguir 10 mil personas. Pero si usted llama a una marcha conjunta, no solo son 20 mil los que van, van cien mil. Y ese es el efecto multiplicador de la unidad…”

El 27 de febrero de 1972, a ocho meses de las elecciones de ese año, Mari Brás insistía en su llamado al PIP: “Los dos partidos tenemos la obligación de velar porque una contradicción táctica no se convierta en una barrera que imposibilite la unidad estratégica indispensable para la conquista de la independencia.” Luego añadía: “Nuestros dos partidos están destinados por imperativo de sus objetivos patrióticos a formar una unidad en la acción que cada vez sea mayor.”

Esa “unidad estratégica”, necesaria para que el independentismo pueda alcanzar sus objetivos, no se logró en 1972. Luego, tras el proceso que se dio dentro del PIP en 1973, cuando el sector más radical abandonó la colectividad, se volvió un poco más remota. Mari Brás, sin embargo, siguió insistiendo en ella hasta que la muerte lo alcanzó en 2010. El PSP siempre la mantuvo como objetivo básico de su estrategia y las organizaciones que Juan fundó en la última década del siglo –Causa Común Independentista y Congreso Nacional Hostosiano- aspiraron a servir de instrumento a la siempre buscada y elusiva unidad del patriotismo.

 

 

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