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Por Manuel de J. González /CLARIDAD

Hay muchas historias sobre María Antonieta – la princesa austriaca convertida en reina consorte de Francia – que no son ciertas, como sucede con todos los personajes históricos convertidos en leyendas. Se le adjudican frases que tal vez nunca pronunció y actos que no realizó, pero sí sabemos con certeza que, con razón o sin ella, pasó a la historia como símbolo de la aguda insensibilidad de la monarquía y la nobleza francesa frente a los dolores del pueblo. También de su decadencia. Tras más de dos siglos de su muerte sigue personificando la frivolidad y también la maldad de todo régimen monárquico. 

La imagen de aquella María Antonieta frívola –que según la leyenda se extrañaba cuando los pobres parisinos marchaban reclamando pan– apareció en mi mente cuando escuché a la gobernadora Wanda Vázquez decirle a un periodista estadounidense que los miles de boricuas que malviven en refugios tras el terremoto estaban “contentos”. “Tienen sus alimentos, sus medicamentos, su atención médica, se sienten contentos donde están, los tratan con cariño, están cerca de sus familiares”, añadió Vázquez. 

A diferencia de María Antonieta, que vivía aislada en los lujos del palacio de Versalles sin aventurarse a pisar las calles parisinas, en la misma entrevista Vázquez dice que viaja al sur “casi todas las semanas” y, de hecho, cada vez que va se retrata con algún refugiado o la vemos sobando una columna agrietada por el terremoto. Sólo alguien totalmente enajenado de la realidad, como María Antonieta, es capaz de percibir contentura en quien tiene por hogar una abarrotada caseta de campaña. 

Mientras la gobernadora hablaba de lo bien que la pasan las víctimas del temblor, abogadas de la organización Ayuda Legal Puerto Rico, una entidad sin fines de lucro que de verdad se involucra con los perjudicados, visitaban a los refugiados de Yauco quienes, como casi todos los de la región, estaban en ese momento enfrentando las consecuencias de una inundación tras las lluvias de la noche anterior. Luego de la visita, esta fue la descripción que ofreció la licenciada Ariadna Godreau: “El espacio del refugio estaba lleno de fango, a los catres de los niños les subían hormigas bravas y las personas encamadas estaban bajo condiciones no dignas… Los del Departamento de Familia alegaban que el espacio exterior era peligroso y no así el espacio donde están las niñas y niños en condiciones precarias.”

También mientras la gobernadora decía que los refugiados “sienten que los tratan con cariño” la reportera Tatiana Ortiz de Telemundo entrevistaba a refugiados en Ponce, cuyo campamente en un estadio de béisbol también se hundía en el fango. “Esto de verdad es horrible, porque hemos sufrido mucho. Nos están tratando como si fuéramos objeto para ganar votos en la política”, decía una niña de 13 años identificada como Joelys. 

Además de las evidentes similitudes, entre la María Antonieta austriaco -francesa y la gobernadora isleña hay una diferencia importante. La primera, aislada en su frivolidad palaciega, no veía el estado calamitoso de los arrabales de París y por eso le sorprendía que sus moradores marcharan por las calles reclamando pan. La boricua, sin embargo, tiene ante sus ojos lo que se vive en el sur de Puerto Rico desde que en la madrugada del 7 de enero la tierra se sacudió. Lo mismo que vieron las abogadas de Ayuda Legal PR y lo que reportan periodistas como Tatiana Ortiz, lo ha visto Wanda Vázquez, pero esta opta por intentar falsear la realidad. La suya, por tanto, es una insensibilidad perversa, producto de un afán desesperado por intentar salvar una carrera política que se ha tornado natimuerta. 

Ese afán desesperado por salvar su candidatura a la gobernación la lleva a niveles de torpeza que asombran. Aprovechando la debacle del terremoto quiso purgar su gobierno de aquellos que no le profesaban fidelidad y no estaban dispuestos a utilizar sus cargos para apuntalar su campaña de cara a las primarias dentro del PNP. Para intentar justificar la purga recurrió a una cadena de mentiras que poco a poco se han ido develando porque cuando los embustes se concatenan siempre terminan enredando al mentiroso. Ya sabemos, porque hay documentos que lo confirman, que el despido de Glorimar Andújar, secretaria de Familia, estuvo directamente relacionado con los esfuerzos de Vázquez para utilizar las ayudas urgentes que necesitan los refugiados para intentar beneficiar a los políticos que la apoyan. 

Gracias a la María Antonieta boricua nuestro país vive ahora un episodio muy similar al del pasado verano y el gobierno, operando dentro de la pequeñez que permite el colonialismo, vuelve a provocar vergüenza dentro y fuera de Puerto Rico. Como figura política Wanda Vázquez ya es cadáver, pero en los meses que le quedan puede hacer mucho daño. Obviamente estamos ante una persona con pocas luces que no tiene reparo en utilizar cualquier resquicio de poder en aventuras de venganza. 

Como ocurrió después del huracán María y como volvió a quedar demostrado en los primeros días luego del terremoto, Puerto Rico depende de sí mismo. No hay ni habrá una respuesta organizada – coherente y efectiva – capaz de enfrentar con solvencia los efectos de los sismos de parte de los dos gobiernos (el real y el aparente) que tenemos. Sólo la movilización del pueblo, tanto para organizar la ayuda como para denunciar la desidia, puede aliviar las condiciones deplorables que siguen enfrentando las personas a las que el terremoto les transformó la vida. 

La María Antonieta original, como sabemos, terminó guillotinada en 1793. La de aquí no llegará a tanto. Tampoco creo que renuncie al cargo que le cayó en la falda, como quisiera la mayoría del pueblo. Seguirá siendo gobernadora hasta diciembre degustando los lujos de su pequeño palacio, mientras el país sigue temblando. 

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